LA DOBLE VIDA DE EDWARD LUTTWAK

Maquiavelo en el siglo XXI: el poco conocido estratega que mueve los hilos globales

Este anciano, autor de 20 libros sobre estrategia militar o historia, es al mismo tiempo uno de los nombres de referencia en las agendas de los servicios de inteligencia de cientos de países

Foto: Parece un personaje de una novela espionaje, pero Edward Nicolae Luttwak es el hombre para todo de la política global.
Parece un personaje de una novela espionaje, pero Edward Nicolae Luttwak es el hombre para todo de la política global.

En algún lugar de Chevy Chase, en el americano estado de Maryland, vive Edward Luttwak, un célebre autor y académico que ha publicado casi 20 libros a lo largo de su carrera, entre los que se encuentran volúmenes traducidos al español como 'Turbocapitalismo' (Crítica) o 'Para bellum. La estrategia de la paz y la guerra' (Siglo XXI). Una apacible vida, al menos en apariencia, que se ve complementada por la faceta menos conocida del rumano: el pensador ha ofrecido asesoramiento en cuestiones de inteligencia, estrategia y relaciones internacionales a gobiernos de todo el mundo, de Estados Unidos a México pasando por el Dalai Lama o España, país al que asesoró a finales de los años ochenta.

Todas esas actividades le reportan alrededor de un millón de dólares al año, o al menos eso asegura un reciente perfil publicado sobre Luttwak en 'The Guardian', uno de los pocos artículos periodísticos que pueden leerse sobre este autoproclamado “gran estratega”. Durante años, la referencia más popular a su otra vida como agente de inteligencia podía leerse en 'La guerra de Charlie Wilson', el libro de George Crile sobre la operación encubierta de EEUU en Afganistán que retrataba a Luttwak señalando al congresista interpretado por Tom Hanks en la ficción qué arma podía proporcionar la CIA a los muyahidines afganos.

A los 26 años publicó 'Golpe de estado. Un manual práctico', en el que explicaba imitando el formato de un manual militar cómo socavar el poder del gobierno

Un perfil publicado en 'Forward' describía a este académico de 73 años como un hombre que “bajo el vago título de 'consultor' lleva a cabo operaciones casi paramilitares al mismo tiempo que mantiene su imagen pública como un historiador militar, pensador y escritor, a menudo (¿deliberadamente?) controvertido”. No hay más que echar un vistazo a la última columna de Luttwak en 'Tabletmag' para comprobarlo: en ella, afirmaba con sagacidad que, en un elogio a Putin (“que puede que no entienda nada, pero desde luego que conoce la estrategia y el equilibrio de poderes”), su mayor pecado es tomar con presteza decisiones que favorecen a sus aliados y perjudican a sus enemigos.

La obra de toda una vida

Enumeremos las hazañas no literarias de Luttwak. Trabajó de joven para las agencias de inteligencia de Francia e Israel, ha viajado a Colombia para arrestar a los capos de la droga perseguidos por la DEA, ha ofrecido sus servicios a México para acabar con una banda que estaba acabando con el turismo en Mexicali, ha servido de consejero sobre relaciones con China para el Dalai Lama, ha diseñado el plan de entrenamiento de inteligencia para un gobierno asiático, se le ha pedido ayuda para retirar a una minoría étnica de un pueblo de Kazajistán, ha diseñado una exitosa estrategia en Italia para combatir a Al-Qaeda, ha introducido el concepto de “nivel operacional de guerra” en el ejército americano y, en general, es un viejo conocido de la OTAN y los diferentes departamentos del ejército de EEUU, de la Marina a las Fuérzas Aéreas. 

Uno pensaría que se trata de una invención de John Le Carré, pero es mucho más que eso: es un escritor admirado por el autor de 'La casa Rusia'. Es evidente que su faceta académica y de hombre de acción son las dos caras de la misma moneda. Probablemente nunca habría conseguido llegar donde llegó si en 1968, a la edad de 26 años, no hubiese publicado 'Golpe de estado. Un manual práctico', en el que explicaba imitando el formato de un manual militar cómo socavar el poder de un gobierno. Al parecer, se encontró una copia de su libro sobre el cadáver del militar marroquí Mohammed Ufquir, tras el intento de magnicido del rey Hasán II. En 1969, tras graduarse en la London School of Economics, formaría parte de un 'think tank' de la guerra fría llamado Comité para Mantener una Política de Defensa Prudente.

No sólo sus estrategias prácticas han contribuido a cambiar la geopolítica tal y como la conocemos (quizá también participando en el escándalo Irán-Contra, aunque Luttwak aclara que una de sus condiciones para trabajar es hacerlo siempre dentro de los márgenes de la legalidad), sino que sus libros de historia se han convertido en obras académicas de referencia. Es el caso, por ejemplo, de 'Para Bellum', un clásico en las bibliografías de las academias militares, o de 'La gran estrategia del imperio romano, del siglo I a.C. al III', en el que explora de qué manera los romanos defendieron las vastas fronteras de su territorio. Su estilo está definido por un conocimiento enciclopédico y una obsesiva atención al detalle. O, como señala el artículo de 'The Guardian', se trata de la clase de hombre que “si hubiese estado presente en la crucifixión de Jesucristo, habría empezado su informe con un apunte sobre la clase de clavos que usaron”.

La estrategia generalmente consiste en hacer la cosa menos eficiente para sacarle la delantera a tu enemigo confundiéndolo

Nacido el 4 de noviembre de 1942, durante la segunda guerra mundial, en Arad, una ciudad de Transilvania, se mudó de pequeño a Sicilia cuando su padre abrió una fábrica de plástico. Ello le permitió estudiar en buenas escuelas y pasar por la London School of Economics, así como aprender hasta seis idiomas entre los que se encuentran el inglés, el francés, el hebreo, el español y el italiano. Lo que le mueve no es el dinero (o, al menos, no sólo), sino la voluntad de ser más grande que la vida y cumplir con los encargos de sus clientes, como si su trabajo se hubiese convertido en un desafío intelectual no apto para pusilánimes. El planeta es el tablero de ajedrez para un jugador que ha memorizado todos los libros de estrategia, de Clausewitz y su 'De la guerra' a Theodore Draper.

Por eso desprecia la política tradicional, que le parece altamente previsible. “La estrategia trata de buscar puntos de giro”, explica en el reportaje de 'The Guardian'. Para Luttwak, alguien como Hillary Clinton no es más que “un caparazón vacío con un montón de ambición en su interior”. La política trata de ser predecible, constante, fiel a los principios. La estrategia, por el contrario, “consiste en ser impredecible”. Y siempre lo será porque, como explica, “la mayor parte de la gente no es capaz de controlar sus emociones”. Si en algo consiste la estrategia (y el póker, y el ajedrez…) es en el control de los sentimientos propios y ajenos.

Maquiavelo en el siglo XXI: el poco conocido estratega que mueve los hilos globales

Tampoco le interesa el mercado ni la economía, porque sus principios atentan los de la única lógica en la que cree: la de la estrategia que, como señala el rotativo inglés, “generalmente consiste en hacer la cosa menos eficiente para sacarle la delantera a tu enemigo confundiéndolo”. Este esquema mental poco pragmático, al menos en apariencia, es lo que ha convertido a Luttwak en el hombre para todo de la política internacional, que considera que puede aplicarse a “todas las épocas y todos los lugares”. Y aunque no siempre ha acertado –calificó la invasión soviética de Afganistán como un éxito y poco antes de la caída del Muro de Berlín mostró su preocupación por el resurgimiento militar de la URSS–, no hay ninguna duda de que seguirá moviendo los hilos al menos hasta que, como él dice, “la paz estalle”.  

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