EL CALZADO, LO MÁS IMPORTANTE

El 70% de los españoles tiene problemas en los pies: así es cómo puedes evitarlos

Cuando pensamos en la salud de nuestro cuerpo siempre nos olvidamos de estas extremedidades, pese a que soportan todo el peso de nuestro cuerpo

Foto: Son invisibles, y no deberían. (iStock)
Son invisibles, y no deberían. (iStock)

Según un estudio del servicio de reumatología del Hospital del Mar de Barcelona, 7 de cada 10 españoles sufre algún problema en los pies. Además, el 80% de los afectados son mujeres, algo que evidencia cuál es la principal causa de estos trastornos: el tipo de calzado que se utiliza.

Como explica a El Confidencial el doctor Guillermo Lipnizky, director de la Unidad de Cirugía Percutánea del Pie de la Clínica de la Luz, “no hay cultura en torno a los pies”, una parte de nuestro cuerpo de la que sólo nos preocupamos cuando ya es demasiado tarde.

“Cuando la mujer va a comprar un zapato no le interesa lo que le va a pasar después, lo que le interesa es el tacón, la horma, el color…”, explica Lipnizky. “Nadie cuida de los pies. El pie duele y piensas, 'ya no dolerá' o, 'cuando me descalzo ya no me duele'. Claro, pero un porcentaje muy alto del día estás calzado. Y si estás mal calzado, el pie sufre”.

Si desde los 20 años te pones tacones y hasta los 55 no te los quitas tienes absolutamente todas las papeletas de sufrir problemas en el pie

El doctor asegura que el 30% de los problemas de los pies en las mujeres están causados por el uso de tacones. “Si desde los 20 años te pones tacones y hasta los 55 no te los quitas tienes absolutamente todas las papeletas de tener problemas en el pie”, asegura el doctor. “Lo vemos en la consulta permanentemente. El uso indiscriminado de tacones genera una atrofia de la musculatura, que ya es de por sí pobre en el pie, en una posición muy anormal de pisada, y el pie reacciona a esa compresión permanente provocando una deformidad residual”.

Lipnizky es claro al respecto: “La clave del zapato es que no te comprima lateralmente, que el talón tenga cierta forma estructural, y la horma no comprima los pies ni sea excesivamente grande, para que el pie no tenga un deslizamiento excesivo. Y sobre todo que el apoyo sea cómodo”. Estas condiciones excluyen a los tacones, pero también a las chanclas –que según el doctor, “son pésimas”– y algunas zapatillas, que son demasiado planas, en las que el pie va desparramado y sin sujeción en ningún nivel.

También es muy importante que prestemos atención a la higiene de nuestros pies, una parte de nuestro cuerpo que descuidamos con mucha facilidad: debemos lavarlos bien, limar las callosidades, tener las uñas bien cortadas…

Qué hacer cuando el problema es inevitable

Por desgracia, aunque seamos muy escrupulosos con el cuidado de la terminación que soporta el peso de nuestro cuerpo, hay problemas que son inevitables. El juanete, por ejemplo, que es la patología más habitual, aparece en muchos casos por malformaciones congénitas o predisposición genética. Algo parecido ocurre con el pie plano, una anomalía que se estima sufre en algún grado el 20% de la población mundial: si no eres especialmente cuidadoso con el calzado y la pisada es difícil evitar la fascitis plantar o la artrosis.

La mayoría de las patologías del pie pueden tratarse mediante cirugía, pero hasta hace una década estas operaciones tenían tan mala fama que muchas personas preferían sufrir la dolencia a pasar por el quirófano. “La gente no se quiere operar de juanetes porque la cirugía convencional, que yo he hecho muchos años, tiene una prensa pésima”, explica Lipnizky. “ Te operas de los juanetes, te ponen tornillos, placas y demás. Es dolorosísimo”.

Por suerte, hoy es posible optar por la cirugía mínimamente invasiva, un procedimiento que permite operar el pie sin hospitalización, con anestesia local y, lo que es más importante, con un postoperatorio rápido y sin apenas dolor. “A través de dos agujeritos, con una pantalla de televisión, y con dos o cuatro instrumentos de cirugía resuelves la operación en 45 minutos o una hora”, explica Lipnizky. “Te quedas media hora esperando en una salita de recuperación, te pones un zapato especial y se va caminando a casa”.

La cirugía de mínima invasión significa menos agresión, menos complicaciones, mejor evolución postoperatoria y mejores resultados

“Con esta cirugía se pueden tratar juanetes, callosidades plantares dolorosas, dedos en garra o en martillo, fascitis plantares, pies diabéticos…”, explica el doctor. En España empezó a aplicarse hace 15 años pero tuvo que luchar muchísimo para imponerse frente a las corrientes tradicionales. Hoy se ofrece en algunos grandes hospitales públicos y en numerosas clínicas privadas, como en la que trabaja Lipnizky.

Todavía hay mucha gente –quizás porque desconoce el método alternativo o porque no puede acceder a los hospitales que ofrecen estos servicios– que sigue siendo operada mediante la cirugía convencional, pero el progreso manda que la cirugía minimamente invasiva la sustituya del todo, excepto en casos excepcionales. “La cirugía abierta está recomendada para contadísimos casos, por ejemplo las artritis rematoideas con deformidades sevirísimas de pie, para la que es conveniente hacer una cirugía combinada”, explica el doctor. “Pero son patologías muy severas. Hay mucho más dolor en el postoperatorio, recuperación mucho más lenta, más riesgo de complicaciones por los tornillos y demás que puede haber rechazo… Puedes salir andando, pero con dificultad, y vas a estar muchos meses en vías de recuperación”.

“La tecnología puesta al servicio de una cirugía de mínima invasión significa menos agresión, menos complicaciones, mejor evolución postoperatoria, mejores resultados...”, asegura el cirujano. Por suerte, sólo es cuestión de tiempo que ésta llegue a todo el mundo.  

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