Restaurantes: Cómo se vengan los camareros de sus peores clientes: los métodos más sorprendentes
El truco de la mantequilla y otras maldades

Cómo se vengan los camareros de sus peores clientes: los métodos más sorprendentes

Hay momentos en los que el cuerpo pide 'vendetta' y los meseros saben qué se siente. En su día a día tratan con clientes insoportables, pero hay veces que no se pueden contener

Foto: No siempre tienen una sonrisa para el comensal. (iStock)
No siempre tienen una sonrisa para el comensal. (iStock)

Lo que tienen que soportar los camareros en su día a día no está escrito. Y quizá no lo esté porque las vejaciones, faltas de respeto, burlas y situaciones deshumanizantes a las que se tienen que enfrentar son prácticamente innumerables. Por lo general, suelen tragarse la ira y aguantar sus ganas de mandar a paseo a ese cliente impertinente. Después de todo, es su trabajo. Sin embargo, a veces la exasperación les supera y han de encontrar la mejor manera para vengarse. En este sentido, la periodista Kitty Jay enumera en 'Mashed' algunos de los más sorprendentes métodos que ella ha empleado o visto utilizar en su etapa como camarera, unos bastante más sutiles que otros.

Sus métodos van mucho más allá del típico escupitajo a la comida, un clásico que, por otra parte, no podía faltar: pelos, saliva e incluso orina o flemas en los peores casos. Y esto no es solo un mito. Según un estudio publicado en la revista 'Human Performance', al menos un 6% de los camareros admite haber añadido “un extra” al plato. Esto, señala Jay, se suele hacer cuando el cliente pide algo para acompañar o que le vuelvan a hacer el plato: “No es el hecho que devuelvas la comida, es cómo lo pides”. “Una vez tuve una clienta que era una pesadilla. La señora se quejaba de cualquier cosa, por pequeña que sea, así que volví a la cocina a por la salsa y le puse una buena ración de mocos”, cuenta la empleada a 'Women's Health'.

Una noche mi compañero se hartó, se inclinó y restregó su mano llena de mantequilla en el abrigo del cliente, que tenía pinta de ser caro

La otra versión, asegura Jay, es servir la comida sin que se note que segundos antes el camarero la ha tirado al suelo. “Estuve en una pizzería en la que todo el personal lo hacía a cualquiera que les cayese mal. El restaurante ha quebrado ya, pero no sé dónde está toda esa gente. Y eso me inquieta. Solo espero que no sea un lugar en el que coma habitualmente”. Pero mucho mejor que pervertir el plato, señala la camarera, es humillar a la persona en cuestión delante de sus amigos o incluso de su cita. “Si el cliente está siendo especialmente grosero, suelo decirle que su tarjeta de crédito ha sido rechazada por la máquina. Al menos unas dos veces. Nada desinfla tanto el ego como sugerir a los amigos de esa persona que sus finanzas no están boyantes”.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Por supuesto, los camareros también hacen aquello de tirarle la sopa “sin querer” al comensal. Sin embargo, este tiene el claro inconveniente de que está claro de quién es la culpa. Por eso, recurren a métodos más discretos: “Trabajé con un tipo que siempre hablaba de cómo se iba a vengar de los clientes maleducados, pero nunca se atrevía. Esto fue así hasta que un sábado por la noche mi compañero se hartó y me dijo que iba a hacer el truco de la mantequilla. El resto intentó mirar de reojo mientras él se iba acercando a la mesa. Se inclinó para hablar con el hombre y restregó su mano llena de mantequilla en el abrigo, que tenía pinta de ser muy pero que muy caro”.

¿Te gusta el picante? Pues te vas a enterar

Jay asegura que le encanta escuchar, ver y hasta protagonizar cualquier historia de venganza, pero que en su caso la línea la pone en todo lo que pueda llevar al cliente a la sala de emergencia. Ese límite, no obstante, no era tal en el caso de uno de sus compañeros en el restaurante: “Era como si el cliente estuviese presumiendo con sus amigos de lo imbécil que podía ser con el camarero. Por lo general sabemos tratar a ese tipo de gente, pero supongo que mi amigo pensó que ya era suficiente. El tipo pidió una ración que se supone debería tener un toque picante, así que el camarero fue a la cocina y le echó casi una botella entera de salsa. Todos miramos cuando probó el primer bocado: tiró los cubiertos sobre la mesa, se inclinó hacia adelante, se puso rojo y comenzó a sudar. Tiró la cerveza y al rato se consiguió calmar, pero no se volvió a llevar el tenedor a la boca".

Al menos un 6% de los camareros admite haber añadido “un extra” -un escupitajo, pelos u orina- a un plato porque el cliente les había tratado mal

Asimismo, asegura que nuncase vengaría más allá del ámbito del restaurante. En sus años como camarera, no conoció a nadie más insistente que un compañero suyo que en cada hueco libre aprovechaba para llamar y atosigar al hombre que se había comportado mal con él. Había cometido el error de pagar con la tarjeta de crédito del trabajo y por eso se sabía el número. Cada día, se hacía pasar por su amante, le gastaba bromas o le enviaba falsas quejas a la compañía... tenía un gran repertorio.

En cualquier caso, el momento de la verdad, en el que realmente la tentación es más grande, es cuando la persona que te ha hecho replantearte tu trabajo (y tus decisiones vitales) se ha olvidado algo importante (su cartera o móvil) en el restaurante. Es un regalo caído del cielo, sí, pero uno envenenado. Es entonces cuando debe se tomar una decisión importante. Jay ha visto cómo a veces esas pertenencias acababan en la basura sin ningún tipo de reparo. Sin embargo, es una buena oportunidad para que el cliente maleducado aprenda una lección: que vuelva y ya de paso le cantas las cuarenta, sin que esto signifique perder el trabajo.

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