los retos de la digitalización

El español que va a transformar la banca de inversión con la nueva inteligencia artificial

Un experto español en algoritmos mezcla el talento y la idiosincrasia de los humanos con la potencia y capacidad de las máquinas para el mundo de las finanzas

Foto: Sergio Álvarez, en una conferencia.
Sergio Álvarez, en una conferencia.

Usted vende sus características como profesional, los ingenieros las incorporan a la máquina que lo sustituye en la tarea diaria y, mientras, usted se puede dedicar a otra cosa, como la pesca submarina, mientras cobra por su talento. Esta es la idea que propugna Sergio Álvarez: “No echemos a los trabajadores, alquilémosles sus avatares”. Los avatares vendrían a ser las habilidades y experiencia acumuladas que se incorporarían a las entrañas de la computadora.

Así que Sergio Álvarez Teleña (Gijón, 1980) es uno de esos hombres elegidos para diseñar el destino de todos, de los que dibuja el mapa del mundo futuro que los demás disfrutaremos o padeceremos. Vuela a Silicon Valley porque le llaman los jefes de las plataformas más importantes de internet para pedirle su opinión, da charlas en Oxford ante aquellos que deciden nuestro futuro, Google se muestra de acuerdo con sus predicciones y adopta sus posturas. También gana prestigiosos premios en los centros académicos más relevantes.

Los trabajadores podrían aportar su “idiosincrasia humana”. Pero de un modo original: alquilando sus características como profesionales

La idea fundamental de este investigador honorífico en Inteligencia Artificial es que las máquinas han venido para quedarse en el mundo laboral, que ya no hay discusión. Pero que en la batalla que libran con los humanos aún queda un resquicio para reivindicar a las personas. Su propuesta es que ante el riesgo de tener un algoritmo, por complejo que sea, rigiendo toda una compañía, los trabajadores convencionales podrían aportar su “idiosincrasia humana”. Pero de un modo bastante original: alquilando sus características como profesionales. Es decir, que se incorpore al algoritmo de la máquina la manera de proceder de ese exitoso profesional que lo que haría sería cobrar por dejar que se usen sus características.

Álvarez Teleña ha creado su propia empresa. El proyecto es crear una ‘black box’ (la máquina que alberga el conjunto de algoritmos que toma decisiones de manera autónoma) para invertir en valores de forma compleja y avanzada. Pero, sostiene, eso mismo sirve para otras muchas áreas: ciberseguridad, fraude, poner precio a un piso, etc. Su proyecto incorporará distintos perfiles humanos: un inversor más conservador, otro más impulsivo...

De ebanista a experto en robótica

Mucho antes de tener estas ideas, el economista y matemático fue ebanista. Comenzó ayudando a su padre, “lijando y barriendo, más que con los detalles finos”, confiesa. Trabajando en chalés de lujo, decorando habitaciones de adolescentes con muchas más oportunidades que él. “Curraba para críos con muchas más opciones que yo, pero tenía de compañeros a gente con muchas menos porque mi padre contrataba a tipos que habían salido de la cárcel o tenían situaciones muy complicadas”, rememora el investigador y empresario.

Sergio Álvarez.
Sergio Álvarez.

Terminó sus estudios en Oviedo y después de un máster y un empleo por breve tiempo, se marchó a Japón a investigar el rol de los robots en las finanzas. Lo fichó el banco de Santander, lo hizo muy bien. Saltó a Morgan Stanley y lo hizo aún mejor: cuatriplicó los beneficios en menos de un año gracias a los algoritmos y allí, dice, aprendió dos cosas: “Si le decía a mi jefe cómo había conseguido esos resultados lo meterían en un código y estaba fuera y si no se lo decía...también estaría fuera. Así que era cuestión de tiempo que me echaran y preferí marcharme yo”.

El futuro que dibuja es que los trabajadores vayan a formar a las máquinas y después hagan guardias para vigilarlas

Se doctoró en el más prestigioso centro de Inteligencia Artificial: el UCL (University College London). “Allí son todos creyentes en la superioridad de la máquina”, explica Álvarez, que recuerda cómo surgió el proyecto DeepMind, después adquirido por Google, en el que consiguieron que los ordenadores superasen a los humanos jugando a Atari. Y mientras surgía ese proyecto a él se le ocurrió lo que ha ido perfeccionando estos años: “Inyectar idiosincrasia humana a las máquinas”.

También sostiene que cuando la máquina no encuentra el camino, o incluso decide tomar un camino que conduce al desastre por un imprevisto, un humano “puede dar estabilidad al algoritmo”. En resumen, que el futuro que dibuja es que los trabajadores vayan a formar a las máquinas y después hagan guardias para vigilarlas.

De experto en robótica a ebanista

Después trabajó en el BBVA desarrollando proyectos de inversión con máquinas hasta, finalmente, montar su propia empresa. “Tengo un perfil que tienen muy pocas personas en el mundo”, dice con entusiasmo y sin mucha petulancia. Porque Sergio Álvarez, aparte de un tipo genialoide, es un entusiasta espontáneo que puede alabarse a sí mismo sin que suene mal.

El investigador muestra dos formas de entender el futuro de la tecnología en el trabajo: o hombres más robóticos o máquinas más humanas. El apuesta por la segunda opción, entre otras cosas, “porque es más barata”. Las máquinas aprenden de los humanos e incorporan cada vez más deprisa sus maneras de hacer. Ese aprendizaje continuo siempre suma, porque el aparato no olvida ni tropieza dos veces con la misma piedra. Los hombres, sí. "No hay que temer la digitalización ni adorarla, simplemente, hay que gestionarla", es el resumen de Álvarez, que se ve a sí mismo en el futuro volviendo a ser ebanista: "Uno de los últimos lugares donde los robots sustituirán al ser humano".

Alma, Corazón, Vida

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