LA GRAN MANZANA

Cómo Manhattan se convirtió en una ciudad fantasma de ricos

Nueva York, Madrid o París. Las previsiones económicas para el pequeño comercio son desalentadoras. ¿Sus enemigos? La gentrificación, las compras online y las multinacionales

Foto: Ellos dos adoraban que les vieran enamorados en una ciudad así. (Fotograma de 'Manhattan', de Woody Allen)
Ellos dos adoraban que les vieran enamorados en una ciudad así. (Fotograma de 'Manhattan', de Woody Allen)

"Él adoraba la ciudad de Nueva York. La idolatraba fuera de toda proporción. No, digamos que la romantizaba fuera de toda proporción. Mejor. Para él, sin importar qué estación era, esta aún era una ciudad que existía en blanco y negro, y que latía al son de las melodías de George Gershwin". Si hay una película que captura a la perfección el imborrable mito urbano de Nueva York esa es 'Manhattan', de Woody Allen. Su plano con Diane Keaton sentados en un banco frente al puente de Brooklyn pertenece a una larga lista de productos culturales por los que nos enamoramos al instante de ella, la que quizás sea la mejor postal del mundo occidental. El gran eje comercial del mundo. La ciudad de ciudades. La Babilonia de nuestra época. Nueva York era, es y será la ciudad de ensueño a la que tarde o temprano todas las grandes urbes han querido parecerse.

Y así lo sigue siendo, solo que tal vez desde este otro lado del Atlántico tengamos una percepción errónea de en lo que se ha terminado convirtiendo. Es la misma historia que se repite en nuestras grandes capitales, ya sea Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o Bilbao: la gentrificación, la masificación del turismo, la irrupción del mercado digital y el imperio de las multinacionales, entre otros muchos factores, están acabando con las oportunidades y esperanzas de la clase media trabajadora y los pequeños empresarios que llevan residiendo toda la vida en ellas.

Una vez entras en sus calles adyacentes, donde antes había cines, teatros, zapaterías o boutiques, ya solo quedan locales vacíos y tragaperras

“En estos días, caminar por algunas partes de Manhattan es como ocupar dos espacios al mismo tiempo. En un universo teórico, te encuentras en la capital de los negocios, del comercio y de la cultura nacional. En el práctico, las tiendas están cerradas, las luces apagadas y hay carteles de alquiler en las ventanas”. Es la voz de alarma del periodista Derek Thompson. En un reciente artículo publicado en la revista 'CityLab', denuncia el cierre del comercio minorista en las históricas avenidas de Manhattan, las cuales antes refulgían de vida y actividad urbana. “Largos tramos de calles famosas, como Bleecker Street en West Village o la Fifth Avenue en el East 40s, están llenas de tiendas vacías. Sus ventanas oscuras sirven como espejos diurnos para sus ricos peatones”, enuncia.

Es una realidad latente que también sucede aquí, en las grandes ciudades y capitales de provincia españolas. Los pequeños establecimientos no lo están pasando nada bien. El comercio tradicional ha perdido 27.000 millones de euros desde el principio de la crisis, y el pasado año cerraron otros 10.738 locales, según datos de la Confederación Española de Autónomos CIAE. Las razones son claras y conocidas: no solo el descenso del consumo en los años de recesión económica, sino el brutal crecimiento de las ventas 'online' y de empresas como Amazon, así como la proliferación de grandes superficies comerciales en el centro y periferia de la ciudad.

Estos factores, sumados al reciente y vertiginoso repunte de las salas de juego en los barrios más humildes, (un 140% de crecimiento desde 2014 solo en Madrid), hacen que las fachadas de las grandes avenidas españolas o neoyorkinas tengan una apariencia mucho más parecida, con logos y pantallas publicitarias gigantes de las mismas multinacionales en las zonas comerciales. Pero una vez entras en una de sus calles menores o adyacentes, donde antes había cines, teatros, zapaterías, boutiques, mercerías o tiendas de oportunidades, ya solo quedan locales vacíos y tragaperras.

En la ciudad estadounidense, el número de trabajadores minoristas de Manhattan ha descendido por tercer año consecutivo en más de 10.000 personas. Dos encuestas separadas realizadas por las compañías inmobiliarias Douglas Elliman y Morgan Stanley determinaron que al menos el 20% de la venta al por menor está vacante o a punto de desaparecer. Es un hecho que Derek Thompson explica en base a estas tres razones: alquileres altos, el impulso del comercio online y la absoluta preferencia de los dueños de los locales por la firma de contratos de arrendamiento con grandes superficies en vez de pequeños negocios debido, en parte, a su alta rentabilidad.

Las compras online afectan a un negocio de bienes duraderos, no perecedores y comerciables. Internet nunca podrá cortarte el pelo

Pero un sector parece romper con esta tónica dominante. “Al caminar por el Upper East Side en el que vivo, me parece sorprendente que muchos de los establecimientos que todavía se encuentran en activo sean salones de belleza, de manicura o pedicura, tratamientos faciales o de cejas y, sobre todo, restaurantes”, explica Thompson. “¿Qué es lo que tienen en común? Que no encontrarás sus servicios en Amazon. Internet nunca podrá cortarte el pelo, así como tampoco pedirás un menú a domicilio de un restaurante prestigioso de una a otra punta de la ciudad", esto último aún queda por demostrar aquí en España tras el auge de servicios como Glovo. "Las compras online han digitalizado un tipo particular de negocio, en su mayoría bienes duraderos, no perecederos y comerciables”. Esto se podría traducir en nuestro país por el auge de los establecimientos de belleza y el eterno cliché de que vivimos y viviremos en “un país de camareros”. Si por algo destaca nuestro país frente a nuestros vecinos europeos es por la alta calidad de su gastronomía y la buena salud de la hostelería en un mercado de precios asequibles.

“Los problemas del Nueva York del presente son un presagio para el futuro del resto de ciudades”, vaticina el periodista. “La mayoría de las personas no viven en el centro porque les encanta quedarse dormidos con las adorables bocinas de los coches y los gritos de los banqueros de inversión”, repasa con ironía. “Más bien, quieren tener acceso a la actividad urbana, la diversidad y el encanto de los bares estrafalarios, las tiendas de antigüedades curiosas o del restaurante familiar que lleva afincado ahí durante generaciones. La mejor manera de tener acceso siempre fue disponer de una habitación en el centro de la ciudad”, afirma Thompson, un anhelo que duerme en el deseo de muchos y en la vida de muy pocos debido a los altos precios del alquiler o de la compra de inmuebles.

El panorama económico es desalentador en las grandes ciudades, sobre todo para las familias de clase media o las empresas emergentes

Por ello, “¿qué sucede cuando las ciudades se vuelven demasiado caras para permitirse la apariencia de esa diversidad y bullicio?”, se pregunta el periodista. “El escritor Elwyn B. White bautizó a la ciudad como la suma de 'pequeñas unidades vecinales'. Sin embargo, la jugada de los propietarios en este 2018 ha sido despojar a Nueva York de esta particularidad y convertirla en un simulacro hiperpoblado del suburbio estadounidense. Los propietarios de viviendas del West Village buscan arrendar sus espacios a cadenas nacionales, convirtiendo uno de los barrios más famosos de Estados Unidos en un centro comercial laberíntico. Su estrategia presagia la desaparición de estos restaurantes peculiares, de las tiendas de antigüedades y de cualquier cafetería que no cotice en bolsa”, señala Thompson.

El futuro, tanto para ciudades como Nueva York o Madrid, es desconcertante y difícil de predecir. Las lógicas capitalistas y la especulación inmobiliaria hacen que las subidas y bajadas no duren mucho tiempo. Tal vez estemos a las puertas de una nueva burbuja que vaya a estallar en cualquier momento. “La economía nos asegura que, a largo plazo, los precios y las estrategias se mueven hacia un equilibrio”, explica Thompson. “Pero el valor medio de la vivienda en Manhattan todavía es más de un millón de dólares. Tanto para las familias de clase media como para las empresas emergentes que buscan un punto de apoyo en la ciudad, el panorama es desalentador: el aumento de la riqueza heredada o del rendimiento de las grandes empresas, en un mundo con menos posibilidades para los advenedizos, los luchadores, el resto”.

Alma, Corazón, Vida

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