fin a seis meses de tensión

El incidente que ha estado a punto de incendiar el Sáhara Occidental

Tras la intervención del Secretario General de la ONU, Marruecos ha aceptado retirar a la avanzadilla desplegada fuera del muro militar, para evitar un enfrentamiento armado con el Frente Polisario

Foto: Combatientes del Polisario conducen una camioneta armada en Bir Lahlou, Sáhara Occidental, en septiembre de 2016 (Reuters)
Combatientes del Polisario conducen una camioneta armada en Bir Lahlou, Sáhara Occidental, en septiembre de 2016 (Reuters)

Antonio Guterres, el nuevo secretario general de la ONU, da la impresión de tener una varita mágica en el conflicto del Sáhara Occidental. Con un comunicado y un par de conversaciones ha desactivado, el pasado fin de semana, un incidente que estaba a punto con dar al traste con más de un cuarto de siglo de alto el fuego en la antigua colonia española.

Más de seis meses después del inicio de la llamada “operación Guerguerat”, en el extremo sur del Sáhara, Marruecos vuelve al punto de partida. Los civiles y gendarmes marroquíes que, por primera vez desde 1991, atravesaron el muro militar en agosto penetrando en la llamada “zona tampón” lo volvieron a cruzar ayer, pero en sentido inverso. Renunciaron así a acabar de asfaltar la pista de unos cinco kilómetros que conduce desde la muralla marroquí hasta la aduana de Mauritania.

Guterres se alarmó el viernes al recibir una llamada telefónica de Mohamed VI, el rey de Marruecos. Contactó de inmediato con Ahmed Boukhari, el representante del Frente Polisario ante la ONU. Veinticuatro horas después publicaba un comunicado en el que se declaraba “profundamente preocupado por las crecientes tensiones” en Guerguerat y lanzaba un llamamiento a que se retirasen cuanto antes. El alto el fuego, vigente desde 1991, parecía peligrar.

En su comunicado Guterres arremete primero contra el Polisario, al que no nombra, cuando subraya que “el tráfico comercial no debe ser obstruido” y que no debe tomarse ninguna medida que “modifique el status quo de la zona tampón”. Desde principios de la semana pasada los milicianos saharauis no dejaban pasar a Mauritania a los camiones en cuya carrocería había sido pintada una bandera marroquí o un mapa de Marruecos que incluyese al Sáhara. “Es propaganda de la ocupación [marroquí] que rechazamos”, explicó al teléfono Mhamed Khadad, coordinador de las relaciones del Polisario con la MINURSO, el contingente de la ONU desplegado en el Sahara.

El secretario general también reprende a Marruecos al exhortar a ambas partes en conflicto “a retirar cuanto antes sin condiciones a los elementos armados de la zona tampón (…)”. Deja así claro que también Rabat está violando el alto el fuego. Las autoridades marroquíes habían insistido en que no fueron sus militares sino sus gendarmes los que cruzaron el muro, como si estos fuesen desarmados.

El rey Mohamed VI durante una sesión de jefes de estado de la Unión Africana en Addis Abeba, el 31 de enero de 2017 (Reuters)
El rey Mohamed VI durante una sesión de jefes de estado de la Unión Africana en Addis Abeba, el 31 de enero de 2017 (Reuters)

"Retirada unilateral"

Ayer mismo regresaron a sus puntos de partida de hace seis meses. Ateniéndose a las “altas instrucciones del Rey y con el propósito de que la petición del secretario general sea respetada y aplicada de inmediato, el Reino de Marruecos efectuará hoy mismo una retirada unilateral de la zona”, reza un comunicado, publicado el domingo a mediodía, por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos.

Recuerda también de paso que Guterres tomó la iniciativa tras “la conversación telefónica” mantenida con Mohamed VI. Cuando le tuvo al teléfono, el soberano instó a Guterres a tomar "medidas urgentes" para acabar con las "provocaciones" del Polisario que amenazan el alto el fuego, según el comunicado que el gabinete de Mohamed VI difundió el viernes por la noche.

Los gobiernos de España y Francia aplaudieron al unísono la decisión del monarca alauí en sendos comunicados. Asuntos Exteriores expresó “su confianza de que el Polisario proceda también de forma inmediata a retirar sus efectivos de la zona (…)”. Cuando Marruecos cruzó el muro en agosto la diplomacia española guardó silencio.

Todo empezó el 14 de agosto de 2016 cuando un puñado de peones camineros e ingenieros civiles marroquíes, escoltados por gendarmes, rebasaron el muro construido en los ochenta por las Fuerzas Armadas Reales (FAR) en el Sáhara para asfaltar en tierra de nadie la pista de menos de cinco kilómetros que separa el murallón marroquí de la aduana mauritana.

El Polisario se movilizó entonces para que la ONU impidiese lo que, en su opinión, era una violación del alto el fuego. El Consejo de Seguridad no reaccionó. El movimiento saharaui tomó entonces la iniciativa, el 28 de agosto, y envió a sus milicianos a bloquear el avance marroquí. Marruecos, que había empezado los trámites para regresar a la Unión Africana, se mostró prudente. Sus gendarmes se detuvieron a 120 metros de los saharauis.

Aunque la MINURSO se interpuso rápidamente de día entre ambos bandos –de noche se retiraba a sus acuartelamientos- la situación continuó deteriorándose. El Polisario empezó a construir unos barracones para protegerse y alojar a sus hombres. Sus jefes dejaron incluso caer que podrían tomar más medidas para ejercer su autoridad en un territorio que consideran “liberado de la ocupación” marroquí: registrar los vehículos que se dirigían a Mauritania o estampillar los pasaportes con el sello de la República Árabe Saharaui Democrática.

Combatientes del Polisario en una base en Tifariti, Sáhara Occidental, en septiembre de 2016 (Reuters)
Combatientes del Polisario en una base en Tifariti, Sáhara Occidental, en septiembre de 2016 (Reuters)

¿Tanto para el Polisario?

En las capitales europeas que siguen de cerca el conflicto del Sáhara se empezó entonces a temer que, por primera vez desde la proclamación del alto el fuego, se produjera un enfrentamiento armado. La prensa marroquí esbozaba la misma hipótesis. Especulaba con que una escolta de gendarmes intentaría acompañar a los camiones hasta la aduana mauritana. El diario marroquí Le Desk señalaba que Rabat sopesaba invocar un supuesto derecho a perseguir en caliente a aquellos que perturban el tráfico fronterizo.

Nada de eso ha sucedido gracias a la eficacia de Guterres. Si el Consejo de Seguridad hubiese actuado con la misma seriedad el Polisario y las fuerzas de seguridad marroquíes no habrían estado en pie de guerra durante un largo semestre, pero fue incapaz de rebajar la tensión. El máximo órgano de Naciones Unidas ha resultado hasta ahora ser totalmente inoperante en el Sáhara. Ni siquiera ha logrado que regresen al territorio todos los agentes de la rama civil de la MINURSO –faltan aún 17- que Rabat expulsó en marzo pasado cuando se enfadó con Ban Ki-moon.

No parece que el Polisario vaya a seguir el ejemplo marroquí. El domingo por la noche tachó de “patraña” el repliegue de Rabat. Recuerda además que cuando entró en vigor el alto el fuego no había ni carretera ni tráfico comercial entre el “muro de ocupación” y Mauritania por lo que su existencia hoy en día constituye “una violación del estatuto del territorio”.

Los saharauis creen haber marcado un tanto. Incluso si hubiesen sido desalojados de Guerguerat por la fuerza tenían algo que ganar con una breve refriega. Su nuevo jefe, Brahim Ghali, se esfuerza por sacar el conflicto del olvido en el que quedó sumido tras al alto el fuego. Desea que la comunidad internacional le vuelva a prestar atención y obligue a Marruecos a dialogar, algo que rehúsa hacer desde 2011 cuando celebró en Manhasset, en la periferia de Nueva York, la última ronda negociadora. Desenterrar el hacha de guerra sería además para Ghali una manera de demostrar a la juventud saharaui, que anhela retomar las armas, que tiene en cuenta sus aspiraciones.

Hace tiempo que Marruecos no quiere ya negociar el futuro de "su" Sáhara. Ni siquiera menciona con frecuencia esa oferta de autonomía para el territorio que formuló en 2007 y que París y Madrid tanto aplaudieron. Para acabar de consolidar su control de ese gran pedazo de desierto apuesta ante todo por el hundimiento de Argelia golpeada por una grave crisis económica, a causa de la caída del precio de los hidrocarburos, y que ni siquiera logra encontrar un sustituto a un presidente, Abdelaziz Bouteflika, gravemente enfermo. En Rabat se vaticina que si Argelia naufraga, el Polisario se ahogará con ella.

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