dEMANDA JUDICIAL

Google arruinó su negocio y se vengaron. La tecnológica perdió 2.000 millones

Adam y Shivaun Raff llevan 11 años luchando por una "neutralidad de búsqueda" en la red. La Comisión Europea de Competencia les ha dado la razón, junto a otras tantas empresas

Foto: Adam y Shivaun Raff en su perfil empresarial.
Adam y Shivaun Raff en su perfil empresarial.

Digamos que Adam y Shivaun Raff no son un matrimonio convencional. No todos los días la perseverancia y el empeño consiguen ganar la batalla y tumbar en los tribunales a todo un emblema del capitalismo global como Google. Durante más de una década, no se dieron por vencidos, y después de muchas negociaciones con las instituciones públicas europeas para lograr que Google frenara sus prácticas abusivas sobre la competencia, entre ellos, Foundem, la empresa del matrimonio Raff, por fin han ganado la batalla.

"Si te embarcas en algo como esto, no puedes desesperarte o actuar como si ya hubieras ganado", declara Shivaun Raff en una entrevista para la revista Wired. "No queremos hacernos demasiadas ilusiones". Después de 11 años sumidos en una ardua contienda judicial contra el gigante tecnológico, la pareja insiste en que todo esfuerzo valió la pena. No es para menos. Retrocedamos en el tiempo: junio de 2006, pocos días después de lanzar el comparador de precios y productos Foundem, Google perjudicó a su rival mediante actualizaciones de algoritmos en las herramientas de funcionamiento del software de la página web, degradando los resultados de búsqueda. Tras este tiempo, su empresa fue destruida y sus vidas hundidas en el fracaso. "Hubiera sido un error retroceder", reconoce Adam. "Hicimos lo correcto desde el principio".

Las oficinas centrales de Google en Mountain View, California. (iStock)
Las oficinas centrales de Google en Mountain View, California. (iStock)

Dos pioneros enamorados de la tecnología

Adam y Shivaun Raff se conocieron en la Universidad. Estudiantes avezados de informática, crecieron a apenas un kilómetro de distancia en el norte de Londres pero no lo supieron hasta que coincidieron en las aulas universitarias. La idea le vino a Adam mientras fumaba un Silk Cut fuera de su oficina, donde se encargaba de dirigir las supercomputadoras del servicio meteorológico europeo. Por su parte, Shivaun ejercía de consultora y administradora de proyectos de software para clientes como Boots y General Motors.

Antes, por cierto, ya habían fantaseado con una posible aplicación de citas basada en la ubicación por GPS, lo que años más tarde sería Tinder. Es así como, de repente, Adam cayó en la cuenta de que podía usar el mismo método para ordenar el gran iceberg de datos ocultos en las bases de datos de detrás de los sitios web. Un único sistema que al configurarlo podría buscar, recuperar y clasificar ítems de todo tipo, desde propiedades hasta vuelos o productos electrónicos como televisores. Es así como nació el proyecto diseñado por los Raff, que en junio de 2006 se lanzaría bajo el nombre de Foundem.

Fracaso y vuelta a la cumbre

El matrimonio se despertó una mañana para comprobar que su página había sido desterrada de las listas del motor de búsqueda de Google. "Sabíamos lo que estaba pasando", admite Adam. "Si Google nos retiraba de sus resultados, estábamos muertos como empresa". Al intentar ponerse en contacto con Google, no recibieron respuesta alguna, fue exactamente como enviar mensajes al espacio vacío. Para los Raff, el verdadero crimen del buscador más usado del globo es este: su inaccesibilidad y falta de voluntad para responder, incluso para reclamos totalmente legítimos como el suyo.

Adam y Shivaun Raff cenaban en la cocina cuando se enteraron del premio a Foundem como mejor comparador de Reino Unido

De este forma, su queja cayó en el olvido sin obtener respuesta alguna. Pero una noche, en diciembre de 2008, mientras la pareja cenaba en la cocina, un zumbido en su bolsillo interrumpió la sopa que digerían en amor y compañía: sus teléfonos sonaban al unísono. Anteriormente, habían programado su página web para enviar alertas por mensajes SMS cada vez que tardaba en cargarse. Al pensar que se trataba de un nuevo fallo del sistema, no pudieron creer lo que realmente estaba pasando: sus visitas no paraban de subir. Uno de sus programadores llamó para darles la noticia: acababan de ser nombrados como el mejor sitio web de comparación de precios de todo el Reino Unido por el programa The Gadget Show, emitido en el canal 5 de la televisión británica.

Ello les infló de coraje para demostrar la legitimidad de su página. Tras haber reunido pruebas durante dos años, tenían a la comunidad tecnológica y mediática de su mano como argumento de validez indiscutible de su sitio. Es así como volvieron a intentar comunicarse con Google, y éste les respondió: "No podemos ofrecer asistencia privada".

Sede oficial de Google en Mountain View, California. (iStock)
Sede oficial de Google en Mountain View, California. (iStock)

La guerra de las búsquedas: David contra Goliat

Tras este mensaje y a pesar de haber sido reconocidos y premiados por el programa británico, los Raff supieron inmediatamente que el gigante tecnológico no levantaría las hostilidades cibernéticas contra Foundem, ni tampoco reconocería sus abusivas políticas de competencia digital. Es por ello por lo que Adam Raff recurrió a la prensa, y más concretamente al New York Times, para destapar las malas prácticas empresariales contra sus rivales del buscador más famoso del mundo. En un artículo de opinión fechado en diciembre de 2010, Raff apelaba a una urgente "neutralidad de búsqueda" en la red.

"La necesidad de neutralidad en la búsqueda es apremiante porque tanto poder de mercado está en manos de una sola compañía: Google. Con el 71% del mercado de búsquedas en los EEUU y el 90% en Gran Bretaña, su dominio de la publicidad de búsqueda le otorga un control abrumador", señalaba el creador de Foundem. "Durante tres años, mi empresa estuvo desaparecida de la web por esta razón. Con la presentación en 2007 de lo que llama 'búsqueda universal', Google comenzó a promocionar sus propios servicios en la parte superior de sus resultados, pasando por alto los algoritmos que utiliza para clasificar los servicios de los demás.

Una subasta pública no del todo justa

Años más tarde, y tras muchas reuniones con la Comisión de Competencia europea (encabezada por el exsecretario general del PSOE, Joaquín Almunia) en las que los principales afectados por la competencia desleal de la macroempresa -entre ellos Expedia, TripAdvisor y Microsoft-, se unieron a la causa de los Raff, para urdir una respuesta legal que haría retroceder a Google, primero en 2012, más tarde en 2013. Pero desgraciadamente, el alivio fue de corta duración. En enero de 2014, cuando el mandato de Almunia llegaba a su fin, el comisionado quiso forzar un acuerdo: el motor de búsqueda colocaría los resultados de tres sitios webs rivales junto con sus propios resultados en la parte superior de la página, con la elección de los sitios decididos por la subasta pública.

Lo que ha hecho Google es ilegal bajo las reglas antimonopolio de la Unión Europea, subrayó Vestager

Malas noticias para el matrimonio Raff. Sin embargo, el destino se pondría a su favor: el clima político en Bruselas se estaba volviendo contra Google. Los ministros de economía de Alemania y Francia mandaron una carta a Almunia poniendo en cuestión dicha subasta: los resultados de búsqueda deberían basarse en los méritos y la utilidad, y no en las empresas que pudieran pagar más. Por su parte, Google pintó esto como si industrias privadas conspirasen contra agentes innovadores en la cultura digital; es decir, contra ellos.

Hacia la "neutralidad de búsqueda" en la red

Ahora, el gigante tecnológico sufre la condena de multa de 2.420 mil millones de euros impuesta por la Comisión Europea. Dicho órgano, con Margrethe Vestager a la cabeza, declaró que Google abusó de su dominio del mercado al otorgar una ventaja ilegal a otro producto suyo, su conocido servicio de comparación de compras, Google Shopping.

Vestager acusa, entre otras cosas, de dar prioridad a sus propios servicios de ventas online cuando un usuario utiliza su motor de búsqueda para localizar un producto que quiere adquirir, marginando a otros competidores como, en este caso, Foundem. Por ello, Bruselas le exige que cambie inmediatamente su modelo de negocio en un plazo de 90 días, bajo amenaza de que la multa suba hasta un 5% de los ingresos mundiales medios, no ya de Google, sino de Alphabet, su compañía matriz.

Esto augura una competencia real entre las empresas y los internautas europeos se verán beneficiados

"Lo que ha hecho Google es ilegal bajo las reglas antimonopolio de la Unión Europea", subrayó Vestager. "Ha negado a otras compañías la oportunidad de competir en méritos y de innovar", entre ellas, como no podía ser de otra forma, la empresa del matrimonio Raff. La reacción fue inmediata y ya anunciaron una apelación de la sanción. Para los Raff, Google debe presentar resultados imparciales que no lo beneficien financieramente. "Después de todo", afirma Shivaun, "esto es lo que la gente quiere, y lo que Google se supone que aún ofrece".

¿Qué será lo siguiente? El abogado experto en tecnología Sergio Carrasco vaticinó para El Confidencial que "los internautas europeos se verán beneficiados de un mayor y más diverso abanico de posibilidades". Esto augura una competencia real entre las empresas en la que los resultados de las búsquedas volverían a ser "orgánicos", por lo que "el primer puesto corresponderá al mejor servicio o el más popular".

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