Social: Vivir en el centro te hace más feliz y saludable, y por eso no te dejan mudarte ahí
EL PODER CAMBIA DE BARRIO

Vivir en el centro te hace más feliz y saludable, y por eso no te dejan mudarte ahí

Una investigación desvela que no son las urbanizaciones de la periferia las que proporcionan más bienestar a sus vecinos, sino las zonas de mayor densidad. Estas son las consecuencias

Foto: Vista del madrileño edificio Metrópolis. (Reuters)
Vista del madrileño edificio Metrópolis. (Reuters)

Hasta no hace demasiado tiempo, el entorno idílico para vivir en la ciudad —siempre y cuando pudieses permitírtelo— eran las urbanizaciones de lujo de las afueras, donde podías disfrutar de tu chalé-mansión en compañía de otros ricos e influyentes como tú. Ese principio, no obstante, parece estar cambiando, ya que cada vez son más las celebridades, especialmente las ligadas al mundo del espectáculo, que se decantan por los barrios del centro. En Madrid, por ejemplo, Isabel Pantoja, la infanta Elena, Penélope Cruz o Pedro Almodóvar han compartido barrio, Retiro.

Es un signo revelador de la evolución demográfica y urbanística en las grandes urbes. A medida que estas se expandían a toda velocidad a causa de la migración rural y la densidad urbana aumentaba, aquellos que podían permitírselo abandonaban el devaluado centro, ruidoso y contaminado, y se concentraban en nuevos y exclusivos centros que, además, los hacían invisibles a ojos del ciudadano común. El proceso actual parece el opuesto: la renovación y revitalización de los barrios del centro expulsa a los inquilinos de clases más bajas y devuelve a ellos a los más privilegiados. Entre otras razones, porque encuentran ventajas que no pueden hallar en los barrios residenciales.

Los antiguos problemas urbanos (masificación, deterioro, ausencia de zonas verdes, congestión del tráfico) van desapareciendo poco a poco


Algunos de los factores que pueden explicar este movimiento se recogen en una investigación realizada por la Universidad de Oxford y la de Hong Kong (UHK), como informa Reuters. La gran revelación de dicho estudio es que, en contra de lo habitualmente pensado, las personas que viven en los centros urbanos son más felices, tienen una salud más fuerte y mantienen mejores relaciones sociales que aquellos que habitan en los suburbios. Además, sufren menos obesidad y hacen más ejercicio que sus vecinos del extrarradio.

El profesor asistente de la Universidad de Hong Kong Chinmoy Sarkar ha recordado que “a medida que las ciudades se hacen cada vez más compactas, son también más accesibles paseando”. A simple vista, la investigación realizada a partir del análisis de 22 ciudades británicas parece una previsible reivindicación del ejercicio físico, ya que incide en la importancia de desplazarse a pie y utilizar menos el coche como estilo de vida saludable. Sin embargo, entre líneas, se puede leer mucho más sobre el futuro a corto plazo de las capitales.

En el kilómetro cero se vive mejor

No se trata de una mera cuestión de utilizar el transporte privado o caminar más, sino de cómo la planificación de las ciudades cambia las costumbres de sus habitantes. Como se ha demostrado una y otra vez, las personas con más y mejores lazos sociales suelen tener una mejor salud, ya que eso contribuye tanto a la identificación y diagnóstico de enfermedades —“¿Qué es esa mancha que tienes en la cara? Deberías ir al médico”— como a la adopción de estilos de vida saludables o una mejor salud mental. Vivir en un bloque de vecinos con un puñado de amigos al alcance de la mano y no en un chalé en mitad de la nada puede marcar la diferencia.

La Gran Vía “será una calle mucho más amable, muy verde, con espacios para sentarse y disfrutar y que dan prioridad a los peatones”

Más importantes aún son los cambios urbanos de mejora y habitabilidad que están experimentando las grandes ciudades, y que facilitan que vivir en el centro sea mucho más cómodo. Como ha recordado Sarkar, “en las áreas residenciales de mayor densidad, hay destinos mejor diseñados y más atractivos”. Por una parte, las posibilidades de ocio —cines, teatros, música, restaurantes— son mucho mayores en el centro urbano. Por otra, diversas decisiones tomadas por los ayuntamientos contribuyen a que los antiguos problemas urbanos (masificación, deterioro, ausencia de zonas verdes, congestión de tráfico) vayan desapareciendo poco a poco.

Esta misma semana, el Ayuntamiento de Madrid anunciaba que el tráfico en la Gran Vía será restringido a partir de Navidad, cuando tan solo puedan circular vehículos autorizados. El delegado de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, aseguraba en Onda Madrid que “será una calle mucho más amable, muy verde, con espacios para sentarse y para disfrutar y para dar prioridad a los peatones, los grandes olvidados”. Barcelona es una ciudad pionera en este sentido, y desde hace unos años ha puesto en marcha estrategias como la de las superislas o el Plan del Verde y de la Biodiversidad.

Vista del atardecer de Barcelona. (iStock)
Vista del atardecer de Barcelona. (iStock)

Todos estos movimientos tienen algo en común: humanizar la urbe y convertir de nuevo al viandante en su protagonista. Es la misma idea detrás de planes como el de la ciudad de 20 minutos, en la que cualquier ciudadano puede disponer de los servicios que necesite en ese tiempo, o de la paulatina desaparición de los automóviles en los centros urbanos. Son ideas de planificación urbana que convierten los centros urbanos en lugares más deseables pero, por lo tanto, también disparan rápidamente el precio de alquiler y compra de vivienda.

El peor barrio de la ciudad

Si el centro se está convirtiendo de nuevo en un entorno atractivo, la investigación también desvela cuáles son los peores barrios para el bienestar del vecino. Se trata de aquellos peor diseñados en las afueras de las ciudades, a los que tan solo se puede acceder a través de un vehículo particular o transporte público. Es en ellos donde se encuentran los mayores niveles de obesidad y se practica menos ejercicio, pero también los que muestran otros problemas adicionales (ruido o contaminación) que perjudican a sus habitantes. Es una definición que más o menos encaja con las zonas más deprimidas de Madrid, como San Cristóbal de los Ángeles o, en otro nivel, Valdemingómez; pero, sobre todo, en barrios emergentes como Sanchinarro o Las Tablas.

No hay como seguir el rastro del dinero para saber qué es lo que resulta mejor para nosotros. Otra cosa es que nos lo podamos permitir

Hay, no obstante, una diferencia sustancial con ellas: debido a que la investigación está realizada en Reino Unido, la baja densidad está íntimamente relacionada con el deterioro urbano. En otras palabras, al contrario de lo que ocurre con las ciudades españolas, donde las zonas más peligrosas suelen tener una alta concentración de habitantes, en Reino Unido es habitual que una urbanización de viviendas unifamiliares se convierta en una zona deprimida. El mantenimiento y reforma de este tipo de urbanización resulta más complicado y costoso por su tamaño.

Entre ese centro urbano en pleno proceso de mejora y la periferia decadente, se encuentran las áreas suburbanas con una baja densidad pero una gran cantidad de espacios abiertos y jardines. En definitiva, las zonas que siempre han pertenecido a las clases más altas, y donde tradicionalmente se habían mudado para escapar de la devaluación de la 'inner city', como se le suele llamar en Estados Unidos. Como ocurre con tantos otros aspectos de nuestras vidas, no hay como seguir el rastro del dinero —llamémoslo ahora 'gentrificación'— para saber qué es lo que resulta mejor para nosotros. Otra cosa es que nos lo podamos permitir.

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