TÓPICOS PELIGROSOS

La verdad sobre el vino: 10 ideas comunes que debes desechar del todo

El 'cuñadismo' campa a sus anchas en torno al vino, sin embargo hacerse el entendido no es tan sencillo como antes. No cometas estos errores que te harán parecer un paleto

Foto: Hay gente especialista en hacerse la entendida, pero pueden no tener la más remota idea. (iStock)
Hay gente especialista en hacerse la entendida, pero pueden no tener la más remota idea. (iStock)

El del vino es un mundo complejo pero, también, con mucha tontería. No cabe duda de que hay auténticos expertos, que saben distinguir la procedencia de un vino, su acidez o sus aromas y reconocen qué caldo es mejor para acompañar uno u otro plato; pero son una minoría. La mayor parte de las personas que levantan la copa cuando les sirven el vino en un restaurante, huelen el caldo con un pequeño giro de muñeca y dan un sorbito con cara de circunstancias “para ver si está picado” son unos fantasmas.

Por suerte las cosas están cambiando. De un tiempo a esta parte, disfrutar de un buen caldo ha dejado de ser un lujo y casi cualquier persona puede permitirse uno de primera. Esto ha hecho que, poco a poco, la estupidez no pase tan desapercibida.

Hacerse el entendido no es tan sencillo como antes, pero aún queda mucha pedagogía por hacer: el 'cuñadismo' campa a sus anchas en torno al vino y existen muchísimos lugares comunes, tan extendidos como falsos. Son estos, y es mejor que dejes de usarlos si no quieres quedar como un paleto.

1. “Cuanto más viejo es, mejor”

(Efe)
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Mucha gente sigue pensando que un vino es mejor cuanto más tiempo pase en barrica, como si los calificativos de “joven”, “crianza” o “reserva” fueran un indicativo 'per se' de la calidad del vino. Nada más lejos de la realidad. Obviamente, un caldo que necesita un mayor tiempo de maduración tiene un coste añadido respecto a otro que puede embotellarse en menos tiempo, por eso los “reserva” son más caros, pero no por ello mejores.

Como explicó a El Confidencial la enóloga Alicia Estrada, la madera es sólo uno de los atributos de un vino, y no necesariamente el más importante: “No es que la madera no sirva para mejorar el vino, le aporta muchos elementos, pero también les quita otros”, explica Estrada. “Hay gente a quien le gusta la madera, esos tonos cremosos, porque está muy habituada, pero a otros les encaja más el vino fresco, y la madera quita mucha frescura. ¿Cuáles son los buenos vinos? Los que tienen madera y frescura. La madera sobre todo prolonga la vida del vino, pero no hay nada de nada que garantice sus bondades”.

La mayoría de los vinos que se venden en la actualidad están pensados para que se consuman en los próximos tres años

En torno a la “vejez” de un vino hay mucha trampa. Hay reservas que son una auténtica porquería y sólo se venden gracias al reclamo de que han pasado un tiempo en la cuba. Además, para elegir uno u otro vino hay que pensar con qué va a tomarse: un reserva puede estar bien para acompañar un plato de caza, pero abrir una de estas botellas para tomar un plato de queso, por ejemplo, puede arruinar ambas cosas.

Tampoco es buena idea dejar que tu vino se pudra en la bodega pensando que mejorará con el tiempo. La mayoría de los vinos que se venden en la actualidad están pensados para que se consuman durante los tres años siguientes a ser comercializados y no mejoran con el tiempo, si acaso empeoran. Como explica Pete Spande, experto en vino de 'Business Insider', como regla general un vino de menos de 20 euros nunca va a mejorar pasados los años.

2. “El tinto es para carne, el blanco para pescado”

(iStock)
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Este es otro tópico muy extendido, que no siempre es cierto. Aunque en un principio, el vino tinto va mejor con platos más fuertes y el blanco con platos más suaves, esta norma se puede romper constantemente en función del tipo de vino y de plato. Un bacalao a la riojana, por poner un ejemplo, es un guiso de pescado pero no tiene nada de suave, por lo que va mucho mejor con un tinto que con un blanco. Lo mismo ocurre, por ejemplo, si tomamos un plato de carne a la plancha poco condimentando, al que le puede sentar de lujo un vino blanco.

La clave de un buen maridaje reside en el que el vino potencie el sabor de la comida y viceversa, y esto puede lograrse con múltiples combinaciones.

3. “El vino rosado es de chicas”

(iStock)
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El vino rosado ha tenido tradicionalmente fama de ser un vino poco exigente, fácil de beber y, en general, peor que el tinto o el blanco; un vino para aquellas personas a las que no les gusta el vino, como las mujeres. Pero esto, además de ser un tópico machista, es una estupidez. Existen rosados de excelente calidad y es un tipo de vino ideal para acompañar verduras, pastas, arroces o tortillas.

Cierto es que hay vinos rosados pésimos, como el típico 'lambrusco' de garrafa, pero hay otros que son excelentes.

3. “Sólo bebo Rioja o Ribera para no jugármela”

(iStock)
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No cabe duda de que Rioja y Ribera del Duero son las denominaciones de origen más conocidas de España y cuentan, en conjunto, con muchísimas bodegas de primera. Pero, precisamente por esto, muchos de sus vinos llevan un sobrecoste que no está justificado.

“El precio tiene que ver mucho con la Denominación de Origen las hay que están posicionadas en un precio alto”, explica Estrada. En algunos casos este sobreprecio está justificado y en otros no. “Por ejemplo, Priorato es caro, pero es que en Priorato casi todo es viñedo viejo, casi nada se puede mecanizar”, explica Estrada. Sin embargo, en las grandes denominaciones –básicamente, Rioja y Ribera del Duero–, es más sencillo colocar un vino mediocre a un precio más alto.

La cosas están cambiando y hoy en día hay D.O. con una calidad excepcional, en las que es posible encontrar buenísimos vinos, en muchas ocasiones a un menor precio. Hablamos de Toro, Bierzo, Rias Baixas, Somontano, Penedés, Terra Alta, Alicante, Jumilla y Bullas, Madrid… Todas tienen sus particularidades y, también, sus supervinos.

4. “Sólo debes fiarte de la puntuación”

(iStock)
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De un tiempo a esta parte, existe una obsesión en el mundo del vino en torno a la puntuación que obtiene uno u otro caldo en las grandes guías y, en particular, la Parker. Basta que el bueno de Robert McDowell Parker, Jr., el enólogo responsable de las críticas, diga que un caldo tiene 95 puntos para que desaparezca de las bodegas en cuestión de horas. Cierto es que, probablemente, el vino en cuestión sea bueno, pero eso no quiere decir que a ti tenga que parecerte “lo más de lo más”.

Que no te guste un vino bien clasificado no significa que no entiendas. Más bien, que tu gusto simplemente no coincide con el del crítico

Como explica Spande en 'BI', “una alta puntuación significa que a la persona que lo ha probado el vino le gusta y puede que a ti también. Pero tu paladar no es el mismo que el de los críticos. En pocas palabras, las calificaciones altas son una gran herramienta de marketing para las bodegas. Que no te guste un vino bien clasificado no significa que no entiendas. Más bien, que tu gusto simplemente no coincide con el del crítico”.

Lo importante de un vino es que te guste a ti.

5. “Los vinos baratos son malos”

(E. Villarino)
(E. Villarino)

Es lógico pensar que un producto de mayor precio es mejor que uno más barato, pero si esto no siempre es verdad en la mayoría de mercados, lo es aún menos en el del vino. En España se pueden encontrar caldos excepcionales por menos de 10 euros y, como explica Estrada, como norma general no cuesta producir casi ningún vino más de 20 euros: las botellas de un precio superior sólo tienen los costes añadidos propios de cualquier producto de lujo: exclusividad, 'marketing', publicidad…

Diversas investigaciones han comprobado que el simple hecho de que un vino sea más caro hace que este nos parezca mejor, independientemente de su calidad real. Una investigación reciente publicada en el 'Journal of Marketing Research' muestra que las ideas preconcebidas que tenemos sobre un caldo pueden llegar a crear un efecto placebo tan fuerte que cambia la química de nuestro cerebro.

6. “El cava es para los postres”

(iStock)
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Otro lugar común sin ningún fundamento que es, quizás, el más extendido. Es habitual usar el champán o el cava para brindar en los postres pero esto es, precisamente, lo peor que podemos hacer con un brut o un cava seco, que se echa a perder al maridarse con dulces.

Para los postres o para después de comer es mejor un cava dulce o semiseco, más fresco y suave, que no es lo que solemos tomar

Al igual que los vinos, los cavas tienen distintas variedades en función de su tiempo de crianza (Joven, Reserva y Gran Reserva) y el tipo de uva (sólo se puede elaborar con nueve tipos concretos) pero, además, se distinguen según la cantidad de azúcar que se añada. Existen seis variedades en función del dulzor del cava: Brut Nature, Extra Brut, Brut, Extra Seco, Seco, Semiseco y Dulce. El champán francés tiene variedades similares.

Los cavas secos son ideales para tomar con aperitivos y entrantes, además del marisco y el pescado, y la variedades Brut con crianza también casan bien con guisos o para acompañar el jamón. Para los postres o para después de comer es mejor un cava dulce o semiseco, más fresco y suave, que no es la que solemos tomar en el brindis de Navidad.  

7. “Si el tapón no es de corcho el vino es malo”

(iStock)
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En España estamos tan acostumbrados a los tapones de corcho que cualquier vino con otro tipo de cierre nos parece una castaña, pero hay muchos caldos que se conservan perfectamente con tapones de rosca, y no son necesariamente vinos de segunda.

Es cierto que los tapones de rosca son problemáticos para envasar los vinos añejos que necesitan cierta oxigenación para madurar (y por eso no se usan para este tipo de caldos), pero son perfectos para los jóvenes e, incluso, algunos crianzas. Su uso es muy habitual en vinos californianos, australianos o argentinos, que pueden ser una auténtica delicia y no deberíamos descalificar por ahorrarse el corcho.

8. “El vino blanco se sirve frío, el tinto del tiempo”

(Corbis)
(Corbis)

El vino debe servirse a la temperatura que índica la bodega y esta no suele coincidir nunca con “el tiempo”. Los vinos con largas crianzas, que son los que se beben más calientes, se suelen servir a unos 18 grados, una temperatura que será superior en verano si no conservamos el vino en un lugar adecuado.

Un vino muy caliente es igual de horrible, o peor, que un vino demasiado frío

El vino blanco se sirve más frío, pero no necesariamente a temperatura de nevera. Un vino blanco joven se sirve a unos 6 u 8 grados y uno criado se disfruta más a unos 9 o 12 grados.

Tampoco hace falta que vayamos por la vida con un termómetro pero, si no contamos con una nevera para vinos, podemos hacer el cálculo a ojo enfriándolo un poco antes de servirlo (por ejemplo, introduciendo el tinto 10 minutos en la nevera). En cualquier caso, un vino muy caliente es igual de horrible, o peor, que un vino demasiado frío.

9. “Fíjate en el corcho para saber si está picado”

(iStock)
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En muchos restaurantes el camarero deja el corcho de los vinos en la mesa por si los comensales quieren olerlo, pero es algo que sirve de poco. El olor del corcho no es indicativo de nada. En lo único que debemos fijarnos es en que el corcho esté entero y no se haya desprendido parte en la botella, y eso puede verse a simple vista.

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