el ei reivindica el atentado en berlín

Atentados, populismo y refugiados: el cóctel electoral tóxico para Merkel

El ataque al mercadillo de Berlín es un nuevo varapalo a las expectativas electorales de Merkel en las generales del año que viene. Y un acicate para las aspiraciones de la ultraderecha

Foto: La canciller alemana, Angela Merkel, visita el lugar del atentado. (EFE)
La canciller alemana, Angela Merkel, visita el lugar del atentado. (EFE)

La cuestión de los refugiados es el talón de Aquiles de Merkel. Cada vez que la crisis se complica, las encuestas se le tuercen a la canciller, que aspira el próximo septiembre a su cuarta legislatura. Pero la posibilidad de que el primer gran atentado que ha sufrido Alemania en los últimos años sea obra de un peticionario de asilo es suficiente para que la canciller se tambalee. Es su punto débil. La derecha radical no duda en meter el dedo en la llaga para obtener réditos políticos y aspira a que la cuestión migratoria se consolide como tema de la campaña para las próximas elecciones generales. Pescando votos en aguas revueltas.

Apenas habían pasado unas horas desde que el camión embistió el popular mercadillo navideño de la Breitscheidplatz, en una conocida área comercial de Berlín. Ni siquiera se sabía con seguridad el número de personas que habían muerto arrolladas y se hablaba de decenas de heridos, algunos de ellos muy graves. Por el momento, tan solo se habían escuchado palabras de solidaridad y condolencias por parte de líderes de otros países y representantes de partidos políticos. Entonces llegó la primera declaración desde Alternativa para Alemania (AfD). El eurodiputado de la formación ultraderechista Marcus Pretzell estalló en Twitter: "¿Cuándo va a reaccionar el Estado de derecho alemán? ¿Cuándo acabará esta maldita hipocresía? Son los muertos de Merkel".

Atentados, populismo y refugiados: el cóctel electoral tóxico para Merkel

La líder de AfD, Frauke Petry, esperó unas horas más para adoptar una postura sobre el atentado. En un comunicado, acusó a la canciller de irresponsable, imprudente y culpable política última de los ataques. A su juicio, Alemania "ya no es segura" porque Merkel mantuvo las fronteras "irresponsablemente abiertas" ante la llegada masiva de refugiados. Esto permitió la entrada de islamistas radicales extranjeros. El problema, agregó Petry, "fue importado de forma imprudente y sistemática en el último año y medio". Alentando el miedo, agregó sobre el atentado en Berlín: "No es ni será un caso aislado".

Petry aprovechó además para tocar varios de los hilos argumentales que entretejen su programa. Argumentó que el atentado fue "un ataque a nuestra libertad y nuestra manera de vivir" y "también a nuestra tradición cristiana". Además, abogó por cerrar las fronteras, recuperar la soberanía nacional y dotar de más medios a las fuerzas de seguridad. Asimismo, propuso expulsar a "los terroristas potenciales" y a "los denominados potencialmente peligrosos" y cerrar de inmediato "las mezquitas en las que se predica la yihad" en Alemania.

Ahora, después de que el Estado Islámico (ISIS) haya reivindicado la autoría del atentado de Berlín, es más que probable que las tácticas de desgaste de la ultraderecha contra Merkel se redoblen. La sospecha de que el autor fuese un joven refugiado paquistaní —que fue detenido y posteriormente puesto en libertad por falta de pruebas— fue suficiente para la primera andanada. AfD tiene aquí mucho que ganar y muy poco que perder. Sus votantes están comprometidos y fidelizados, mientras que entre las filas conservadoras, en momentos como este, cunde el desánimo.

AfD en los sondeos

Los sondeos de los últimos meses hacen prever curvas para Merkel y sus conservadores tras el ataque de Berlín. Solo hace falta revisar las encuestas de intención de voto de los últimos años. Su peor registro en toda esta legislatura (2013-2017) tuvo lugar en septiembre de este año, algo más de un mes después de que se perpetrasen los dos primeros atentados yihadistas en territorio alemán. De forma significativa, los dos atacantes eran peticionarios de asilo, uno afgano y otro sirio. Si los conservadores sumaron en las elecciones generales de 2013 un 41,5% de apoyos, en septiembre lograban un 32%. Seguían siendo la fuerza más votada, pero con un desgaste más que evidente. Para encontrar un registro peor, habría que remontarse a mayo de 2012, durante uno de los peores episodios de la crisis griega.

Atentados, populismo y refugiados: el cóctel electoral tóxico para Merkel

De forma inversa, los resultados de AfD mejoran cuando el centro-derecha se hunde. Así, el partido que en 2013 se quedó a las puertas del Bundestag con un 4,7% de apoyos y a tres décimas del mínimo legal, llegó a rozar el 15% de apoyos en las encuestas nacionales el pasado septiembre. Ese porcentaje lo convertía, en teoría, en la tercera fuerza política en el parlamento alemán. Además, las dos elecciones regionales que tuvieron lugar en esas fechas supusieron sendos varapalos para la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y una muestra de la pegada de los ultraderechistas, que lograron un 12% de apoyos en el Land de Berlín y un 21,9% de las papeletas en Mecklemburgo-Antepomerania.

En el peor de los escenarios posibles para Merkel, el bloque conservador (la CDU y su hermana bávara, la Unión Socialcristiana, CSU), pese a ser el más votado, podría quedarse fuera del Gobierno alemán tras las elecciones de septiembre de 2017. Esto podría suceder si AfD consigue rascarle muchos votos por la derecha y los tres partidos de izquierdas (socialdemócratas, verdes y La Izquierda) logran sumar mayoría. Estas tres formaciones llevan ya semanas tanteándose para derrotar a la canciller e impedir que sume 16 años en la Cancillería.

Merkel, en busca del equilibrio

Merkel consciente de la estrategia de desgaste de AfD, trató ayer, en una comparecencia por el atentado, de buscar un difícil punto de equilibrio con el que contentar a esos votantes de derechas escépticos con su política de puertas abiertas con los refugiados. "Como millones de personas, estoy profundamente triste, conmocionada y horrorizada", afirmó la canciller, que tachó el ataque en el mercadillo navideño de "cruel e inconcebible" e instó a sus conciudadanos a no quedar "paralizados por el miedo al mal" de la amenaza terrorista. Además, consideró que sería "especialmente repugnante", "especialmente insoportable", que la persona o personas que cometieron el ataque hubiesen pedido asilo previamente en Alemania.

Además, Merkel ha hecho en los últimos meses una serie de guiños a esos votantes desencantados que consideran que, al menos en la cuestión de los refugiados, ella está demasiado escorada hacia el centro. Por eso, su Gobierno ha limitado el derecho de asilo y acelerado las expulsiones (incluso de afganos), además de plantearse la prohibición del velo integral islámico en espacios públicos. También ha lanzado planes para contratar a más policía, instalar más cámaras de vigilancia, rebajar el secreto médico —para que los profesionales puedan denunciar a potenciales criminales entre sus pacientes— o, incluso, restaurar el servicio militar obligatorio en situaciones críticas.

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La misma CDU —en parte temerosa ante los comicios, en parte en desacuerdo con su líder— ha dado un giro a la derecha en su último congreso, celebrado a principios de diciembre. En él aprobó una serie de propuestas que van desde restringir los casos en que se concede la doble nacionalidad a endurecer las sanciones para peticionarios de asilo que cometan irregularidades, pasando por incluir el alemán como idioma nacional en la Constitución.

Este guiño va también dirigido a la CSU, que también se ha revuelto tras el atentado y elevado su presión sobre la canciller. Escéptica desde el principio con la llegada masiva de peticionarios de asilo, ha vuelto a reivindicar su exigencia de poner un cupo anual para los refugiados. El presidente del partido y del Land de Baviera, Horst Seehofer, exigió este martes una reforma de "toda la política de migración y seguridad". La formación bávara, una importante fuente de votos, participa en las generales siempre de la mano de la CDU, pero la gestión de la crisis de los refugiados la llevó a finales del año pasado a poner en duda esta tradicional coalición y a Merkel como su líder común. Un desafío sin precedentes. Ahora instan al partido de la canciller a cambiar de rumbo para poder acordar un programa con el que concurrir conjuntamente a las elecciones generales.

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