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Celos, peleas y aventuras entre cazadores de nazis

Libros y memorias de los buscadores de los responsables de atrocidades en la Alemania hitleriana muestran su lado más humano y corriente

Foto: 'Tarde, pero no demasiado tarde', la campaña del centro Wiesenthal en 2013 para capturar a los últimos nazis libres. (EFE)
'Tarde, pero no demasiado tarde', la campaña del centro Wiesenthal en 2013 para capturar a los últimos nazis libres. (EFE)

Ya van quedando pocos. Es una mera cuestión biológica. Los cazadores de nazis se van extinguiendo, sobre todo, porque, a su vez, ya no quedan nazis libres... ni vivos. Así que más de 70 años después del final de la Segunda Guerra Mundial la temática vuelve a ponerse de moda, precisamente, para que la historia no se trague una parte sustancial de los acontecimientos del siglo XX.

Entre otros, el escritor y periodista estadounidense Andrew Nagorski, han tratado el asunto en libros recientes. El suyo es el más y mejor documentado: ‘Cazadores de nazis’. Para empezar, rompe bastante con el tópico que describe a estos hombres como aventureros solitarios e intrépidos. La mayoría son gente corriente y normal, sin superpoderes. Sencillamente, con inteligencia y constancia. Y muchas veces víctima de otras debilidades humanas, como la envidia, los celos u otras pasiones poco confesables.

Los nazis, tras su huida, mantuvieron vidas empobrecidas y anónimas, muchas veces ocultos en lugares muy humildes

Tampoco los nazis se parecen en exceso al retrato que se ha hecho de ellos en el imaginario hollywoodiense. Principalmente, porque tras su huida mantuvieron vidas bastante empobrecidas y anónimas. Muchas veces en lugares muy humildes. Vivían, además, temerosos y ocultos porque a ellos también les daban miedo esos cazadores a los que se retrataba como gente casi sobrehumana.

El más famoso de todos los rastreadores de los responsables de crímenes de guerra en la Alemania nazi fue Simon Wiesenthal, fallecido en 2005 con 96 años. Bajo el lema “justicia y no venganza” llevó ante los tribunales a más de 1.100 criminales de la Alemania hitleriana. Este mes se cumple el duodécimo aniversario de su muerte.

"Justicia, no venganza"

Nacido en Bucsacz, región de Galitzia, hoy Ucrania, en 1908, era arquitecto cuando comenzó un terrible periplo por hasta 12 campos de concentración, incluido el célebre Mauthausen. Cuando fue liberado solo pesada 45 kilos. En 1947 fundó el Centro de Documentación Judio en Viena (hoy lleva su nombre). Wiesenthal apuntó en un cuaderno el nombre de los genocidas con los que se topó durante su cautiverio y eso fue el embrión de su larga actividad: “Cuando se mire atrás quiero que la gente sepa que los nazis no fueron capaces de matar a millones de personas y huir como si nada”.

Sin embargo, algunos de los otros cazadores de nazis le acusaron de exagerar sus logros y atribuirse méritos que no le correspondían. Desde la óptica de Nagorsky, más que a un movimiento anárquico y aventurero, estas personas respondían a un perfil que quería contrarrestar la condescendencia después del juicio de Núremberg con muchos nazis. Por ejemplo, en Estados Unidos, donde vivía el terrible John Demjanuk, guardia en Sobibor. En opinión de Nagorsky hasta 10.000 nazis con cierta responsabilidad en los atroces actos que se cometieron en esos años cruzaron con libertad las fronteras.

Friedman, apodado ‘El despiadado’ y bastante diferente a Wiesenthal, prefería llamar a su actividad “venganza”

Otro cazador célebre fue Tuviah Friedman. Tenía un perfil bastante diferente al de Wiesenthal y, apodado ‘El despiadado’, prefería llamar a su actividad, directamente, “venganza”. Nacido en 1922 en Radom, Polonia, toda su familia, excepto una hermana, fue asesinada en los campos nazis. Él pasó por los guetos y campos de concentración hasta que ingresó en el ejército polaco. Allí, en 1946, “debutó” rastreando a los nazis que se ocultaban en la ciudad de Danzig, actividad para la que demostró un gran talento y tenacidad. Después, dejó el ejército y actuó en solitario tras un enfrentamiento con el propio Wiesenthal. Murió en 2011.

Precisamente Wiesenthal y Friedman tuvieron un papel bastante polémico en la captura del despiadado Adolf Eichmann, uno de los principales ideólogos de la ‘Solución final’. Eichmann fue secuestrado en una céntrica calle de Buenos Aires y a plena luz del día en 1960 por un grupo operativo del Mossad y juzgado en Jerusalén (dando lugar, entre otros, al excelente y célebre libro de la filósofa Hanna Arendt 'Eichmann en Jerusalén’). Los dos cazadores de nazis se arrogaron una buena parte del mérito de la captura y, parece, ambos tuvieron algún papel en ella, pero no especialmente destacado.

Rivalidad entre cazadores

Uno de los puntos que más llama la atención del libro de Nagorski es, precisamente, la rivalidad entre todos los ‘cazadores’. Se enfrentaron entre ellos y se odiaron con bastante intensidad, revela el escritor y periodista (fue corresponsal de ‘Newsweek’ durante 30 años).

Tanto Wiesenthal como Friedman mantuvieron una tensa relación entre ellos y, a su vez, con Isser Harel, el jefe del Mossad en la época en la que se capturó a Eichmann. Harel fue el primero en morir de los tres. Tenía 91 años y falleció en 2003 en una clínica a las afueras de Tel Aviv. “Le he traído un regalo... Eichmann ya está aquí”, le dijo el espía al entonces primer ministro israelí David Ben Gurion. El que fuera jefe de la inteligencia durante décadas nunca estuvo en un campo de concentración: emigró desde Rusia a Palestina en 1930. Después regresó a Europa para combatir en la milicia clandestina.

Beate, además, le dio una sonora bofetada en 1968 al canciller alemán Kurt Georg Kiesinger al tiempo que lo llamaba nazi

Tampoco se llevaban bien con los Klarsfeld, otros de los protagonistas entre estos singulares personajes. La pareja formada por Serge, francés, y Beate, alemana, se conoció en París en 1960. Su acción más decisiva, después de toda una vida dedicada a la caza de criminales de guerra, fue su decisiva participación en la detención de Klaus Barbie, ‘El carnicero de Lyon’, al que hallaron en Bolivia. Beate, además, le dio una sonora bofetada en 1968 al canciller alemán Kurt Georg Kiesinger al tiempo que lo llamaba nazi.

Todos los protagonistas dejaron sus propias memorias escritas, en las que lamentan los protagonismos ajenos o sus opciones políticas. Nagorski recoge las andanzas de todos ellos y muchos más tamizadas por un riguroso estudio y análisis de los acontecimientos.

Alma, Corazón, Vida

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