LOS CRIMINALES DE CUELLO BLANCO TAMBIÉN LLORAN

El hombre que cuida de los ricos que van a la cárcel: “Necesitan mi ayuda”

Si formas parte de la élite económica y crees que has cometido un delito, lee este artículo: puede que necesites recurrir a esta pareja dentro de muy poco

Foto: Todos necesitamos un hombro en el que llorar. (iStock)
Todos necesitamos un hombro en el que llorar. (iStock)

Estados Unidos es el país con mayor proporción de población reclusa, mientras que en otros, como España la cantidad de presos desciende año tras año. De ahí que se haya generado una potente industria carcelaria que no solo implica a los trabajadores de las prisiones, sino que también han generado otros empleos adyacentes. De entre todos los presos, los criminales de cuello blanco –los que se encuentran entre rejas por tráfico de influencias, fraude, lavado de dinero o cohecho– representan un pequeño porcentaje (probablemente nulo en el caso de estar relacionados con la crisis). Pero haberlos, los hay, y como parte estelar del 1%, también tienen sus propios caprichos y necesidades.

Entre ellas se encuentra la de contar con un consejero que les ayude, tanto a ellos como a sus familias, a sobrevivir entre rejas. Si usted ha defraudado unos cuantos miles de millones y de repente se encuentra con un pie en la cárcel (o es Mario Conde), puede recurrir a Progressive Prison Ministries, Inc. que, según su página web, se trata de “la primera iglesia en EEUU creada para proporcionar apoyo confidencial y consejos a los individuos, familias y organizaciones con problemas carcelarios de cuello blanco o no violentos”. Los dos encargados en aconsejar al 1% más criminal son Jeff Grant y su esposa Lynn Springer. “La gente necesita ayuda”, reconocen.

Entre sus clientes se encuentran gestores de 'hedge funds', abogados corporativos, médicos y sus familias, de las que se encarga su mujer

Grant decidió lanzarse a este negocio –quizá limitado en cuanto a potencial clientela– después de pasar 14 meses en la cárcel por fraude y lavado de dinero. “Tuve que pasar un tiempo en una prisión federal y trabajar sobre mis sentimientos de vergüenza y arrepentimiento”, explica en una entrevista con 'Hedge Fund Intelligence', reproducida en su propia página. “Eso me sirvió para ponerme en contacto con los sentimientos de los demás sobre estas cuestiones”. Entre sus clientes se encuentran gestores de 'hedge funds', abogados corporativos, médicos y, por supuesto, sus familias.

Un hombro en el que llorar

El religioso no se limita a escuchar a sus clientes y darles consejos relacionados con su propia experiencia, sino que su objetivo es también ayudar en cuestiones prácticas. En un caso recogido por 'Business Insider', que ha entrevistado a la pareja de samaritanos, consiguieron que una mujer cuyo esposo había sido encarcelado y su cuenta corriente congelada, obtuviese un subsidio con el que salir adelante. En muchos casos, sugiere el artículo, simplemente no saben qué hacer en una situación en la que nunca habían pensado que se verían.

Jeff Grant y Lynn Springer.
Jeff Grant y Lynn Springer.

¿Cómo es la vida en la cárcel, al menos para los privilegiados que tan solo han atentado contra los bolsillos de cientos (o miles) de personas? No deben preocuparse, señala Grant: “Puede ser reconfortante saber que nunca me sentí amenazado, pero hay una gran diferencia entre no sentirte amenazado y darte cuenta de que la prisión puede ser un lugar muy peligroso”.

Sin embargo, explica, la mayor parte de criminales de cuello blanco tienen ciertas ventajas que los distinguen del resto de presos. En primer lugar, la edad, que hace que los demás te dejen en paz, puesto que consideran que no formas parte de sus competidores. También habilidades que pueden resultarle útiles a otros pesos, que en el caso de Grant eran sus conocimientos sobre leyes. En último lugar, el corrupto religioso descubrió que lo más importante entre rejas es el respeto. “Se presenta en todas las formas y tamaños posibles, y se esperaba que fuese correspondido. Me encontraba en medio de una manada de lobos y yo era el macho omega”.

Grant les ayuda, en muchos casos, porque carecen de experiencia para orientarse en una situación totalmente extraña para ellos

Grant detalla, sin dar nombres, cuáles son sus clientes. Uno de ellos es el antiguo empleado de un 'hedge fund' en Stanford, al parecer, bastante famoso. Cuando recurrió a Progressive Prison Ministries, no solo era muy probable que fuese a terminar entre rejas, sino que también tenía que superar sus problemas con las drogas y el alcohol y afrontar un divorcio y problemas psiquiátricos. El pleno al 15, vaya. Otro parecía muy seguro de sí mismo, ya que le confesó que lo tenía todo controlado, salvo un importante aspecto: “Estaba claro que nadie había discutido con él ni con su mujer sobre cómo sobrevivir a la experiencia de la cárcel y recuperar sus vidas después”. Lo más importante.

Los ricos también sufren. En algunos casos, sugiere Grant, quizá más que los presos comunes, ya que en las clases sociales más altas la cárcel es un estigma mucho peor, por lo que suelen carecer de apoyos personales. El rol principal de Grant es ayudarles “con el aislamiento que experimentan al ser separados de su comunidad, y con su falta de habilidad para encontrar cualquier servicio relacionado con la prisión que les dé información y apoyo en el que puedan confiar”. Si algún día termina entre rejas, aquí tiene el consejo más importante: “Sea muy respetuoso y maneje su día muy cuidadosamente”. Quizá, como le ocurrió a uno de sus clientes, pueda aplicar sus conocimientos como inversor a su estancia entre rejas.

Mientras tanto, en el hogar…

El crimen no solo lo paga el encarcelado, sino también su familia. Una de las figuras más vulnerables en los crímenes de cuello blanco es la esposa, a la que se dedica específicamente Lynn Springer, la mujer de Grant. “Como pareja inocente de un criminal de cuello blanco y madre, Lynn es llamada a su servicio con un corazón compasivo y comprensivo”, se puede leer en la página de Progressive Prison Project. “Asiste a las mujeres y familias para encontrar caminos éticos a través de la fe y soluciones prácticas para un nuevo modo de vida más fuerte”.

Entre rejas no hay clases sociales, salvo si vas a Alcalá Meco. (iStock)
Entre rejas no hay clases sociales, salvo si vas a Alcalá Meco. (iStock)

En una entrevista con 'Women Walking by Faith Magazine', Springer explica cómo fue su experiencia personal después de que Grant ingresase en la cárcel. “Al principio, los efectos fueron muy complicados; por ejemplo, pérdida de ingresos, miedo a la pobreza, intentar manejarse en el sistema judicial, soledad, vergüenza, ostracismo de los antiguos amigos y la familia”, explica. Su mayor error, reconoce, fue mentir a su hija sobre el paradero de su padre, cuando en realidad es mejor dar la cara. “Amar a alguien que ha cometido un crimen atrae mucha atención no solicitada, críticas y consejos negativos”. Su objetivo es acompañar a otras mujeres en una situación semejante a la suya en el año 2006.

Una de estas esposas explica a 'Business Insider' el importante papel que han jugado los dos consejeros en su vida. “El shock fue increíble”, confiesa de manera anónima. “En un momento dado, el instinto de supervivencia tomó el control. Al tener amigos cercanos que habían perdido a sus hijos y otros combatiendo contra el cáncer, sabía que no importaba lo horrible que parecía mi vida, todos teníamos salud y un increíble amor por los demás”. La fórmula que conoció a través de Lynn fue la de dejar de avergonzarse, reconocer los errores (aunque fuesen ajenos) y dar la cara. “Solo sientes vergüenza si lo permites”. Esta peculiar pareja ayuda a que desaparezcan esos sentimientos negativos de la élite de cuello blanco que cometió un delito. Blanco, pero delito.

Alma, Corazón, Vida

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