el bce refuerza sus estímulos monetarios

Draghi dispara medidas a la desesperada por miedo al frenazo de la economía global

Varios de los principales bancos centrales del mundo, a los que ayer se sumó el BCE, han adoptado medidas históricas en las últimas semanas. Y no es una simple casualidad
Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi. (EFE)
El presidente del BCE, Mario Draghi. (EFE)

Cuando el Banco de Japón metió los tipos de interés en terreno negativo a finales de enero, se pensó que era otra ocurrencia más, de las muchas que llevan acumuladas en los últimos años, de las autoridades japonesas. Cuando, apenas dos semanas después, el Banco de Suecia situó sus tipos de interés aún más en negativo, la sensación cambió porque Suecia no es Japón. Y luego vinieron China, que bajó el coeficiente de reservas, y Nueva Zelanda, que esta semana redujo los intereses al mínimo histórico del 2,25%, y, por supuesto, el Banco Central Europeo (BCE), que ayer adoptó otra histórica batería de medidas monetarias expansivas. 

La acumulación, redundante porque prolonga las iniciativas sin precedentes adoptadas por los bancos centrales tras el estallido de la crisis financiera en 2007, no es casual. Certifica que el motor de la economía mundial no termina de carburar. Más bien todo lo contrario, porque se teme un frenazo ante el que las autoridades monetarias se rebelan disparando más munición monetaria. Incluso a la desesperada, como hizo ayer el BCE.

Esta vez fue Draghi el que aludió a los riesgos globales; pero hace seis semanas fue el japonés Kuroda, y hace un mes fue el sueco Ingves

La entidad presidida por Mario Draghi no se guardó nada. Amplió el volumen de su programa de expansión cuantitativa (QE) de 60.000 a 80.000 millones al mes, con lo que en total ascenderá a 1,74 billones de euros hasta marzo de 2017, cuando fue concebido con 1,14 billones hasta septiembre de 2016; incorporará la deuda empresarial con grado de inversión al abanico de activos que comprará para el paraguas del QE; reduce los tipos de interés oficiales hasta el 'gratis total', el 0%, desde el 0,05% anterior; baja los tipos de depósito del -0,30% al -0,40%, y lanza un nuevo programa de financiación bancaria a largo plazo condicionada a que las entidades den más crédito, que responde a las siglas TLTRO II y con el que el BCE incluso está dispuesto a pagar a los bancos por prestarles dinero si las entidades reabren el grifo del crédito a la economía real. 

"Incertidumbres globales"

Draghi ligó este despliegue a que "los riesgos sobre las perspectivas de crecimiento de la eurozona están inclinadas a la baja". "En particular", añadió, "están relacionados con el incremento de las incertidumbres en la economía global, así como con los mayores riesgos geopolíticos". 

Draghi dispara medidas a la desesperada por miedo al frenazo de la economía global

Lo dijo el banquero italiano. Pero no fue distinto a lo que manifestaron el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, o el del Banco de Suecia, Stefan Ingves. Para justificar sus recientes actuaciones, todos aludieron a las dudas sobre la economía mundial, traducidas por ahora en mayores presiones deflacionistas y en unas previsiones de crecimiento más contenidas y ante las que los bancos centrales intentan vacunarse con más estímulos monetarios.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya rebajó en enero sus cálculos para el crecimiento de la economía mundial del 3,6% al 3,4% y no se descarta una nueva revisión a la baja en la actualización que realice en abril, aunque la tendencia va más allá del organismo dirigido por Christine Lagarde. "Hemos revisado a la baja nuestras previsiones de crecimiento global al 2,4% para 2016. Asimismo, hemos disminuido la previsión de inflación para este año en las economías desarrolladas", precisan desde la gestora Schroders. 

El petróleo, el Brexit, Brasil, Estados Unidos... hay muchos frentes abiertos, pero China y el temor a una súbita devaluación del yuan es lo que más asusta

Esas incertidumbres proceden de diferentes frentes. Entre ellos, el petróleo y el impacto que la persistencia de sus bajos precios puede tener en los páises productores y las compañías petroleras; la debilidad de los mercados emergentes, con Brasil y Rusia a la cabeza; el temor a que la economía estadounidense, que lleva creciendo sin descanso desde julio de 2009, pierda fuelle; el Brexit y las consecuencias económicas que provocaría; o la incapacidad de la eurozona para generar un crecimiento robusto. Y, sobre todo, China. Preocupa que protagonice un aterrizaje mucho más brusco de lo previsto, por mucho que Pekín propague que prevé un crecimiento situado entre el 6,5% y el 7% para 2016, aunque lo que verdaderamente asusta es que descerraje una súbita devaluación del yuan que dispare las presiones deflacionistas globales y desate una auténtica guerra de divisas.  

"El reciente incremento de la volatilidad podría estar señalando preocupaciones más profundas", reconoció este jueves José Viñals, director del departamento monetario y de mercados de capitales del FMI. "Refleja una reasignación de los riesgos relacionados con el crecimiento mundial y la estabilidad. En particular, es un síntoma de que los mercados financieros están valorando unos riesgos crecientes de caer en un escenario de crecimiento considerablemente más bajo, así como una pérdida de confianza en la capacidad de las políticas de las economías avanzadas para mantener la economía en el camino correcto", añadió. 

Urgencia monetaria vs. pasividad política

Ante estos riesgos reales -menor crecimiento y presiones deflacionistas- y potenciales -un accidente aún no producido-, la sensación es que los banqueros centrales están volviendo a ser mucho más sensibles que las autoridades económicas. De ahí las acciones monetarias que se han sucedido en las últimas semanas, que perpetúan la adicción de los mercados y la economía mundial a sus medidas, pero que, a su vez, también denotan debilidades.

Estas actuaciones delatan que los bancos centrales están apurando sus capacidades, que tienen que moverse con contundencia por la pérdida de efectividad de unas medidas que compran tiempo pero no garantizan una recuperación estable y, en especial, que están asumiendo unos riesgos de incalculables consecuencias. "La realidad es que el BCE no es la panacea a los actuales desafíos en la Eurozona y los riesgos vinculados a su política ya empiezan a superar sus potenciales beneficios", advierten desde Intermoney, en un mensaje que es extensible al resto de los bancos centrales. Los inversores, de hecho, percibieron este reguero de dudas en la sesión de ayer, puesto que la euforia inicial con la que celebraron las iniciativas del BCE terminó apagándose al cierre de la jornada

Entre los expertos, de hecho, abundan las críticas por el contraste entre las urgencias de Draghi y la actitud mucho más pasiva por parte de las autoridades políticas. "La última jugada del BCE demuestra que la confianza es baja y que se necesitan medicinas cada vez más fuertes para tratar de restaurarla. Preferiríamos ver acciones para impulsar la inversión y la innovación a través de medidas presupuestarias", matiza Jean-Sylvain Perrig, director de inversiones de UBP. "Las medidas del BCE no serán suficientes para resolver los problemas. Los distintos países de la zona euro deben seguir trabajando en la implementación de las reformas estructurales y en políticas fiscales que favorezcan el crecimiento económico", añade Aurelio García del Barrio, doctor en Economía y director del Global MBA con Especialización en Finanzas del IEB.

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