RELATO DE UN SUPERVIVIENTE DEL ASALTO A CEUTA

"La gente no podía nadar con el gas y las balas de goma de la Guardia Civil"

A las dos de la tarde del 6 de febrero, Désiré iba camino de la comisaría de Tetuán. “La guardia civil ha disparado a los flotadores”, fue lo primero que dijo

Foto: Miembros de la Guardia Civil junto a un cadáver hallado en la playa de la Ribera, en Ceuta.
Miembros de la Guardia Civil junto a un cadáver hallado en la playa de la Ribera, en Ceuta.

A las dos de la tarde del jueves 6 de febrero, Désiré, con una herida en la cabeza, estaba camino de la comisaría de Tetuán, en un vehículo de la policía marroquí, junto a veinte personas más. “La Guardia Civil ha disparado a los flotadores”, fue lo primero que dijo, nervioso, a gritos, al otro lado del teléfono, desde la furgoneta. Aquel día, la policía marroquí se llevó a decenas de personas, en furgones, hacia Tetuán, Rabat y Casablanca y los abandonó a su suerte. Désiré consiguió regresar a Tánger y allí, más tranquilo, al cabo de una semana, explica lo que ocurrió aquel día. Cuando llega la pregunta, no responde inmediatamente. Se queda mirando al suelo unos momentos.

“Llegué a tocar el Mediterráneo, sí. Pasé casi media hora en el agua, pero no estaba lejos de la orilla. No era mi primera vez y sabía que no podía alejarme, no podía forzar, porque me podía costar la vida. Entonces la Guardia Civil comenzó a disparar balas de goma y gases contra nosotros. La gente no podía nadar con el gas, pero yo conseguí llegar, aunque me alcanzó una de las balas en la cabeza”. Se quita el gorro de lana y enseña, entre el cabello rapado, una pequeña herida cosida en la coronilla. Era su cuarto intento de cruzar hacia Ceuta.

Fueron los agentes marroquíes quienes le ayudaron a salir del agua esa mañana y quienes pidieron una ambulancia para los heridos. Mientras se sacudía la arena, Désiré comenzó a buscar a su amigo Darious en la playa, entre las personas que habían salido ya del agua, pero no lo vio. Cuando empezaron a salir cadáveres del mar, tampoco lo encontró entre ellos.

“La policía marroquí nos dijo que nos quedáramos tranquilos, pero al ver que cada vez salían más cuerpos, nos enfadamos tanto que empezamos a lanzar piedras hacia la parte española. Uno de ellos siguió tirando desde lo alto de la pasarela. ¡Hemos perdido a nuestros amigos porque habéis tirado a los flotadores!, gritamos. La gente tampoco podía nadar con los gases. No tenían fuerzas. Cuando lanzaron el gas la gente no pudo salir”.

Pasé casi media hora en el agua, pero no estaba lejos de la orilla. No era mi primera vez y sabía que no podía alejarme, no podía forzar, porque me podía costar la vida. Entonces la Guardia Civil comenzó a disparar balas de goma y gases contra nosotros. La gente no podía nadar con el gas, pero yo conseguí llegar, aunque me alcanzó una de las balas en la cabezaEl sábado 8 de febrero, Désiré volvió a la frontera con Ceuta, a Fnideq, Castillejos, en su nombre español, o “Casiago”, como pronuncian la mayoría de los inmigrantes subsaharianos. Vio los dos cuerpos que quedaron en la morgue del Hospital Hassan II, y ninguno de ellos era su amigo. Fue también a Mdiq, a pocos kilómetros, donde permanecían los otros 7 cuerpos rescatados el jueves. Tampoco allí estaba Darious.

Ayer se enteró de que todos los cuerpos rescatados en aguas de Ceuta, cinco en total, han sido enterrados. “¿Cómo han podido hacer eso? ¡Ni siquiera tenemos una fotografía suya para poder identificarlos! ¡Podrían tener heridas! En Mdiq uno de los cuerpos llevaba la cabeza vendada”. Los informes de las quince autopsias, tanto las de Ceuta como las de Fnideq y Mdiq llevan escritas las palabras “muerte por ahogamiento”. “Darious ya no existe. Darious ya está muerto. Probablemente, en Ceuta”. Tenía 26 años, como él.

Dar el salto a Europa

Darious y Désiré se conocieron hace dos años en Rabat. Vivían juntos en un barrio popular, en Akkari, y se hicieron muy amigos. “Hacíamos pequeños trabajos en el mercado de frutas o ayudando a los artesanos”, explica. Dejaron la capital porque su idea siempre fue dar el salto a Europa “y en Rabat hay poco que hacer. La gente no nos da trabajo. Es muy difícil sobrevivir. Te ves obligado a mendigar para sacar algo para comer cada día”. Era el único amigo que le quedaba porque todos los demás han conseguido entrar, de una manera o de otra.

Désiré lo intentó cuatro veces hacia Ceuta, algunas por mar, otras escondido en el maletero de un coche. En una de ellas, cuatro marroquíes le sacaron cuchillos y le robaron todo el dinero que había ahorrado. Unos 3.000 euros. Lo intentó otra vez desde el Gurugú, frente a Melilla, pero no llegó a saltar la valla, y ya ni se acuerda de cuántas lo ha intentado en una balsa o en una zodiac desde Tánger. “Muchas, muchas veces. 15, quizás”, aventura. Va a probar suerte una vez más.

La policía marroquí llegaba, nos robaba todo y nos pegaba con bastones. Por suerte y por la gracia de Dios, me atendieron unos doctores de Médicos Sin Fronteras“¿Qué me aconsejas?, suelta, de repente. 'Creo que lo mejor es ir por Melilla. Tengo amigos que están allí. Aquí sólo quedo yo, y hace ya dos años que estoy en Marruecos”. Relata de carrerilla todos los países que atravesó hasta llegar a Marruecos desde Camerún, su país de origen: “Nigeria, Benin, Burkina, Mali y Mauritania. Entré por Dakhla y en cada país tuve que pagar a los funcionarios para que me dejaran entrar. Te imponen sus condiciones, y tienes que aceptarlas. Ha sido muy difícil, pero he encontrado a amigos por el camino que me han ayudado a seguir avanzando”.

Hasta ahora no se había planteado volver al Gurugú, porque guarda un mal recuerdo de los días que pasó allí. “La policía marroquí llegaba, nos robaba todo y nos pegaba con bastones. Por suerte y por la gracia de Dios, me atendieron unos doctores de Médicos Sin Fronteras”. La organización, que dejó el país en abril del año pasado, ya no estará en el monte para llevarles mantas y medicinas.

La siguiente pregunta le sorprende. “¿Volver a Camerún? Tú no has estado allí, ¿verdad?. Allí no hay opciones. Yo estudié mecánica y ebanistería, pero no hay nada que hacer”. Es consciente de la crisis en España y en Europa. Se lo han repetido cien veces y conoce también las condiciones de internamiento en los CETI (centro de estancia temporal de inmigrantes) de Melilla. Casi siempre al doble o al triple de su capacidad y en régimen casi carcelario, donde a los inmigrantes se les permite salir, pero tienen que volver cada día a dormir. Como dice José Palazón, de la ONG melillense PRODEIN, “salir un rato por la ciudad es como salir un rato al patio de la cárcel”.

Lo que no sabe Désiré es que en el CETI puede pasar años antes de tener alguna opción de saltar a la Península. “Bueno, prefiero estar dos años encerrado allí que seguir aquí. Si tengo suerte, podré trabajar en Europa en mecánica o con la madera y, si no, de lo que sea para ganarme la vida. ¿Mi sueño en Europa? Sobrevivir. No pienso en lo que vendrá después. En cualquier caso, será mejor que en Camerún. Sólo quiero poder fundar una familia y poder regresar algún día”. Allí le esperan su padre, su madre y un hermano pequeño. Imposible pensar en volver con las manos vacías. Cuando esto ocurre, en muchas ocasiones los que vuelven son rechazados por su familia y por su comunidad. Han fracasado. Sus familias han ahorrado para ellos, para que puedan emprender el viaje y no se acepta que vuelvan sin nada en los bolsillos.

“Después de todos los países que he atravesado, después de convertirme en un mendigo, estoy obligado a continuar por ellos. Hago todos los esfuerzos, pero no llega la suerte”. Las noticias de lo que ha ocurrido en Ceuta han llegado a Camerún. Un canal de la televisión hizo un especial sobre el tema la semana pasada, porque hay muchos cameruneses entre los muertos. El embajador camerunés en Rabat se desplazó el fin de semana pasado a Tetuán, donde se dio sepultura a cuatro de los cuerpos. Otro más, sin identificar, se ha enterrado en Fnideq. “Le he dicho a mi madre que hemos perdido a muchos amigos, sí, pero no puedo contarle cómo estoy viviendo aquí, en estas condiciones pésimas. Si lo hiciera, ella no podría dormir por la preocupación. No puedo hacerle eso”.

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