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un hito en la historia

Dinero y poder: cuando Sevilla fue la capital económica del mundo

La Casa de Contratación fue determinante como elemento de control y gestión de los enormes recursos que fluyeron a partir del descubrimiento desde el año 1503

Foto: Casa de la Contratación de Sevilla. (CC)
Casa de la Contratación de Sevilla. (CC)

"En la guerra los soldados reciben las balas y los generales las medallas".

Anónimo

Cuando las aguas oscuras y enigmáticas del Gran Océano que se extendía retador hacia el oeste se abrieron en canal bajo la decidida acción de unos intrépidos marinos al servicio de la Corona de Castilla, el mundo conocido se encontraba con el paso cambiado. Todo comenzó a recular hacia un horizonte más impenetrable aún si cabe.

Había que regular aquella lluvia de riquezas que se derramaban generosamente sobre las vacías manos de unos conquistadores que por la accidentalidad del destino habían topado con el cuerno de la abundancia. América entera vivía –como es natural en la condición humana desde la noche de los tiempos–, no en un idílico paraíso (en ocasiones la verdad es poco fotogénica), sino en una miríada de guerras solapadas, guerras civiles, guerras tribales, guerras de dimensiones geográficas de envergadura, repartidas de norte a sur prolíficamente. Es muy bonito pensar que los aborígenes se dedicaban a corretear tras las hermosas y bien dotadas nativas para retozar sin más; pero esto, lamentablemente nunca fue así; o al menos, no fue tan bucólico.

Es bonito pensar que los aborígenes se dedicaban a corretear tras las hermosas y bien dotadas nativas para retozar, pero esto nunca fue así

La aparición de los españoles en aquel tiempo, en aquella cosmogonía de orden aparente en el que la idílica naturaleza abrazaba todos los días a los aborígenes colmándolos de su incontestable belleza y derramando sobre ellos generosidad sin cuento, era una autentica falacia. Castilla primero y más tarde una proto España con la directa puesta, aprovecharon el momento dulce que les brindaba el destino para hacer lo que todos los pueblos en posición de fuerza y superioridad han hecho siempre; cabalgar sobre las circunstancias, o galopar si les son estas favorables. Por lo que aquella oleada de marinos, buscadores de fortuna, soldados, burócratas y soñadores, se pusieron manos a la obra.

Por ello, para formalizar la nueva legalidad y darle un sesgo de normalización, pasados los primeros momentos de sorpresa y desorden administrativo, se implementaría una institución de importancia vital que el tiempo se encargaría de consolidar y prestigiar.

La Casa de la Contratación de Sevilla

En origen, sería el Consejo de Indias, el que al iniciarse la colonización sería dirigido en persona por el propio rey asistido por consejeros cualificados, tanto en lo mercantil como en lo referido técnicamente a los temas de navegación, cartografía y control militar de los espacios descubiertos desde la perspectiva de Occidente.

La estructura era muy similar a la que le servía de referencia, que era la del Consejo de Castilla en la que estaba inspirada; pero la abrumadora realidad o desbordante excepcionalidad de una circunstancia que exigía cada vez más recursos administrativos hizo que a partir del siglo XVI se redimensionara creando una institución que monopolizara íntegramente el comercio desde ambas orillas del Atlántico.

Creada por los Reyes Católicos, nadie podía cruzar el Atlántico ni fletar mercancía sin pasar por el aro de la Casa de Contratación de Sevilla

La Casa de la Contratación de Sevilla fue determinante como elemento de control y gestión de los enormes recursos que fluyeron a partir del descubrimiento hacia la Península a partir del año 1503, año fundacional de esta célebre institución. Con la idea de dirigir el comercio de Indias, durante casi 220 años regularía el ingente y sorprendente mercado establecido entre las dos orillas del Atlántico con solvencia acertada, salvo en el breve lapso de su clausura durante la época de la peste, avanzado el siglo XVII. Hacia 1720 por economía de costes y por la progresiva sedimentación del Guadalquivir en la zona portuaria de Sevilla; sería trasladada a Cádiz. Para 1790, la Casa de la Contratación, colapsaría como monopolio del comercio de Indias por la enorme presión ejercida por los ingleses a través de su crescendo poder militar y comercial.

Creada por los Reyes Católicos para administrar y controlar el tráfico con las Indias, nadie podía cruzar el Atlántico ni fletar mercancía, sin pasar por el aro de la Casa de Contratación de Sevilla; asimismo, todas las mercancías con origen en América debían pasar por su control y apoquinar el diezmo correspondiente a la Corona.

De idéntica manera las competencias para formar a los marinos que cruzarían el Atlántico deberían ser supervisadas por los pilotos mayores, contratados a tal efecto por dicha institución. Eran círculos cerrados en los que los más experimentados navegantes de aguas profundas, portugueses, genoveses, vascos, etc. preparaban exhaustivamente a una nueva hornada de pilotos salidos de las factorías sevillanas. El acceso estaba totalmente prohibido a los judíos, protestantes y “moros”, a los cuales se les permitía actuar extramuros pero no tenían licencia de intervención alguna en el negocio del flete. Esto, en teoría, era así; pero siempre había los que se colaban a través de las rendijas abiertas por el dinero.

En primera instancia, la Institución se instalaría en las Atarazanas del antiguo puerto fluvial, aunque más tarde y por imperativos orográficos y sanitarios; esto es, por exceso de sedimentación, riadas, aguas negras, etc., su sede se trasladaría a los Reales Alcázares.

​Polvo en el viento

En apariencia, el funcionamiento de la Casa de Contratación se basó en una terna de funcionarios de máxima confianza que debían rendir cuentas a la reina Isabel de Castilla. El primero de ellos y quizás el más poderoso, era el funcionario encargado de negociar permisos, precios, expender salvoconductos y pases; era el peso pesado en definitiva. Le seguía en el escalafón con un poder similar pero subordinado, un tesorero, que era el notario de la recepción de los ingentes recursos que amerizaban en las aguas del Guadalquivir. Finalmente, un contador o escribano asumía el testimonio y función del asiento de todas las operaciones en curso.

Pero todo, sin excepción, es polvo en el viento.

El funcionamiento de la Casa de Contratación se basó en funcionarios de máxima confianza que debían rendir cuentas a la reina Isabel

Sevilla fue una de las capitales del mundo mientras los pilares de la grandeza se sostuvieron en una economía generosa, fluida e imaginativa; pero esta, tiene más ciclos que las ondas hertzianas en un pico de actividad. Lo que hoy es el Archivo de Indias es un importantísimo centro de documentación, situado en la bella Casa Lonja de Sevilla, datada en la época de Felipe II y construida por el ilustre Juan de Herrera, muñidor a su vez de la insigne y colosal obra monumental de El Escorial. La Casa de Contratación de Sevilla fue un momento grande, ya perdido en la nebulosa de la Historia.

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