¿LLEGA TARDE EL PROCESO?

El Constitucional alemán rechaza ilegalizar al partido nazi NPD

El auge de AfD resta importancia a la sentencia del Constitucional sobre la ilegalización del NPD. Todo indica que en las elecciones de septiembre cosechará un gran resultado

Foto: Simpatizantes del NPD durante una protesta contra la llegada de refugiados, en Dortmund, Alemania (Reuters).
Simpatizantes del NPD durante una protesta contra la llegada de refugiados, en Dortmund, Alemania (Reuters).

Segundo fracaso. El Tribunal Constitucional alemán rechazó hoy ilegalizar al NPD, el principal partido neonazi, tal y como vaticinaron el Gobierno y la mayoría de los expertos. Los jueces del TC creen que el ideario político del partido "desprecia la dignidad humana y es incompatible con los principios de la democracia", pero no hay indicios de que pueda llevar adelante sus propósitos inconstitucionales.

Ya el primer intento, en 2003, fracaso por este motivo. Pero quizá la sentencia ya sea lo de menos. Llega, a juicio de muchos, demasiado tarde. Alemania tiene un problema con su ultraderecha, pero no es el NPD. Se llama Alternativa para Alemania (AfD) y todo indica que en las elecciones generales de septiembre este partido de nuevo cuño cosechará el mejor resultado jamás obtenido por una fuerza de su espectro ideológico desde la II Guerra Mundial.

Ilegalizar a un partido es muy complicado en Alemania. Tiene sentido que así sea. La última vez que se prohibió una formación política, el Partido Comunista de Alemania, fue hace más de 60 años. La cuestión es que no basta con probar ante la más alta instancia judicial que la ideología en que se basa su programa atenta contra la ley fundamental. Hay que demostrar además que la fuerza en cuestión es peligrosa para el Estado y que es necesario sacarla definitivamente del juego político.

El NPD percibió el año pasado 1,4 millones de euros -la mitad de sus ingresos- de las arcas públicas, en concepto de sueldo por sus representantes políticos.En este segundo punto es en el que se atasca el caso del NPD, literalmente el Partido Nacionaldemocrático de Alemania, una fuerza fundada en 1964 y con apenas 5.000 militantes en la actualidad, tras sufrir grandes altibajos a lo largo de las últimas décadas. Los expertos coinciden casi de forma unánime en destacar que su ideología es inconstitucional. Que sus fundamentos enraízan en las tesis del fascismo. El parlamentario socialdemócrata Uli Grötsch, experto en extremismo de derechas, no duda en subrayar que el partido "es y sigue siendo un partido racista, enemigo de la constitución y de las personas". Pero el problema es demostrar su relevancia política. Demostrar la necesidad que tiene Alemania de ilegalizarlo para proteger su estructura jurídico-política.

Nivel de peligrosidad

Recientemente el diario 'Bild' filtraba un documento interno del Gobierno alemán en el que, precisamente por este asunto, anticipaba un fallo negativo del Constitucional. Por su actividad política y sus resultados electorales, argumentaba el análisis, el NPD "no alcanza el nivel de peligrosidad". Las sesiones del juicio, agregaba el texto, no han servido para que el tribunal encuentre "pruebas convincentes sobre el peligro para el orden liberal-democrático" que supone este partido ultraderechista. Esto significa, apostillaba el periódico, que el NPD está muy lejos de poder ejercer una influencia decisiva sobre la formación de gobierno o la estructuración del orden público.

Los estados federados, quienes llevaron ante el Constitucional al partido, tampoco se hacían grandes ilusiones sobre el fallo del alto tribunal. "No somos especialmente optimistas", aseguraba días antes de la sentencia al diario Berliner Zeitung una fuente de los Länder próxima a este mediático proceso judicial. "Es muy probable que perdamos", reconocía. Nadie disputa que el NPD es "claramente inconstitucional en términos ideológicos", proseguía la fuente, que se mostraba deseosa de que la sentencia reflejase este punto. Pero incluso ellos, que presentaron en 2013 la querella, veían "muy improbable" el asunto de la relevancia. Los jueces, pronosticaban, llegarán a la conclusión de que el NPD es ahora mismo demasiado irrelevante para tener que ser prohibido.

Seguidores de Pegida con un cartel del NPD se manifiestan contra la llegada de refugiados en Colonia, Alemania (Reuters).
Seguidores de Pegida con un cartel del NPD se manifiestan contra la llegada de refugiados en Colonia, Alemania (Reuters).

Efectivamente, el NPD está atravesando en la actualidad uno de sus peores momentos. Las peleas intestinas y el surgimiento de otras fuerzas en el ámbito de la extrema derecha y de la derecha radical populista, han dejado su militancia en los huesos. También sus finanzas se encuentran en un momento crítico. Esto se debe a sus últimos fracasos electorales. Tras unos años en relativo ascenso, la formación -que no supero el 5% mínimo para entrar en el Bundestag- se ha quedado ahora también sin representación en los Länder. Tan sólo tiene actualmente un eurodiputado y unas 340 concejalías y cargos públicos (de 230.000 en todo el país), principalmente en el este de Alemania. El juez del Tribunal Constitucional Peter Müller aseguró durante el juicio que el partido se encuentra en una situación financiera desoladora y que apenas registra actividad.

De hecho, esa ha sido la tesis que ha esgrimido la defensa desde el principio del proceso. Pese a que como campaña propagandística es la perdición, saben que es el argumento al que deben agarrarse para esquivar la ilegalización. Son irrelevantes y, por tanto, inofensivos para el Estado. El politólogo Eckhard Jesse, experto en totalitarismos, compareció en el juicio a petición de los abogados del NPD y destacó que la formación es, sin duda, "enemiga de la libertad", pero tachó de ridículo el intento de prohibirla. Esta fuerza política "no es peligrosa" y está aislada de otros grupos de su espectro ideológico.

Argumentos a favor y en contra

El Constitucional tenía además otro motivo para dudar de la conveniencia de ilegalizar al NPD. El partido ya ha anunciado su intención de apelar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso de que fuese prohibido en esta "caza de brujas" que tiene "fundamentos políticos no jurídicos", según dice su presidente, Frank Franz, en la última edición de la publicación del NPD, la Deutsche Stimme. El daño a la imagen de Alemania y su poder judicial sería grave si la corte fallase en la ilegalización.

No obstante, varios expertos subrayan la importancia de que se prohíba al NPD. Andreas Speit, autor de libros como "Sangre y Honor: Historia y presente de la violencia de derechas en Alemania" y "Las derechas radicales de Europa", aseguró en una entrevista en la emisora "Deutschlandfunk" que su ilegalización mandaría una "señal" no sólo a los militantes del partido, sino a todos los simpatizantes de la extrema derecha. Otros, como el responsable de Interior del estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania, el cristianodemócrata Lorenz Caffier, destacan el aspecto financiero de la prohibición. El NPD percibió el año pasado 1,4 millones de euros -la mitad de sus ingresos- de las arcas públicas, en concepto de sueldo por sus representantes políticos. Eso, a su juicio, debe atajarse. El Estado no puede financiar a los fascistas.

Luego están las especulaciones sobre qué sucederá ahora que se conoce el fallo. Muchos recuerdan a que, tras el primer intento frustrado de ilegalizarlos, el NPD se creció, ganó militantes y su representación política aumentó. Otros consideran que una prohibición no acabaría con la cuestión de fondo, la tasa de población que se encuadra dentro de la extrema derecha. Dentro de este ámbito podría llegar a encuadrarse al 20 por ciento de los alemanes, según distintos estudios realizados a lo largo de los años. No obstante, este porcentaje se dobla al tratarse cuestiones relativas al rechazo a los musulmanes.

Por eso, el verdadero quebradero de cabeza para el Gobierno alemán no es el NPD, que ya no es en absoluto el que era en los años 90 o, en menor medida, a mediados de la pasada década. Su problema es AfD que, con sus consignas xenófobas y euroescépticas, pero alejada de la alarmante estética de las botas militares y las cabezas rapadas, no deja de ascender en las encuestas desde su creación en 2013. Según los últimos sondeos, un 13% de los alemanes votaría por este partido de celebrarse ahora elecciones generales, frente al 1,3% que obtuvo el NPD en las últimas generales. AfD se convertiría así en la tercera mayor formación en el Bundestag.

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