Historia: Los misterios de la torre de cráneos azteca que aterrorizó a los conquistadores. Noticias de Alma, Corazón, Vida
LOS SECRETOS DEL HUEY TZOMPANTLI

Los misterios de la torre de cráneos azteca que aterrorizó a los conquistadores

Después de dos años de excavaciones, arqueólogos mexicanos han dado con restos humanos que desvelan que la función de estos sacrificios puede no ser la que se pensaba

Foto: Algunas de las calaveras que, a cientos, conforman el edificio circular. (Reuters/Henry Romero)
Algunas de las calaveras que, a cientos, conforman el edificio circular. (Reuters/Henry Romero)

“Fuera del templo, y enfrente de la puerta principal, aunque a más de un tiro de piedra, estaba un osario de cabezas de hombres presos en guerra y sacrificados a cuchillo, el cual era a manera de teatro más largo que ancho, de cal y canto con sus gradas, en que estaban ingeridas entre piedra y piedra calaveras con los dientes hacia fuera”. Esta es la descripción que de uno de los grandes misterios de Tenochtitlán, estas “dos torres hechas de cal y cabezas con los dientes fuera”, ofrece el cronista Francisco López de Gómara en 'Historia de las conquistas de Hernán Cortés'. No porque lo viese con sus propios ojos; su fuente fueron los testimonios de Andrés de Tapia y Gonzalo de Umbría, quienes acompañaron al conquistador en su campaña de 1521 cuando entró en la gran ciudad azteca.

Han tenido que pasar casi 500 años para que un grupo de investigadores por fin haya dado con lo que puede ser el gigantesco osario del que López de Gómara hablaba en su libro. Durante todo este tiempo muchas teorías defendieron que se trataba únicamente de las cabezas de los guerreros enemigos de los aztecas, colocadas a la vista de todos para amedrentar a los invasores y enemigos. Los nuevos hallazgos, como ha informado 'Reuters', matizan dicha teoría, ya que entre los 676 cráneos recién encontrados (un número que probablemente aumentará en el futuro) hay también restos de niños y mujeres.

Los cráneos conforman una estructura circular de seis metros de diámetro cuya base aún no se ha encontrado; puede haber miles más

“Esperábamos que hubiese solo hombres, obviamente jóvenes, al ser guerreros, pero también hay mujeres y niños que no iban a la guerra”, ha explicado el biólogo antropólogo Rodrigo Bolaños. “Esto es algo realmente nuevo”. Las calaveras, entre las que probablemente figuraban también las de conquistadores asesinados o perdedores del juego de pelota han sido halladas cerca del Templo Mayor, uno de los más grandes de Tenochtitlán, donde ahora se localiza Ciudad de México. El visitante curioso puede encontrar el yacimiento en el número 24 de la calle República de Guatemala.

La antropóloga Íngrid Trejo en el yacimiento de Templo Mayor (Tenochtitlán). (Reuters/Henry Romero)
La antropóloga Íngrid Trejo en el yacimiento de Templo Mayor (Tenochtitlán). (Reuters/Henry Romero)

Los sacrificios humanos en las culturas precolombinas están bien documentados, aunque su funcionalidad no ha terminado de quedar clara en muchos casos, especialmente debido a que los códices donde se relata su existencia fueron escritos por conversos. Es probable, a la luz de los presentes hallazgos, que los cráneos no perteneciesen tan solo a enemigos de los aztecas y, por lo tanto, no tuviesen una función aleccionadora, sino religiosa o ritual. Estos conforman una estructura circular de seis metros de diámetro cuya base aún no se ha encontrado, a pesar de que las excavaciones comenzaron hace ya dos años.

Un templo formado por huesos

Los investigadores mexicanos coinciden en que muy probablemente se trata del conocido como Huey Tzompantli (o Gran Tzompantli), una macroestructura de alrededor de 60 metros de diámetro que se encontraba en una de las esquinas de la capilla de Huitzilopochtli, el dios azteca del sol, la guerra y los sacrificios humanos. Según el testimonio de Andrés de Tapia, la estructura estaba compuesta por decenas de miles de cráneos; los datos, no obstante, oscilan entre los 30.000 y los 136.000.

Se trata, en opinión de uno de los arqueólogos, “de un culto a la vida, no un rito de muerte”

El tzompantli era un altar propio de las culturas mesoamericanas donde se clavaban las cabezas recién cortadas de los sacrificados, que configuraban una especie de empalizada. Su nombre proviene de unir la palabra “tzontli” (“cabeza”) y “panli”(“fila”). Se han encontrado ejemplos de esta clase de construcción en Chichén Itzá (1951) o Tula (1970). El más grande y famoso de todos ellos es, no obstante, el de Tenochtitlan. En agosto de 2015 el Instituto Nacional de Antropología e Historia dio a conocer el hallazgo de 35 cráneos humanos, una cifra que se ha multiplicado durante los últimos años. Se considera que son los mismos que los que aparecen en hasta siete testimonios diferentes de la época, entre los que también se encontraban los de Bernal Díaz del Castillo, el jesuita José de Acosta o el propio Hernán Cortés.

Lo más probable, dados los últimos hallazgos, es que los cráneos tuviesen una función religiosa, relacionada con el proceso de la vida y la muerte. Como explica Raúl Barrera Rodríguez, arqueólogo de dicho instituto en 'El Economista', “es el elemento que reivindica la identidad guerra del pueblo mexica y su centro de poder político, religioso y económico, y su descubrimiento puede considerarse como uno de los más importantes que han ocurrido en el Templo Mayor”. Se trata, por lo tanto, “de un culto a la vida, no un rito de muerte”. El hecho de que los cráneos expuestos se colocasen mirando hacia el templo de Huitzilopochtli probablemente significaba que se trataba de una ofrenda al Sol.

Abel Guzman, Rodrigo Bolaños and Miriam Castaneda en el laboratorio. (Reuters/Henry Romero)
Abel Guzman, Rodrigo Bolaños and Miriam Castaneda en el laboratorio. (Reuters/Henry Romero)

Los arqueólogos encontraron hace años una plataforma rectangular probablemente construida entre 1486 y 1502, en la sexta etapa del Templo de Mayor, son sillares de tezontle y recubrimiento de estuco. Sobre esta, había incrustaciones de postes de 20 o 30 centímetros de diámetro a una distancia de 60 centímetros, y al lado, una estructura de tres hileras de cráneos unidos con argamasa y gravilla. Según el primer análisis de antropología física de los primeros 35 restos, la mayoría de los cuales pertenecían a adultos de entre 20 y 35 años, mujeres de menos de 35 años y seis niños (quizá ixiptlas, cuidados de forma especial al ser considerados de origen divino). La mayoría probablemente se trataba de “cautivos de los pueblos sometidos por Tenochtitlán”, según Barrera.

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