El gato Bob: el fenómeno que convirtió a un vagabundo inglés en millonario

“Todo lo que me está pasando es surrealista… pero de verdad creo que la vida ofrece a todo el mundo una segunda oportunidad, el problema es que no todos saben ver las señales”

Foto: El gato Bob posa con su dueño James Bowen en Londres a finales de 2016 en el estreno del film basado en su historia (Dylan Martinez/REUTERS)
El gato Bob posa con su dueño James Bowen en Londres a finales de 2016 en el estreno del film basado en su historia (Dylan Martinez/REUTERS)

Cuando James Bowen comunicó a los suyos que iba a publicar un libro, les dijo que no se asustaran porque en sus planes no estaba ser el “próximo JK Rowling”. Se equivocó. Su primera novela, 'Un gato callejero llamado Bob', se convirtió en bestseller a ambos lados del Atlántico. Solo en Reino Unido ha vendido más de un millón de copias. La historia en sí es más difícil de creer que la magia de Harry Potter: heroinómano vagabundo se topa con gato malherido, ambos se convierten en fenómeno en las redes sociales, agente literario se interesa por ellos y el éxito es tal que se hace una película.

Sí, difícil de creer y demasiado inverosímil para un guión… si no fuera porque el propio James, a punto de cumplir 38 años, es el mismo que hasta hace nada estaba durmiendo entre cartones. “Todo lo que me está pasando es surrealista… pero de verdad creo que la vida ofrece a todo el mundo una segunda oportunidad, el problema es que no todos saben ver las señales”, asegura a El Confidencial.

La cita tiene lugar al noreste de Londres, en unos modernos estudios donde se graban las últimas tomas para la promoción de la cinta, que lleva el mismo título que el libro y cuyo DVD llega a España este mes de marzo. El gato que aparece en la gran pantalla es el propio Bob, pero James es interpretado por el actor Luke Treadaway.

Francamente es el animal quien, a priori, impone más respeto. En Reino Unido, es tal la pasión que levanta que sus fans se hacen llamar “Bobites”. Sólo un dato, cuenta con más de 88.000 seguidores en Twitter y más 500.000 en Facebook. “Sí, es un tipo listo y con mucho carisma. Acaba de comprar una casa y amablemente me deja que pague la hipoteca”, explica James. Lo cierto es que Bob no es un gato normal. Choca los cinco, escucha atentamente a James como si entendiera cada palabra y le sigue a cualquier rincón como el perro más fiel.

Bob no es un gato normal. Choca los cinco, escucha atentamente a James como si entendiera cada palabra y le sigue a cualquier rincón

El éxito de la primera novela publicada en 2012 –que desde entonces se ha traducido a 30 idiomas- ha dado lugar a toda una saga que cuenta, de momento, con otros seis títulos. “Nuestra historia parece que conecta con las personas que han pasado por problemas. Yo he tenido momentos realmente malos, pero todo cambió cuando conocí a Bob. Jamás pensé que iban a venir libros y películas. Pero de alguna manera, sentí que tenía que protegerle y que ya no podía castigar a mi cuerpo como lo estaba haciendo”, señala.

Una década en la calle

Bob se cruzó en su camino en 2007. En aquel momento, James -que más tarde fue diagnosticado con trastorno por déficit de atención con hiperactividad, esquizofrenia y depresión- ya llevaba más de una década viviendo en la calle. Tras el divorcio de sus padres, tema del que prefiere no hablar, pasó una temporada con su hermana. Pero no funcionó y después de algunos días durmiendo en los sofás de amigos, decidió buscarse la vida tocando la guitarra.

“La gente corta por el mismo patrón a todas las personas sin hogar. Piensa que todos son drogadictos o que viven así porque quieren. Pero no es así. Detrás hay muchos problemas de enfermedades mentales, desempleo, inmigración, cuestiones familiares. Y cuando uno se encuentra en esta situación se vuelve invisible. Es como si no existieras. Incluso algunos de mis amigos hacían como que no me veían cuando me encontraban en la calle”, matiza.

A street cat named Bob
A street cat named Bob

Tras una dosis, terminó en el hospital. “Llega un momento en el que no tienes nada que perder”, explica. Una trabajadora social le sugirió que siguiera un programa de metadona y consiguió hacerle un hueco en una vivienda de protección. Y de repente apareció Bob. “Le vi un día en el rellano. Pensé que era de los vecinos. Pero al día siguiente volvió a aparecer y al verme llegar al portal me siguió hasta mi piso”, explica. Fue entonces cuando se dio cuenta que estaba herido.

Lo llevó a la Sociedad Protectora de Animales y tras cinco horas de espera su sorpresa llegó cuando le dijeron que los antibióticos costaban 35 euros. En aquel momento, su presupuesto era sólo de unos 30 euros diarios. “Sentí que tenía que ayudarlo y les di todo lo que tenía”, asegura. Aun así no tenía planes de quedárselo, pero el gato le seguía a todas partes, hasta el punto de meterse un día, sin James saberlo, en el bus 73 que le llevaba hasta Covent Garden, donde tocaba con su guitarra. Para que no le pasara nada, le ató como si fuera un perro con el lazo de sus zapatillas. Pero no hacía falta porque Bob no se separaba de él. Aquel día, en sólo tres horas, recogió el dinero de toda una semana.

El primer día que James tocó en la calle con el gato Bob recogió, en sólo tres horas, el dinero de toda una semana

La gente también se quedaba embelesada cuando James, con el gato subido a sus hombros, vendía 'The Big Issue', periódico para ayudar a personas sin hogar. Sus fotos empezaron a subir a las redes sociales. Los videos en Youtube superan el millón y medio de visitas. El propio Paul McCartney se quedó engatusado con el animal y algunos transeúntes le mostraron incluso a James su intención por comprar a Bob. “No está en venta. Y no soy su dueño, somos socios”, era su respuesta.

Un día, un periodista de la revista local Islington Tribune publicó un reportaje sobre la peculiar pareja. El recorte llegó a manos de la agente literaria Mary Pachnos, quien presentó a los protagonistas al escritor Garry Jenkins, y el resto es historia.

James, completamente recuperado de sus adicciones, trabaja ahora con distintas ONG y, a pesar del éxito, lleva una vida modesta. Cada vez que acude a una firma de libros, la cola de gente atraviesa varias calles. “Me dicen que soy su héroe, pero tan sólo soy un tipo corriente que vi la señal que me ofrecía la vida para mi segunda oportunidad”, concluye.

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