EL TAMAÑO SÍ QUE IMPORTA

El error que cometen todos los hombres cuando se compran unos zapatos nuevos

Conoces cuál es tu talla y sabes qué es lo que te gusta, así que, ¿qué está fallando? Pues algo que, hasta hace relativamente poco, nunca teníamos en cuenta

Foto: Un ojo avezado sabría ya si el zapato vale o no. (iStock)
Un ojo avezado sabría ya si el zapato vale o no. (iStock)

Durante años, el método para comprar un par de zapatos era el siguiente: acudíamos a la tienda, seleccionábamos los que más nos gustaban, nos poníamos uno, presionábamos con la mano en la punta para ver si el dedo gordo tocaba el borde, caminábamos un poco y, no muy convencidos, nos quedábamos con los que mejor se adaptasen. Y si no había ninguno que encajase exactamente con nuestra talla, utilizábamos la estrategia de seleccionar el más pequeño porque, ya se sabe, da de sí.

¿Adivinan? Lo estábamos haciendo mal. Como explica en un reportaje publicado en 'Business Insider', Ryan Stowe, experto en calzado de la compañía Allen Edmonds, hay un problema que comparten entre el 75 y el 80% de los hombres que acuden a su tienda a comprar zapatos de primera calidad, y es fijarse únicamente en el largo del zapato y pasar por alto el ancho.

“Un momento”, dirán muchos. “Claro que pasamos por alto el ancho, porque la talla sólo hace referencia al largo”. Y será verdad, pero a medias: cada vez son más las marcas –muchas de ellas, deportivas, pero también de zapatos de vestir– que ofrecen productos con distintas longitudes y anchos, que generalmente, suelen utilizar una medida en letras: el D es la media en el calzado masculino y el B en el femenino. Cada letra supone medio centímetro, por lo que aquellos que tienen el pie un poco más estrecho o más ancho pueden probar con las letras más cercanas.

El pie asimétrico

“Por lo general, llevamos zapatos que son demasiado grandes”, señala Stowe, que afirma que, aunque pensemos que no se nota. La estrategia que él utiliza para comprobar el tamaño del pie (no sólo en cuanto a anchura, sino también en longitud) es medir la distancia que hay de los dedos hasta el talón así como desde el borde tercio anterior del pie (la parte más ancha del mismo) hasta el talón, y que no siempre mide lo mismo.

Cuando el calzado no es del tamaño idóneo, aparecen dobleces tanto en la superficie del zapato como en la suela, signos de que no encajan perfectamente

El futuro, asegura, son los zapatos que permitan repartir mejor el pie dentro del espacio del zapato. En muchas ocasiones, basta con encontrar calzado que tenga el mismo volumen que nuestro pie y que garantice que la relación longitud / anchura es la correcta: por lo general, tendemos a conformarnos con que nos encaje, sin reparar en si el zapato queda abombado (porque nos queda estrecho) o demasiado amplio. El propio Stowe explica en otro reportaje cómo podemos saber si los zapatos no tienen el tamaño correcto:

  • Arrugas. Cuando el calzado no es del tamaño idóneo aparecen dobleces tanto en la superficie del zapato como en la suela, signos de que no encajan perfectamente y que hay determinadas zonas (principalmente, los dedos) que tiran más de la cuenta.
  • Tropiezas. Si tu pie resbala dentro del zapato o te notas más torpe que costumbre, es que tienes un problema: los zapatos deberían encajar como un guante y, por lo tanto, tener un control absoluto sobre ellos. Si no es así, es que no son de tu tamaño.
  • Las orejas se tocan. Con este nombre se conoce, en un zapato de vestir, a las dos partes de las cuales salen los cordones. Si al anudarse la prenda, estas secciones se rozan, es que el zapato es pequeño. Por el contrario, si se crea una abultada zona en forma de V, es que son muy pequeños.
  • El pie baila. Un clásico de zapatería: si nada más introducir nuestro pie notamos que se puede mover con relativa facilidad dentro del calzado, es que necesitamos un número menos porque, desde luego, no va a encoger.
  • Te aprieta. Volvemos al comienzo del artículo, a aquella zapatería en la que hemos adquirido un par de náuticos que nos aprietan con la esperanza de que el uso terminará dándolos de sí. Stowe desmiente el mito y recomienda no escuchar a los vendedores que animan a hacer una compra “porque el zapato termina adoptando la forma del pie”: aunque es cierto que dará un poco de sí, nunca terminarán de resultar lo suficientemente cómodos. Un “aprieto cómodo” es lo que debemos sentir cuando adquirimos unos zapatos, es decir, cuando estos son lo suficientemente prietos como para que el pie no baile pero que no nos haga daño.
Alma, Corazón, Vida

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