la gran fiesta de madrid

Polémica pop en el San Isidro de Manu Chao: ¿Giro 'radikal' con Carmena?

Más allá de debates políticos, las fiestas desplegaron un alto nivel musical y retomaron su raíz popular

Foto: Manu Chao fue la estrella de los festejos de San Isidro en Madrid. Foto: Kiko Huesca/Efe
Manu Chao fue la estrella de los festejos de San Isidro en Madrid. Foto: Kiko Huesca/Efe

Acabaron las fiestas de San Isidro con un radiante concierto de Manu Chao en la Plaza Mayor. Diez mil personas disfrutando gratis de tres horas de música con todas las comodidades (la primera a cargo del flamenco Tomasito, junto y revuelto con la electrónica indie de Joe Crepúsculo). Fue el broche a una programación plural, con criterio, donde no hubo restos de la anglofilia predominante en la escena festivalera.

Todos los escenarios resultaron cómodos y estuvieron muy bien organizados: por poner un “pero”, minúsculo pero molesto, no está justificado obligar al público a entregar tapones y abrir latas de refrescos antes de entrar en la Plaza Mayor cuando en el interior nadie controla los que venden cafeterías y bares (se supone que el motivo de obligar a la apertura de envases es que no agredan a los músicos, usándolos como armas arrojadizas). Dicho esto, la nota final de las fiestas, después de tres días de aquí para allá, es un notable alto.

Polémica pop en el San Isidro de Manu Chao: ¿Giro 'radikal' con Carmena?

Madrid, ¿capital 'okupa'?

Dos figuras antagónicas coincidieron en señalar que la programación musical de San Isidro se había “radikalizado”: la primera Esperanza Aguirre, exministra de Cultura y expresidenta autonómica, que sugirió que el cartel era una especie de agencia de colocación musical de Podemos, por incluir artistas como Nacho Vegas (colaborador habitual de la PAH y simpatizante temprano del 15M), Joe Crepúsculo (autor de un himno de Podemos que terminó desautorizando Pablo Iglesias) y los contagiosos Tremenda Jauría (a quienes descalificaba con la descripción de “referentes del movimiento “okupa”). Desde el bando contrario a Aguirre, el propio Joe Crepúsculo lanzaba este tuit el pasado de mayo: “Hace 365 días en la Plaza Mayor actuaba Paloma San Basilio con la Banda Sinfónica Municipal. El giro del programa este año ha sido radical”. ¿Ha sido para tanto la mutación?

Mi opinión es que sí, pero no lo llamaría radicalización, sino giro popular, ya que por fin se ha incluido en el cartel una dosis generosa de artistas “de abajo”, no creados en la industria o para las revistas de tendencias. Es un gusto poder disfrutar de El Langui, Rachid Taha o los mencionados Tremenda Jauría, que dieron el concierto revelación de las fiestas gracias a su fluida mezcla de electrocumbia, reggaeton feminista y sonido verbenero (terminaron con guiños a La Polla Records y una versión de Kortatu en clave de merengue). Basta echar un ojo al cartel completo para comprobar que el juicio de Aguirre era bastante sesgado: no mencionaba a Fangoria (poco sospechosos de bolchevismo), Nick Jonas (pop de cadena de montaje)  ni tampoco a Najwajean (música para ambientar tiendas de ropa hipster o afterworks de ejecutivos de Azca).

Ha habido mutación en San Isidro, un giro popular gracias al que por fin se ha incluido en el cartel una dosis generosa de artistas “de abajo”

Hubo de todo un poco, además de que conviene no confundir términos: Fangoria hace música popular, del tecno-pop al bakalao, a pesar de sus polémicas declaraciones culpando a los desahuciados de irresponsables (sin mencionar el papel depredador de los bancos). Se puede ser a la vez políticamente reaccionario y un consumado artesano de la música popular.

Polémica pop en el San Isidro de Manu Chao: ¿Giro 'radikal' con Carmena?

El Langui pide limpieza

La zona de la pradera se convirtió en una auténtica verbena, con noria, fritanga y calimocho. Desde el escenario, El Langui irradió energía y animó a sacar pecho al público procedente de cualquier punto de la Avenida de los Poblados (¡Carabanchel!, ¡Orcasitas!, ¡Pan Bendito!). No fue nada complaciente con el Ayuntamiento, a quien acusó de limpiar Pan Bendito solo cuando recibía presión vecinal. La zona de la pradera fue sin duda la más bulliciosa y popular, toda una invitación al hedonismo (animaba a darlo todo el enorme tanatorio de diseño que te encontrabas al caminar hasta Madrid Río). El jueves, en la Casa del Reloj, pudimos disfrutar de una retumbante sesión de música jamaicana sin apenas público.

El Langui acusó al Ayuntamiento de limpiar Pan Bendito solo cuando recibía presión vecinal

Quizá estaría bien anunciar esta programación en los barrios con mayor población afrolatina. En todo caso, la intención es lo que cuenta y algo tenía que “fallar” por ser el primer año, también a causa de la abundancia de la oferta. El concierto inaugural, así como el pregón, corrió a cargo del respetado Santiago Auserón, que elogió la energía transformadora de Madrid, por ejemplo el chotis tiene origen centroeuropeo (donde, por lo visto, llamaban a este ritmo “scottish”, pensando que su baile provenía de Escocia). Aguirre también incluyó al cerebro de Radio Futura entre los músicos con simpatías por Podemos, un dato cierto que no desmiente su talla de figura de consenso, obtenida desde los años ochenta. No fueron unas fiestas “radikales”, sino más bien un retorno a la alegría popular.  

Polémica pop en el San Isidro de Manu Chao: ¿Giro 'radikal' con Carmena?

Manu Chao, en plena forma

La guinda la puso un Manu Chao en plena forma, que no bajó el pistón en dos horas, con himnos mayores como 'Clandestino', 'El Viento', 'La Primavera', 'Desaparecido' y 'Mala Vida' (de Mano Negra). Lo mismo citaba a Gato Pérez que subía activistas por el referéndum del Sáhara o cargaba contra la empresa de transgénicos Monsanto. “Para bien y para mal, Manu Chao se ha tocado, como de costumbre, una canción de dos horas”, explica un gracioso en Twitter.

Algo de razón tiene, pero es una melodía muy contagiosa y bonita, con la que artista y su banda cautivaron al público, sin bajón alguno, usando los mismos recursos que hace dos décadas. Se trata de un caso parecido al de los Ramones, Camela o Los Chunguitos: su fórmula es tan potente que apenas hace falta cambiarla. Algunos llaman a eso “ser un clásico”. Las pantallas gigantes delataban destellos de canas, pero Chao transmitió la misma energía, rebeldía y alegría de vivir que en sus años de apogeo. 

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