ASÍ ES EL PLAN VERDE 2020

El proyecto de Barcelona que marcará la pauta para el resto de ciudades

Un proyecto de expansión de 44 hectáreas en la ciudad catalana, que ahonda en las reformas realizadas, ha llamado la atención internacional por su ambición

Foto: Vista aérea de Barcelona aparecida en el informe Plan Verde 2020.
Vista aérea de Barcelona aparecida en el informe Plan Verde 2020.

Si no vive en la capital catalana, es muy posible que no se haya enterado. Si consulta algunas de las páginas web internacionales dedicadas al urbanismo, es probable que sí. El Ajuntament de Barcelona ha presentado un proyecto que incrementará la superficie verde de la ciudad, enmarcada dentro del Plan del Verde y de la Biodiversidad 2020. Este proyecto ha sido recogido en medios internacionales como 'City Lab', que en un artículo señala que son gotitas “en el cubo” pero que “todas juntas formarán una inundación, creando una futura Barcelona que sea más verde, fresca, sostenible y más humana”.

No cabe duda de que la Ciudad Condal se ha convertido en una referencia a nivel global en urbanismo innovador, de tal manera que capitales como Nueva York han valorado adaptar programas como el de las superislas. En este caso, el Plan Verde 2020 ha tenido como objetivo “lograr una infraestructura ecológica que ofrezca el máximo de servicios a una ciudad donde naturaleza y urbe interaccionen y se potencien”. Para el medio, este compromiso de aumentar un metro cuadrado de verde por habitante para 2030 se trata de “un modelo ingenioso que puede servir para otras ciudades”.

En 2050 Barcelona debe ser “una ciudad donde naturaleza y urbe interaccionan y se potencian mediante la conectividad del verde”

El plan fijaba su mirada en dos plazos; el año 2020, en sintonía con la Estrategia de la Unión Europea por la Biodiversidad, y un plazo aún mayor, el 2050, cuando Barcelona debe ser “una ciudad donde naturaleza y urbe interaccionan y se potencian mediante la conectividad del verde”. Como recuerda el documento, “Barcelona es una ciudad compacta, con una alta densidad de población y pocos espacios naturales”. Tan solo el parque natural de Collserola ofrece grandes oportunidades para la presencia de flora y fauna.

Como recuerda el artículo de 'CityLab', el problema de la capital catalana no es la cantidad total de hectáreas verdes en el área metropolitana, sino su ausencia en el centro de la ciudad. Actualmente, el conjunto de parques y jardines de Barcelona tiene una extensión de 2.784 hectáreas (toda la sierra de Collserola, donde se encuentra el Tibidabo, ronda las 8.300 hectáreas; en la montaña de Montjuïc se concentran 16 jardines). El siguiente paso plantea incrementar la superficie verde en 44 hectáreas hasta el año 2019, y unas 165 más para el año 2030. Como explicó la teniente de alcalde de Ecología, Janet Sanz, durante la presentación, “queremos pasar de la voluntad de hacerlo a hacerlo posible”.

En el corazón de la ciudad

El presente proyecto se aprovechará de la particular distribución de los barrios del ensanche catalán, como ocurría con las superislas. Si en aquel caso se planeaba cerrar al tráfico conjuntos de manzanas enteros, en este caso 10 patios interiores de la zona serán convertidos en parques y en otras plazas se eliminarán aparcamientos para dar espacio a más áreas arboladas. El informe recordaba que Ciutat Vella, Gràcia, Eixample y Sant Andreu son los distritos más faltos de zonas verdes de proximidad, aunque en los dos primeros ya se hayan puesto en marcha proyectos semejantes. “El verde está presente en toda la trama urbana, pero en muchos caos se trata de manchas aisladas, sin continuidad”, señala. “El Plan propone potenciar sus servicios ecológicos, ambientales, sociales y económicos conectando las distintas áreas con vegetación para formar una infraestructura ecológica robusta y eficaz”.

Los corredores verdes urbanos permiten configurar una verdadera red, una infraestructura ecológica robusta y funcional

Como recuerda el periodista inglés Feargus O' Sullivan, estos cambios también contribuyen a plantar cara a las altas temperaturas, exacerbadas por el cambio climático en el medio plazo. No es una mera cuestión de comodidad, sino que el calor agobiante en verano puede hacer insoportable transitar el casco viejo… y con ello, espantar al turismo cultural.

El trazado de la ciudad impide, como suele ocurrir con otras urbes españolas, crear un gran espacio verde (otro Montjuïc u otro Retiro); por ello, la estrategia tiene como objetivo generar pequeños parques en distintos puntos del trazado y corredores verdes urbanos para uso exclusivo de peatones y bicicletas que, siguiendo el popular dicho, terminarán permitiendo cruzar Barcelona de punta a punta sin pisar el asfalto. Estos “permiten llegar a configurar una verdadera red, una infraestructura ecológica robusta y funcional”. La distribución planeada puede verse en la siguiente imagen.

(Plan Verde 2020)
(Plan Verde 2020)

“Tradicionalmente, en Barcelona el verde ha crecido llenando huecos y espacios residuales de la ciudad y poniendo en valor jardines preexistentes”, explica el informe. “Al estar prácticamente agotada esta estrategia, se puede avanzar introduciendo naturaleza en todos los rincones donde el tejido urbano lo permita”. Esto se traduce en cubrir de plantas “cubiertas, azoteas, balcones y muros”, a lo que dan el nombre de espacios de oportunidad. El Ayuntamiento, de hecho, incentiva la instalación de estructuras y cubiertas vegetales en las terrazas que ayuden a la captación de agua de lluvia y absorción de CO2.

Un pasado reciente muy verde

Este proyecto es una prolongación de un proceso que comenzó hace ya décadas y que ha conocido diversos hitos, como la creación del Parc Fluvial del Besós de 12 kilómetros de longitud, que además de proporcionar un nuevo espacio de recreo para los ciudadanos, también dio la posibilidad de extender la fauna y la flora. Un proyecto que, como señalaba una investigación de la Universidad del País Vasco, “nace en los años 80 con las políticas de recuperación de espacios fluviales degradados”. En este caso, una reacción ante el crecimiento demográfico y el proceso de industrialización de las ciudades del segundo cinturón urbano de Barcelona (Badalona, Santa Coloma de Gramanet, Sant Adrià de Besós).

Uno de los problemas planteados en el informe era la concentración de toda la actividad en apenas 10 parques

Nos podemos remontar hasta los años 80 para vislumbrar los primeros síntomas de una política urbanística basada en el incremento de zonas verdes, producto de las nuevas políticas municipalistas. En el diagnóstico del informe se reflejaba que el uso masivo de determinados parques conlleva conflictos de relación, y que estos (el parque Güell, el de la Ciutadella y el Laberint d'Horta) son excesivamente utilizados en detrimento de otros: las 1.500 actividades que se realizan a lo largo del año suelen concentrarse en apenas 10 parques. Además, Barcelona dispone de 717 áreas de juego infantil y 12 huertos urbanos que han tenido 546 usuarios.

Muchos de los cambios ya están viéndose. Este verano será desalojada la Colonia Castell, del barrio de Les Corts, y que dará espacio a una zona verde de 10.000 metros cuadrados. Otros proyectos listados por el artículo de 'City Lab' son el del Mas Ravetllat-Pla, 3,3 hectáreas de jardines que se abrirán al público en la zona del Guinardó o un pequeño jardín que ya existe en la Plaça de les Glòries Catalanes. En el futuro, las ciudades serán mucho más verdes –Madrid tiene sus propios proyectos para “renaturalizar” la ciudad–, y Barcelona está marcando el camino.

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