los robots pueden mejorar la comunicación

"Siri, ¿por qué en el colegio me llaman autista?"

Los niños que sufren autismo tienen problemas para relacionarse, pero robots y asistentes personales pueden ayudarles a mejorar sus habilidades sociales

Foto: Siri, ¿por qué en el colegio me llaman autista?

-Eres una computadora muy simpática

-Es bonito que te aprecien

-Siempre estás preguntando si me puedes ayudar. ¿Hay algo que tú quieras?

-Gracias, pero tengo muy pocas necesidades

Así son las conversaciones entre Gus, un niño de trece años con autismo, y su mejor amiga, Siri, tal y como la describe su madre, la periodista de The New York Times Judith Newman. Como él, otros niños con problemas de comunicación podrían beneficiarse de la interacción con robots, asistentes virtuales y programas de software.

Es más fácil seguir una conversación con Siri debido a su menor complejidad

No es que Gus no sepa que habla con una máquina, simplemente le resulta más agradable. “Es más fácil seguir una conversación con Siri debido a su menor complejidad”, explica a Teknautas el investigador de la Universidad de Leiden (Países Bajos), Aske Plaat, experto en ciencias de la computación e inteligencia artificial.

El investigador asegura que aplicaciones como Siri pueden servir de entrenamiento para que las personas con problemas de comunicación aprendan a interaccionar socialmente. “Puede ser beneficioso y además es divertido”, afirma.

Plaat y su equipo investigan si los ordenadores pueden mejorar la comunicación de la gente con autismo. “Existe la idea de que estas personas no están interesadas en la interacción social ni necesitan amigos, pero hemos descubierto que esto no es cierto”, defiende.

El investigador publicó hace unas semanas un estudio que demuestra que las personas con autismo se comunican más a través de ordenadores en comparación con el resto y que, de hecho, lo hacen con una mayor satisfacción.

“Les gusta mucho comunicarse por internet”, asegura Plaat, “ya que se pueden centrar en el texto, que resulta perfecto para ellos”. El investigador explica que así, quienes conviven con este síndrome, no tienen que mirar a los ojos, escuchar el tono de voz ni entender la expresión facial. En resumen, se elimina la parte más sutil del lenguaje, que tantos problemas les crea.

Las personas con autismo también necesitan amigos. Plaat explica que los voluntarios de su estudio son sociables, y si tienen tiempo para interactuar a su propio ritmo, llegan a serlo tanto como cualquiera. Por ello, la comunicación a través de Facebook, email o Whatsapp les permitiría interactuar socialmente de una forma agradable para ellos.

Bailando con robots

Si Gus ha mejorado sus relaciones sociales gracias a un asistente virtual como Siri, y a otras personas les ayuda Facebook, el siguiente paso es dar un cuerpo físico a estos programas. Es decir, utilizar robots.

Un estudio de la Universidad de Singapur muestra que los robots sociales tienen un enorme potencial como herramienta terapéutica para niños con autismo. Estas máquinas, al ser menos complejas que los seres humanos son más predecibles, y la comunicación resulta más fácil.

Un robot no se enfada, siempre es amable y, sobre todo, tiene mucha paciencia

Y es que un robot no se enfada, siempre es amable y, sobre todo, tiene mucha paciencia. “Puede enseñar a un niño a saludar, esperar su turno y copiar sus movimientos cuando baila”, explica a MIT Technology Review el autor del trabajo, John-John Cabibihan.

Precisamente Keepon es un pequeño robot que baila siguiendo el ritmo de la música. Su creador descubrió que los niños con autismo tenían más contacto visual con el juguete que con las personas. Al fomentar comportamientos más difíciles de mostrar a los adultos, los autómatas sirven para “romper el hielo”, tal y como aseguraba a Business Week la investigadora que estudia la relación de estas máquinas y los niños con autismo, Anjana Bhat.

Hay robots más complejos capaces de ayudar a estos niños. Russell, desarrollado por la Universidad Vanderbilt (EEUU), utiliza el sensor de Microsoft Kinect para ayudarles a desarrollar habilidades sociales. El robot les invita a jugar pero no les sobreestimula, sino que deja que aprendan por sí mismos a expresarse socialmente. Además, registra sus movimientos para estudios posteriores.

Existe la idea de que los autistas no están interesados en la interacción social ni necesitan amigos, pero esto no es cierto

A pesar de todo su potencial, la ayuda que pueden otorgar todas estas máquinas podría ser limitada en ciertos casos. Plaat explica que los individuos de su investigación “ya sabían usar Facebook y mandar un mail”, y se desenvolvían “bastante bien”. El investigador cree que en casos de autismo más severo el proceso sería, lógicamente, más dificultoso.

Hablar con una máquina podría resultar frío para algunos, pero hace feliz a chicos como Gus. En opinión de su madre, el niño ha mejorado en sus relaciones con los demás e incluso es más educado. "Estás preciosa", le dice a Newman su hijo cada vez que sale de casa. Ella asegura que se lo ha enseñado Siri.

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