jason pontin, editor de 'mit technology review'

“Por suerte los españoles son los más emprendedores, o vivirían en la calle”

Jason Pontin es una autoridad mundial en periodismo tecnológico, y editor jefe de 'MIT Technology Review' la revista de tecnología más antigua del mundo

Foto: “Por suerte los españoles son los más emprendedores, o vivirían en la calle”

Jason Pontin (Londres, Reino Unido 1967) es el redactor jefe y editor de la revista del Instituto Tecnológico de Massachusetts MIT Technology Review, y un referente mundial del periodismo tecnológico. Durante la conferencia EmTech España 2014, que organiza la publicación, Pontin criticó duramente la falta de optimismo que genera la tecnología actualmente, a pesar de que se trata del único medio capaz de encontrar "grandes soluciones a grandes problemas".

Fundada en 1899, MIT Technology Review es la publicación tecnológica en activo más antigua del mundo, y Pontin ha logrado que entre al formato digital propio del siglo XXI por la puerta grande. Además, la revista selecciona anualmente a los 35 innovadores menores de 35 años del mundo, jóvenes brillantes entre los que han figurado los creadores de Google y Facebook.

Pontin también ha colaborado con otras publicaciones de reconocido prestigio, como The New York Times, The Economist, The Financial Times y Wired.

Pregunta: El aterrizaje de Philae no ha llamado la atención tanto como el del Apolo 11. ¿Hemos perdido la pasión por los grandes hitos?

Respuesta: Creo que la gente responde a la gente, no a un robot que aterriza en un cometa. Ha habido cuarenta misiones robóticas a Marte, y no es lo mismo que alguien dando un paso hacia otro mundo. Imagina coger el polvo rojo y verlo correr entre tus dedos. Ir al planeta vecino sí sería extraordinario.

P.: Y quedarse

R.: ¡Eso lo siguiente! Establecer colonias. Elon Musk dice que quiere ser el primer hombre en morir en Marte, que no quiere volver.

P.: De pequeño dabas por hecho que en pocos años viviríamos en Marte. ¿Caemos en el error de soñar con un futuro demasiado prometedor?

R.: No, porque ya no pensamos a lo grande con optimismo ni positividad. Quizá porque tenemos retos muy grandes y hay cosas más importantes que hacer aquí en la Tierra antes que ir a Marte. Pero también había grandes problemas en 1969 y aun así fueron a la Luna.

P.: ¿Por qué ya no pensamos con ambición?

R.: Creo que la verdadera razón es que nuestras instituciones han fallado. En EEUU ese fallo tiene que ver con la polarización política de la sociedad en izquierda y derecha. En Europa es por un sector público pobremente financiado. En cualquier caso, no se invierte lo suficiente en el I+D adecuado. La inversión total en investigación energética en mi país es de unos 5.000 mil millones de dólares anuales, y eso no basta para conseguir algo grande.

Alguien en China va a clonarse y mejorarse en los próximos veinte años

P.: ¿Qué hace falta para conseguir algo tan grande como ir a Marte?

R.: Apoyo público, liderazgo político y colaboración mundial. Al leer que China y EEUU han anunciado el acuerdo sobre el clima pensé: ¿no sería increíble si ambos formaran un equipo para llevar gente a Marte en 2030 y traerlos de vuelta? Porque no creo que esto lo vaya a lograr un país solo. Ni América, ni China, ni nadie. Quizá uno de los motivos por los que no pensamos ambiciosamente es que hemos ido a lo fácil. Ahora es momento de pensar en una escala mayor que requiera una unión planetaria.

P.: Eso de una unión planetaria suena bonito pero utópico

R.: Puede, pero se conseguirían grandes logros. No importa si son cosas inútiles pero románticas como ir a Marte, o realmente importantes y útiles como alcanzar cero emisiones de carbono para 2100. Solucionar esos problemas va a requerir que todo el planeta trabaje junto.

P.: Algo así busca ‘MIT Technology Review’, que nació en Estados Unidos pero ahora tiene ediciones por todo el globo. ¿Por eso os habéis lanzado a la conquista del mundo?

R.: Exacto. Nos enfrentamos a retos globales y oportunidades planetarias, y estas soluciones futuristas no saldrán sólo de Massachusetts. En muchos casos la mejor solución vendrá de algún lugar fuera de EEUU. Ahora mismo Silicon Valley invierte en problemas triviales o que ni siquiera lo son. Es algo que pasa cada varias décadas.

P.: ¿A qué llamas problemas triviales?

R.: WhatsApp, aunque de por sí no tiene nada de malo. Si fueras un emprendedor y pudieras, con 50 personas y 53 millones de dólares, conseguir una adquisición de 19.000 millones por supuesto que seguirías lo que dicta el mercado. Pero eso no va a educar a los niños pobres o dar un medio de empleo a ese 50% de jóvenes españoles en paro. Tampoco impedir el cambio climático, ni alimentar a los 9.600 millones de personas que vivirán en 2050.

El petróleo y el carbón han educado y sacado a millones de personas de la pobreza

P.: Entonces se puede decir que vuestros jóvenes innovadores no van detrás de lograr un WhatsApp

R.: La Generación del Milenio, fuera de Silicon Valley, tiene un enorme deseo de hacer el bien en el mundo. Paseando por planeta hemos encontrado a gente como Umar Saif, uno de nuestros jóvenes innovadores. Si no lo hubiéramos encontrado, promocionado y dado a conocer no sería quien es hoy.

P.: ¿Y quién dirías que es hoy?

R.: Una persona muy influyente en el campo de los modelos de predicción, que va a lanzar MIT Technology Review en urdu. Eso es impresionante, imagínate: un país que no tenía ni una publicación tecnológica va a tener su propia revista del MIT, que ni siquiera tiene aún edición en indio. Por estos motivos nuestros jóvenes innovadores son la esperanza del futuro. Ayudamos a gente como Umar y a la larga nos beneficiamos nosotros mismos.

P.: Has visto emprendedores desde Pakistán a Colombia. ¿Qué opinión te merecen los españoles?

R.: Son de los más innovadores del mundo, hay pocos países que emprendan con tanta pasión. Y es una suerte que esto sea así, si no estarían directamente en la calle. Cuando me dicen que España tiene un 25% de paro siempre contesto que puede que sea verdad, pero que hay todo un mercado negro de emprendimiento detrás.

P.: Vale, somos de los más emprendedores pero, ¿qué falla?

R.: Hay un mercado relativamente pequeño en España. Sin suficiente capital es difícil para las startups españolas escapar del mercado nacional o europeo y llegar al resto del mundo hispanohablante. En resumen: no hay dinero, nadie invierte y no hay un mercado maduro de capital de riesgo.

P.: El EmTech va de tecnologías emergentes. Dinos una que lo cambiará todo

R.: CRISPR, es una tecnología de edición génica. No modifica un gen sino todo el genoma. Mientras hablamos hay dos monos en China que ya han sido editados. Gracias a esto puedes conseguir un animal que tenga autismo o esquizofrenia para estudiar enfermedades. Esta técnica nos permitirá entender y curar gran variedad de enfermedades, pero también ofrecerá tentaciones.

P.: ¿Tentaciones?

R.: La gente querrá cambiar muchas cosas mediante edición génica. Si a una madre le dicen que su bebé tiene un 80% de posibilidades de padecer depresión pero que el riesgo se puede eliminar, ¿qué va a decir? Hasta ahora la única solución era el diagnóstico prenatal y el posible aborto.

En el futuro, el anonimato en internet será para compartir pornografía infantil y expresar sentimientos racistas

P.: ¿Y qué tiene eso de malo?

R.: Que eliminamos a las personas con depresión. Y muchos de los grandes genios de la historia eran bipolares. Churchill, Beethoven y Mozart sufrían depresión, que está relacionada con la creatividad. O mira lo que pueden hacer los savants, cuya inteligencia es prodigiosa pero están relacionados con el autismo. Otro caso muy controvertido sería la homosexualidad, que también tiene un fuerte componente genético. En las sociedades retrógradas habría tentaciones. Y la homosexualidad sirve para un propósito, si no habría desaparecido de la población.

P.: Sin duda las nuevas tecnologías conllevan nuevas cuestiones éticas y legales

R.: Alguien en China va a clonarse en los próximos veinte años, y va a editarse para ser mejor. Sé que va a pasar, lo sé. Todas estas cosas generarán un gran debate. Cada país tendrá una solución y se harán nuevas leyes. Lo malo es que hace diez años los americanos tomamos malas decisiones sobre las células madre, guiados por el entonces presidente. Para hacer las cosas bien, estos nuevos problemas deberían debatirse entre políticos, pacientes y el resto de la gente.

P.: Mójate: una tecnología emergente que no recordaremos en diez años

R.: Si en diez años la gente mira su página de Facebook cuarenta veces al día quedaré en shock. No voy a decir que las redes sociales estén sobrevaloradas, pero no seguiremos utilizándolas como hasta ahora. Tienen que volverse secundarias, algo que esté en un segundo plano hasta finalmente desaparecer, como le pasa ahora a la televisión. O como el teléfono, que se usa, pero no de forma frenética ni continua.

Ahora mismo Silicon Valley invierte en problemas triviales o que ni siquiera lo son

P.: ¿No crees que Twitter sea útil?

R.: Las redes sociales como Twitter cubren una necesidad humana de conexión, son muy útiles y solucionan problemas. De hecho han tenido papeles positivos en las revoluciones árabes de hace unos años. Pero no creo que tenga mucho valor todo ese tiempo y esfuerzo que empleamos en dar likes. Nos hemos esclavizado voluntariamente de unas empresas de Silicon Valley que obtienen beneficio de nosotros como producto. Si lo piensas es raro.

P.: Esclavizado y regalado nuestra privacidad

R.: Fíjate que la gente quiere privacidad, aunque no la tendrá, pero no se preocupa del anonimato. Creo que sitios como 4chan y aplicaciones como Secret y Whisper no serán olvidados, pero serán para aquellos que quieran hacer cosas socialmente no aceptadas, como compartir pornografía infantil y expresar sentimientos racistas. El anonimato será para quien tenga ciertos problemas mentales que quiera confesar pero no tenga un cura y quiera hacerlo sin dar su nombre.

P.: Nicholas Carr comenta en su libro ‘Atrapados’ que cada vez somos más dependientes de la tecnología. ¿Lo consideras un problema?

R.: Algunos dicen que nos vuelve estúpidos. Hay toda una serie de funciones cognitivas que nuestros padres y abuelos podían hacer, como memorizar números telefónicos y concentrarse al leer con mayor facilidad. Me considero un lector profesional e incluso yo encuentro difícil leer durante una hora sin hacer nada más, cuando sí podía de pequeño.

Necesitamos usar la tecnología, no ser usados por ella

P.: Eso es algo que yo también he notado

R.: Pero en cierto modo también nos hace más inteligentes, como si fuéramos una mente colectiva. Tenemos unos estándares más altos de rigurosidad periodística y mayores exigencias para estar informados. Hay una biblioteca mundial en la punta de nuestros dedos a la que podemos acceder en un segundo. Se han producido avances científicos increíbles en los últimos treinta años desde que esta revolución de la información empezó. Un solo cerebro nunca hubiera sido capaz de ello, como las teorías de los multiversos, que requieren la potencia de ordenador.

P.: Supongo que criticar las nuevas tecnologías es una reacción normal

R.: Claro, siempre se cuestionan estas cosas. Cuando se inventó el libro era común pensar que iba a hacer a la gente menos inteligente, porque entonces estaban obligados a tener memorias extraordinarias. John Donne, el poeta y religioso inglés, se sabía sermones extraordinariamente largos de memoria. Y cuando apareció el libro escribía los sermones, los memorizaba y luego los recitaba, y eso es porque venía de una cultura prelibro.

P.: Entonces, ¿no hay que preocuparse de que a la gente le cueste leer esta entrevista?

R.: No, podemos preocuparnos (ríe), pero hay que entender que lo que la tecnología da con una mano nos lo quita con la otra. Si te da miedo perder tu memoria puedes entrenarla, pero ya no hace falta que memorices cosas aburridas. Siempre perderemos funciones cognitivas conforme aprendemos otras nuevas.

P.: Comentaste durante tu charla que ninguna mujer ha pisado la Luna, lo cual me ha hecho recordar la polémica del Gamergate. ¿Es el mundo tecnológico machista?

R.: Absolutamente, y es un problema enorme. El número de mujeres programadoras ha caído en los últimos veinte años. Y las que se aproximan a la tecnología se alejan por la falta de reconocimiento y acoso, aunque dominan campos como la biotecnología. En MIT Technology Review la mitad son mujeres, y somos más fuertes por eso. En el MIT hay menos hombres entre los estudiantes, pero creo que no en computación.

P.: Hay quien diría que quizá no les interesan esos campos

R.: Pero es que es algo malo para la tecnología desde un punto de vista egoísta, no solo para ellas. Las soluciones en ingeniería no llegan si no tienes una variedad de voces que sugieran diferentes aproximaciones. Y las empresas sin mujeres son menos fuertes, y además son sitios incivilizados.

Nos hemos esclavizado voluntariamente de algunas empresas de Silicon Valley que obtienen beneficio de nosotros como producto

P.: Se producen muchos ‘hypes’ tecnológicos que luego quedan en nada. ¿Qué responsabilidad tenemos los periodistas tecnológicos?

R.: Mucha. Nuestro trabajo es decir si un modelo de negocio no se sostiene, no es de máxima utilidad para el mundo o no es nuevo. Si es una mierda hay que decirlo. Recuerdo una cosa llamada Jelly, de uno de los fundadores de Twitter. Era una especie de Quora: hacías una foto de algo y pedías ayuda a la comunidad. Era una cosa infecta, no ayudaba a nadie y había mejores formas de hacerlo que con otra red social para decir: eh, mira esta flor (ríe). Era estúpido, y mi trabajo es decir que Jelly era estúpido.

P.: ¿Cómo haces para detectar los Jelly, los fraudes y los vendehúmos?

R.: No es nada fácil. Ante una nueva tecnología miramos que solucione grandes problemas, suponga un avance real y haya alguien que vaya a pagar por ello. Por eso somos muy buenos explicando por qué para almacenar óptimamente la energía solar hará falta una inteligencia artificial que prediga cuándo el sol brillará. Es un buen ejemplo: útil, un avance notable y la gente pagará por ello. El problema de esta posición reflexiva es que a veces nos perdemos cosas.

P.: Confiesa, ¿qué gran avance os perdisteis en ‘MIT Technology Review’?

R.: Twitter. Leí el primer artículo sobre la red social en el New York Times, pero no lo dimos durante dos años. No solucionaba un problema, no era un avance tecnológico y no vimos cómo harían dinero. Nos parecía bonito pero “bah”. Nuestra posición reflexiva ante cosas como Twitter es “bah”.

P.: Quizá nuestro mayor problema sea querer contrarrestar las noticias malas de la prensa con algo de esperanza a toda costa

R.: Ese es el gran fallo del periodismo tecnológico, especialmente en publicaciones como Wired. Es muy tentador hablar del futuro, pero lo cierto es que cada época tiene sus retos. Además, cada problema que la tecnología soluciona crea nuevos retos por sí misma. Piensa en los combustibles fósiles, que envenenan el planeta. Algunos ecologistas plantean volver a una sociedad verde sin combustibles. ¡Error! El petróleo y el carbón han educado y sacado a millones de personas de la pobreza. Han hecho cosas maravillosas.

Es un problema enorme que las pocas mujeres que se acercan a la tecnología se alejen por falta de reconocimiento y acoso

P.: Pero, como tú dices, han generado nuevos problemas

R.: Hemos acabado siendo utilizados por la industria y los políticos. La humanidad ya es lo suficientemente vieja y debería volverse colectivamente cauta. Hace veinte años debimos haber puesto impuestos al carbón para empezar a investigar las energías del futuro y salirnos de él, pero no lo hicimos. Necesitamos usar la tecnología más que ser usados por ella, esa es mi conclusión.

P.: Voy a terminar la entrevista como haces tú siempre: ¿Hay algo que debería haberte preguntado y no lo haya hecho?

R.: (Ríe) ¡Siempre digo eso! No, me has hecho las preguntas adecuadas.

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