la encrucijada del arte moderno

David Bowie contra 'El Guernica'. ¿Qué exposición hace más daño al arte?

Los museos pierden relevancia cultural año tras año. Solo consiguen trascender por dos vías: batiendo récords de asistencia sobre seguro o suscitando polémicas políticas

Foto: MÁs de 300 objetos dibujan la personalidad de david bowie en una exposiciÓn
MÁs de 300 objetos dibujan la personalidad de david bowie en una exposiciÓn

Los museos pierden relevancia cultural año tras año. De hecho, solo consiguen trascender el mundillo del arte por dos vías: batiendo récords de asistencia sobre seguro, como las últimas expos de Dalí y El Bosco, o bien suscitando polémicas políticas, caso del lamentable despido del MACBA de Valetín Roma y Paul Preciado, por una escultura donde se cruzaban la sodomía y el rostro de un rey emérito. La reciente exposición de Bowie en el Museo del Diseño de Barcelona apuesta por la primera estrategia.

Se trata de una muestra que batió todos los récords de asistencia en el Victoria & Albert Museum de Londres en 2013. Fue comprada por otras ocho ciudades y encaja a la perfección con el aura cool de la ciudad-marca Barcelona. ¿Problema? El recurso a las grandes estrellas del pop se está yendo de las manos en el sector. Una de las muestras más vapuleadas de la historia del arte fue la retrospectiva de Björk en 2015, montada por el MOMA en Nueva York y calificada con los peores adjetivos que se recuerdan , desde “embarazosa nadería pop”, hasta “extravagantemente vacía”, pasando por “mala, realmente mala”. ¿Se acabarán convirtiendo nuestros museos en ferias de merchandising pop-rockero? Ahora mismo, picando en el mismo filón que Bowie, el Victoria & Albert acoge un repaso por la carrera de Pink Floyd.

Huelga de críticos

Fernando Castro, uno de los expertos en arte más destacados de nuestro país, que ha desarrollado su carrera el diario ABC, explica la situación en España. “Aquí no se rechazan exposiciones como la de Bowie porque los críticos ni acuden. Será imposible saber qué piensa Calvo Serraller o en general las firmas de El País. Habría que consultarlo con una pitonisa. Seguramente, de lejos, lo ven como algo malo, discotequero”, señala.

"Los profesores esperan trabajos sobre Bizancio o la catedral de Sigüenza", lamenta Fernando Castro

Para que una exposición genere debate, lo primero que hace falta son voces dispuestas a participar. “Un catedrático como Félix de Azúa está en la trinchera de defender el Romanticismo y el Renacimiento. Si registrara expos como la Bowie lo más probable es que lo considerase el fin del mundo. El otro día, Rafael Argullol decía que, si fuera por él, quemaría los museos de arte contemporáneo. Me da pena un alumno de mi universidad que ha hecho un estudio sobre el turntabilismo y la cultura hip-hop. Estaba muy preocupado, con razón, por qué tipo de valoración iba a recibir. Los profesores esperan trabajos sobre Bizancio o la catedral de Sigüenza”, lamenta. Por eso, para Castro, son muy buena noticia exposiciones recientes como ‘Pop politics’ (2013) y ‘Punk, sus rastros en el arte contemporáneo’ (2015), planteadas con rigor por comisarios como Iván López Munuera y David G.Torres, respectivamente.

Despolitizar ‘El Guernica’

El problema no es que un museo acoja contenidos frívolos, sino que vacíe de sustancia momentos históricos cruciales. “Me parece peor la exposición del Guernica en el Reina Sofía. Sobre todo, porque Manuel Borja-Villel (el director) suele tener una posición lúcidamente política. En este caso, lo que hace es despolitizar totalmente el cuadro, convertirlo en mercancía pura y dura. Es triste que hayan ninguneado el pabellón de la República, la bandera de tricolor y todos los elementos políticos para centrarse solamente en el formalismo. Es un enfoque mucho más decorativo que la exposición de Armani en el Guggenheim”, denuncia Castro.

Básicamente, lo que buscan es formar colas. De vez en cuando, a los políticos les gusta ver colas frente a sus museos. Es un tic falocrático

¿Qué se busca con este planteamiento? “Básicamente, formar colas. De vez en cuando, a los políticos les gusta ver colas frente a sus museos . Es un tic falocrático. Y les está dando lo que piden. En la expo de Dalí, Villel dijo que estaba emocionado con las colas. Es algo que no me creo. Responde a satisfacer una demanda de los poderes públicos”, señala. Castro no es la única voz que condena la despolitización del cuadro de Picasso: desde que se abrió la exposición, han criticado lo mismo desde el artista Rogelio López Cuenca hasta el programa de televisión La Sexta Columna.

Deriva populista

Preguntamos, precisamente, al artista Rogelio López Cuenca sobre Bowie. “Por lo menos, se trata del Museo el Diseño, ¿no? La exposición de Björk en el Moma o la de Armani en el Guggenheim ilustran mejor la deriva populista de los centros y museos de arte contemporáneo, en busca de celebridades capaces de congregar colas en sus puertas. Alguno de estos fenómenos son tan inexplicables como las que provocó la Marina Abramovic en Málaga, donde lo más probable es que la hubieran confundido con Lady Gaga”, explica medio en broma.

La exposición de Bowie es ortodoxa, conservadora, una colección de vídeos y trajes

Fernando Castro remata la jugada: “Más que polémica, la exposición de Bowie es ortodoxa, conservadora, una colección de vídeos y trajes. Vi a un responsable en la tele muy contento porque fuera interactiva, pero hoy la mayoría de muestras lo son. Cuando visité lo de Bowie en Londres, me gustó bastante, va en la línea del Victoria & Albert, que se centra en la materialidad de la vida cotidiana. Han hecho exposiciones muy potentes, por ejemplo una de Gothic Lolitas, sobre una subcultura japonesa.También recuerdo otra sobre el material de protesta de los “indignados” de todo el mundo, desde Syntagma hasta Sol, o una centrada en la evolución de los trajes de boda. Todas con discursos curatoriales muy trabajados, que el fondo es lo que cuenta, analices lo que analices”, señala.

Nuestro país es otro cantar: “Los museos españoles no proponen a exposiciones para que tu cabeza haga katakrocker. No hay ni videojuegos, ni Google. No se presta atención a la cultura actual. Solo exponen sobre territorios ya codificados. El Thyssen hizo una retrospectiva de Mario Testino y casi se cargan al director. Lo malo no era Testino, sino que la exposición no aportaba nada, pero eso no quita que estemos dominados por museos de pintura y escultura, para los que el adjetivo ‘decimonónico’ es demasiado avanzado. A mí me encantaría ver una muestra sobre la influencia de Rosendo y Leño”, concluye Castro

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