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la cuarta revolución

Estos son los trabajos que no te van a quitar los robots

El primer informe elaborado en España sobre la revolución digital augura dos millones más de empleos, más renta y más bienestar si se aplican las políticas educativas correctas

Foto: Un robot y un humano, en colaboración. (iStock)
Un robot y un humano, en colaboración. (iStock)

El primer estudio realizado en España sobre la robotización y su impacto en el mundo laboral llega a conclusiones muy distintas de las que se barajan habitualmente cuando se aborda este tema. El informe, llevado a cabo por ADEI (Observatorio para el Análisis y Desarrollo Económico en Internet), dibuja un panorama muy alejado del apocalipsis habitual cuando se plantea la sustitución de individuos por máquinas en tareas fácilmente automatizables.

El impacto de los avances tecnológicos asociados a lo que se ha llamado la cuarta revolución industrial genera una creciente discusión. En ella, casi todo el mundo coincide en que las cotas de eficiencia y la reducción de costes serán cuantitativamente innegables, pero que el precio a pagar estará en el empleo: trabajadores expulsados y sustituidos por máquinas. Sin embargo, los primeros datos que se están midiendo de manera objetiva no apuntan en esa dirección precisamente, sino a un cambio en las tareas a desempeñar.

El informe sostiene que al igual que otras revoluciones industriales precedentes, la digital también será buena en cuanto a renta

La revolución actual y su rasgo más distintivo es que no solo las tareas de rutina serán ejercidas por robots, sino que también podrán acometer aquellas que requieren el uso de habilidades cognitivas, emocionales o artesanales. Según el estudio de ADEI, la nueva composición laboral no será negativa en términos de renta (como no lo fueron las precedentes, aunque modificaron, y mucho, los ámbitos laborales).

El informe dibuja una gráfica en proyección hasta el año 2025 en la que augura, en base a los datos estudiados, cuáles serán las ocupaciones en España que más crecerán en este contexto de inminente robotización. Las principales son las que el informe llama “avanzadas”, profesionales y técnicos, y las de restauración y comercio.

Pero especialmente se espera un mejor comportamiento en el futuro de las primeras. Estas profesiones son las más complementarias a la robotización y la revolución digital, así que son las que tienen un menor riesgo de automatización.

Convergencia con EEUU

Así, el trabajo del futuro, según el estudio, será cada vez más semejante en España de lo que representa en países de referencia, como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania. Allí, a día de hoy, esta clase de empleos supone el 43% del total, 15 puntos más que en España. Las perspectivas que dibuja el informe auguran una convergencia con esos países en 2025.

La entrada en masa de estos trabajos tecnológicamente cualificados, que apuntalan la digitalización de las economías, demuestra que la tasa de paro estructural va siendo menor y que de ocupación, en cambio, es mayor. Es decir, que, según el estudio, no solo no se perderán empleos con la progresiva robotización, sino que se crearán nuevos puestos laborales menos sometidos a los vaivenes del mercado o a la estacionalidad.

Los trabajos del futuro los ocuparán profesionales de las tecnologías y la información, como especialistas en bases de datos

Los trabajos a los que se refiere por el término más o menos global de 'avanzados' responden a distintos perfiles, pero todos ellos remiten a la educación. Se trata de físicos, matemáticos y profesionales de las tecnologías y la información (analistas y diseñadores de 'software', especialistas en bases de datos y redes informáticas, científicos de datos, etc.). Los trabajadores del sector servicios, como restauración o seguridad, convivirán con la robotización por el necesario componente humano en las tareas que exigen un trato directo.

Los empleos condenados por esta cuarta revolución son los contables, administrativos, operarios agrarios o industriales, limpieza o montadores. Estas previsibles 'víctimas' de la robotización son quienes han encendido las luces de alarma y provocado que se pusiera sobre la mesa el debate de una renta básica de la ciudadanía.

Políticas públicas

Para todo ello, hay que adaptar las políticas públicas al cambio tecnológico. Empezando, claro está, por las educativas. Se debe transformar el sistema formativo, completándolo con nuevos ciclos y cualificaciones para facilitar que los jóvenes entren en un mercado de trabajo que exigirá capacidades y cualificaciones muy diferentes a las actuales.

Hay que fortalecer las habilidades STEM en el contexto de la formación básica u obligatoria para evitar la segmentación digital de las nuevas generaciones de trabajadores. En caso contrario, la brecha digital agudizaría los problemas de exclusión social. También, potenciar el atractivo de la formación voluntaria en las disciplinas vinculadas a las habilidades que demandará el entorno digital. Asimismo, impulsar el componente social y humanístico para mejorar "la capacidad de juicio" de los trabajadores que deberán dar sentido e interpretar los resultados del procesamiento de millones de datos. E insistir en la formación continua a lo largo de toda la vida laboral.

Hay que transformar los servicios de empleo y las agencias colaboradoras para que se enfoquen en el perfil de las demandas del mercado

Otro factor a tener muy en cuenta es el de las políticas de empleo. El cambio tecnológico va a tener una incidencia mayor en determinados colectivos, así que el sistema público tiene la tarea de reubicarlos a través de políticas activas. Por ejemplo, transformar los servicios de empleo y las agencias colaboradoras privadas para que se enfoquen en el perfil de las demandas reales del mercado y un tratamiento personalizado que permita su inserción en sus nuevas ocupaciones. Además, el estudio recomienda desarrollar las habilidades "en forma de T", que consisten en tener una formación profunda en un área de especialización y la versatilidad suficiente para emplear esa formación en cualquier materia.

La estructura económica española también debe transformarse adaptándose a la nueva realidad. No solo desde el punto de vista de que hoy está especializada en sectores donde la presencia de este tipo de tareas es baja, sino que la convergencia con los países de referencia implica un creciente protagonismo de las mismas en prácticamente todas las áreas económicas.

Revolución positiva

Las recomendaciones del estudio son claras. Primero, impulsar la educación orientada a estas profesiones con fuertes posibilidades en la era de la robotización. Aunque para ello, sugiere el informe, es bueno trazar el perfil de estos trabajadores: menores de 45 años y varones, aunque se observa un progresivo incremento de las mujeres en este sector.

La conclusión del estudio es que la revolución tecnológica, como lo fueron las precedentes, será positiva en crecimiento económico, empleo y bienestar social. Que en España esas ventajas pueden ser cuantificables en más de dos millones de empleos nuevos. Y que evitar las partes negativas del proceso de robotización exige replantear los esquemas educativos, las políticas de empleo, las de innovación y las de defensa de la competencia.

Habrá un incremento de 3,2 millones de trabajos adaptados a la digitalización y una subida de 600.000 en los sectores de servicios

Hasta la fecha, el balance de todas las revoluciones tecnológicas ha sido muy positivo en términos de crecimiento económico, empleo y bienestar social. En los últimos 200 años, se ha transitado de sociedades rurales a sociedades posindustrailes modernas. Tanto población como renta han crecido en paralelo. El aumento de empleos se desglosa en un incremento de 3,2 millones de ellos adaptados a la digitalización, una subida de 600.000 en los sectores de servicios y un descenso de 1,2 millones en las automatizables. Con esas previsiones, el desempleo podría situarse en un 7%.

También, si se hicieran todas las cosas necesarias para el tránsito a esta nueva revolución, se podría saltar de un PIB per cápita de 24.000 euros hasta los 33.000 en 2030. Todo ello gracias al aumento medio anual de productividad del trabajo del 1,3%. Esto exige replantear los esquemas de incentivos actuales en una serie de ámbitos con influencia en el desempeño del mercado laboral: educación, políticas de empleo, innovación y de defensa de la competencia.

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