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Cómo enseñar a los hijos a diferenciar el bien del mal: así se hace

Ser buen padre no es una tarea fácil. Las filósofas Paulina Sliwa, Alison Hills y Katherine Hawley muestran qué hacer para que los más pequeños entiendan conceptos difíciles

Foto:  Deben pensar por sí mismos. (iStock)
Deben pensar por sí mismos. (iStock)

Como buenos padres, todos quieren que sus hijos crezcan sabiendo la diferencia entre el bien y el mal con el valor de que actúen sabiendo lo que hacen. Esto es algo que deben desarrollar a través de la experiencia y la práctica. Hablar puede ayudar, ya que los niños se encuentran con situaciones muy difíciles en el colegio o con sus amigos. Los cuentos también pueden ser una buena opción para ayudar en estas conversaciones. Pero la adquisición de valor tiene que ser un proceso gradual e interactivo: no puedes sentarte simplemente una tarde y contarle a tu hijo cómo ser valiente con la esperanza de que eso sea suficiente.

¿Qué hay que saber sobre lo que está bien y lo que está mal? ¿Deberías solo sentarte y comentarle los hechos a tus hijos? Hasta cierto punto, sí. A los niños se les dice que no deben mentir, que no deben ser malos unos con otros, que deben ayudar al que lo necesite. Seguramente si solo te sientas con ellos una vez es muy probable que te engañen, pero esto no debe sorprenderte, no es una revelación. Quizá debes centrarte en enseñarle algunos conocimientos morales y dejar pasar de largo otros como la aritmética, geografía o animales exóticos (que están muy bien y son interesantes, pero acabarán aprendiendo en el colegio).

"Parece que existe algo especial acerca de la educación moral, lo que significa que simplemente aceptar lo que los más mayores (padres, madres, tíos...) les dicen no es suficiente", comenta la Doctora en psicología, Katherine Hawley en 'Psychology Today'. Hay que estar felices por que los más pequeños aprendan sobre leones y elefantes en televisión o en una excursión al zoológico. Si creen lo que se les dice, pueden aprender todo lo que necesitan sin llegar a ser pequeños zoológos haciendo investigaciones científicas originales.

Como padres debéis encontrar un equilibro muy delicado. Los hijos siempre necesitan consejo y guía

Sin embargo, la filósofa Alison Hills de la Universidad de Oxford piensa que creer en lo que se ha dicho no es suficiente cuando se trata de moralidad. Los niños entienden realmente la diferencia entre el bien y el mal solo cuando pueden pensar por sí mismos apreciando que no deben mentir o ser malos unos con otros. Un niño que es amable con los demás solo porque su madre se lo dijo carece de algo muy importante: la comprensión moral. Y eso no se puede remediar simplemente diciéndole más cosas sobre el significado de lo bueno y lo malo, tienen que aprender a pensar todo esto de manera independiente.

Hablar con tu hijo es bueno. (iStock)
Hablar con tu hijo es bueno. (iStock)

Igual para los adultos

Los mismos problemas surgen para los adultos, especialmente cuando se enfrentan a dilemas moralmente complejos en la vida y pueden luchar para saber qué hacer y mejorarlo. ¿Se puede obtener la comprensión moral solo escuchando a los expertos de igual manera que se adquiere conocimiento sobre los elefantes escuchando a especialistas en animales? O ¿se necesita algo más profundo más allá de una referencia a la autoridad?

Hablar con tus hijos y leer cuentos con ellos puede ayudar bastante, ya que pueden encuentrarse con situaciones muy difíciles

Respondiendo a Hills, otra filósofa, Paulina Sliwa, argumenta que mientras que la comprensión moral es completa y sutil, esta es en última instancia solo una cuestión de obtener suficientes conocimientos morales. En opinión de Sliwa, el entendimiento no es algo separado del "mero" conocimiento.

Qué hacer

Entonces, ¿como se puede llegar a esta comprensión moral? ¿Se puede aprender de los demás y a su vez enseñar a tus hijos o todos tienen que trabajar esto por sí mismos? Al final, una vía intermedia parece coincidir con lo que se hace a menudo. Aprender acerca de la moralidad hablando con otros, familiares, profesores, amigos o cualquier persona que sepa sobre el tema es posible. Pero cada uno debe asumir la responsabilidad de decidir dónde colocar su confianza en lugar de seguir ciegamente los consejos.

Y como padres, debéis encontrar un equilibro muy delicado. Los hijos siempre necesitan consejo y guía, pero también necesitan aprender cómo cuestionar la autoridad, incluso la paterna. Los padres necesitan dosis generosas de coraje y valentía, humildad y sabiduría: ¡Nadie dijo que fuera fácil!

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