Cooperativas contra la precariedad

"Huir de Glovo es posible". Los repartidores que luchan contra la explotación de las 'apps'

Mensos, Cleta, Mensakas... son algunas de las nuevas cooperativas de mensajería que ofrecen a sus trabajadores salarios y horarios dignos. Y cada vez hay más repartidores que se unen

Foto: Un repartidor de Glovo. (Glovo)
Un repartidor de Glovo. (Glovo)

Mientras Glovo, Deliveroo y otras plataformas dedicadas al ‘delivery’ protagonizan no pocas polémicas a cuenta de las numerosas sombras de la economía colaborativa, una aldea de irreductibles emprendedores tratan de convertirse en la alternativa ética a estas compañías de reparto. Tanto sus nombres como sus clientes son ya muchos y muy variados, pero su filosofía tiene numerosos puntos en común: la bicicleta como pilar básico de su trabajo y sueldos dignos a partir de los 1.000 euros para sus empleados.

No obstante, luchar contra los gigantes que son ya Glovo, Deliveroo o incluso Uber Eats no es algo fácil, precisamente. “Con la inversión que estas plataformas tienen detrás van por delante en publicidad”, explican a Teknautas desde Mensos. Con el acrónimo de Mensajería Sostenible Urgente como nombre, esta es una cooperativa que cuenta ya con hasta 20 empleados en los picos más altos de trabajo y donde se manejan nóminas de 1.000 euros brutos con posibilidad de variable. “El mejor repartidor gana más debido a una política de objetivos y productividad; mejor repartidor eres, más ganas”, comentan desde la cooperativa.

Sin embargo, el negocio de Mensos no es, a día de hoy, el de la comida rápida. “Sí repartimos y trabajamos con restauración, pero en su distribución interna entre centros, o para proveedores que sirven a restaurantes productos de limpieza, decoración o productos que luego sirven en sus comidas, así como el reparto de caterings a empresas”, desmenuzan desde la cooperativa, que lleva a cabo este último servicio para la cadena madrileña Pastelerías Mallorca.

“El único secreto es que en bicicleta cumplimos los tiempos, no contaminamos y damos buena imagen a la marca”, concluyen. Todo ello, con tarifas que van desde los 5,65 euros hasta los cerca de 9 euros que cuesta el servicio inmediato, tal y como se puede ver en su web.

El servicio de reparto de catering es uno de los modelos de negocio de la cooperativa Mensos (Fuente: Mensos)
El servicio de reparto de catering es uno de los modelos de negocio de la cooperativa Mensos (Fuente: Mensos)

De hecho, en el sector de las cooperativas de reparto asumen con realismo el rol de David en esta batalla contra un casi invencible Goliat. “Como empresas que no tienen costes laborales, pueden ofrecer un precio muy bajo para los servicios y ese es uno de los factores que el cliente prima mucho”, analiza para Teknautas María Echavarría, fundadora de la cooperativa Cleta.

Echavarría venía de trabajar, precisamente, en Take Eat Easy, una compañía de reparto de comida a domicilio que cerró sus puertas en 2016. Tras la experiencia, y junto a dos socios, creó Cleta a comienzos de 2017 para aprovechar el hueco que, aparentemente, asomaba en el horizonte. “La mensajería tradicional estaba perdiendo clientes y cada vez era más pequeña, mientras que todo el rollo de las aplicaciones ganaba peso… Había una necesidad de modernizar la mensajería tradicional pero sin perder los valores cooperativos que con Take Eat Easy y Deliveroo estaban desapareciendo”, reflexiona.

Sin embargo, a día de hoy, la madre de Cleta se muestra tajante: “Nosotros no competimos contra Glovo, es inviable, pero sí es posible huir de su modelo”. De hecho, y aunque Cleta sí hace el ‘delivery’ de algún restaurante madrileño, la comida a domicilio tampoco es el negocio principal de la cooperativa: tal y como detalla Echavarría, sus clientes son cadenas de restaurantes que necesitan un servicio de mensajería interna o despachos de abogados y empresas que requieren de un servicio de mensajería de calidad para el envío de documentos relevantes o materiales caros. “Y nosotros de alguna manera garantizamos una experiencia y una profesionalidad que Glovo o Deliveroo no pueden garantizar, porque están cogiendo a un trabajador cualquiera sin ningún tipo de prueba”, compara la cofundadora de Cleta.

(Reuters)
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Su tarifa para un envío convencional es de 7,20 euros y sus empleados (además de los 3 cofundadores, Cleta cuenta con 2 trabajadores) cobran 8 euros la hora. Pero Echavarría no cree que sus clientes apuesten por la cooperativa por sus valores o el respeto de los derechos laborales. “Hay gente que sí, que te llama porque te ha conocido porque eres una cooperativa… Pero, a la hora de la verdad, lo que interesa es contratar un servicio de mensajería para cosas que no le darías a un mensajero de Glovo. De hecho, tenemos clientes que también trabajan con Glovo, porque si quieres una hamburguesa de McDonalds llamas a Glovo, pero si te has dejado algo en casa o quieres que vaya un mensajero a un cliente tuyo a que le recoja un disco duro, llamas a Cleta”, narra. “Somos complementarios”, sentencia.

¿Y la regulación?

Estas y otras plataformas cooperativas de mensajería son críticas con la situación protagonizada por Glovo y compañía respecto a sus repartidores, pero desde prismas distintos. Así, mientras desde Mensos confían en que el Gobierno ponga fin a “la competencia desleal que están realizando dichas plataformas en cuanto a contrataciones, derechos, responsabilidades y obligaciones”, no todas las cooperativas comparten ese optimismo.

De hecho, en el sector hay voces que han perdido toda esperanza. “Glovo y Deliveroo, y otro montón de empresas en otros sectores, lo que están logrando es generar economía sumergida que de alguna manera da trabajo a personas que de otra manera no tendrían acceso al mercado laboral, por lo tanto le quitan un problema al Gobierno y a la vez se hace negocio”, critica Echavarría.

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Así, entre la desigual batalla contra dos gigantes del ‘delivery’ con presupuesto para marketing y una solución a la situación laboral de sus mensajeros que parece no terminar de llegar (aunque tanto para Glovo como para Deliveroo ya se han anunciado sanciones por contar con falsos autónomos), las cooperativas siguen tratando de buscar la forma de plantar algo de batalla. Después de ofrecer valores éticos y respetuosos con el medioambiente, su próxima vuelta de tuerca pasa por unir fuerzas para ganar capacidad y contar con un número importante de mensajeros: llega El Relevo.

“Ahora mismo en Madrid va a nacer una cooperativa de servicios ciclologísticos, llamada El Relevo, de la formarán parte siete entidades”, explican desde Mensos. “Esto que se va a materializar en breve es que muchos mensajeros que no estén en esas plataformas (o en horario fuera de ellas) puedan realizar cualquier envío en Madrid, lo que nos va a poner una capilaridad similar a la de cualquier plataforma existente actualmente”, desgranan. Así, El Relevo sería una suerte de cooperativa de cooperativas a través de la cual agrupar a cualquier mensajero con bicicleta o mochila que quiera ponerse al servicio de un proyecto que, esta vez sí, podría ser una alternativa que llegue a hacerle la competencia a Glovo y compañía.

La decana

Ya sea ofreciendo servicios de calidad o uniendo fuerzas para plantarle cara a Glovo, plataformas como Cleta, Mensos y otras del sector como la futura Mensakas (nacida tras un ‘crowdfunding’) o La Pájara Ciclomensajería tienen un espejo en el que mirarse si el objetivo es sobrevivir en el difícil mundo de la mensajería siendo una cooperativa: el de Trébol, una cooperativa madrileña en activo desde 1996.

“Desde nuestros inicios hemos defendido la profesionalidad en nuestro sector, ofreciendo un servicio de calidad a un precio que nos permita ganarnos la vida con dignidad (aun a costa de perder clientes con un volumen de trabajo muy atractivo)”, comenta a Teknautas Alberto Luengo, socio fundador de la cooperativa, que a día de hoy está compuesta por 6 personas.

Su caso sirve de perfecto ejemplo para que las iniciativas que nacen ahora a la sombra de las polémicas Glovo y Deliveroo tengan claro que es posible que una cooperativa de mensajería perdure en el tiempo, pero que no es precisamente sencillo. De hecho, desde Trébol, Luengo asegura que, si bien han vivido épocas con un mayor salario, ahora mismo la media está en los 850 euros netos por 38 horas de trabajo semanales. “En otras épocas hemos podido tener sueldos un poco más altos, cuando era más sencillo hacer entender a los posibles clientes que el precio que pagaban por el servicio era acorde a la calidad del mismo, pero en esta época de precarización de la economía esto resulta cada vez más complicado”, se lamenta.

En cuanto a la posibilidad de competir o no contra Glovo y sus alargados tentáculos, en la decana de la mensajería sostenible y responsable en Madrid parecen tenerlo claro: “A nivel de servicio, sin duda”, plantean. “El problema para las pequeñas organizaciones como nosotros es que la visibilidad que tenemos es minúscula (por una cuestión obvia de posibilidades económicas para invertir en publicidad), pero si conseguimos llegar a los potenciales clientes y pueden probar el servicio y el trato personalizado, creo que muchos de ellos nos elegirían”, afirma de forma rotunda el cofundador de Trébol.

Así, todos parecen coincidir en que, mientras la balanza publicitaria no se equilibre y manteniendo las cómodas (e irregulares) condiciones laborales que plantean Glovo y Deliveroo, la competencia no es más que una utopía. Sin embargo, una aldea de irreductibles cooperativas seguirá planteando batalla. Quién sabe si El Relevo, Cleta o cualquiera de los demás proyectos alternativos que ya existen a día de hoy serán el Glovo respetuoso y útil del futuro.

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