El futuro del trabajo, según un ex letrado del TC (y no suena nada bien)
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JESÚS MERCADER EXPLICA LO QUE ESTÁ POR VENIR

El futuro del trabajo, según un ex letrado del TC (y no suena nada bien)

Jesús R. Mercader acaba de publicar "Se busca…El mercado de trabajo en España", un texto en el que plantea 34 preguntas y respuestas sobre el empleo

placeholder Foto: ¿Será este el futuro al que esté abocado el trabajador moderno? (Corbis)
¿Será este el futuro al que esté abocado el trabajador moderno? (Corbis)

Ha sido letrado del Tribunal Constitucional, es Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Carlos III, donde también ejerce de Secretario General, dirige diferentes revistas laborales y es uno de los científicos más citados en su campo. Jesús R. Mercader acaba de publicar Se busca… El mercado de trabajo en España (Ed. Debate), un texto divulgativo en el que plantea 34 preguntas y respuestas sobre el empleo en nuestro país.

Pero más allá de este esfuerzo, que sirve para explicar el marco legal en el que nos movemos, lo cierto es que el mundo del trabajo se encuentra en un momento muy complejo, derivado de la escasez en el empleo, de la transformación de sus estructuras por la aparición de nuevas tecnologías y de la pérdida de influencia de los actores sociales, entre otros muchos cambios. De todas esas transformaciones ha hablado ACyV con Mercader.

PREGUNTA. Lo primero es constatar una idea muy extendida, como es que las normas van por un lado y la realidad por otra. Puede que las leyes reflejen una serie de condiciones a las que han de ajustarse los contratos laborales, pero todos sabemos que es frecuente que no se respeten, empezando porque en muchas ocasiones se trabaja sin ningún tipo de contrato. ¿Esa sensación es cierta? ¿Hay dos realidades distintas, la cotidiana y la legislativa?

RESPUESTA. Sí, es cierta. La realidad tiene algunas singularidades diferentes de las que refleja el sistema normativo, pero también es verdad que nuestra tarea consiste en buscar el enlace entre una y otro. El objetivo de las normas es acercarse a la realidad, porque cuanto más se separan de ella menos cumplen su función social y política. Es probable que ese gap aumente en los tiempos que vienen, porque está en el signo de las cosas. El desajuste es inevitable, pero tenemos que intentar hacerlo lo más pequeño posible.

P. Sí, pero en ese contexto es peculiar que el derecho del trabajo tenga cada vez menos sitio. Si vamos hacia situaciones que se resuelven a través de la autonomía de la voluntad, regulando los contratos sin tener en cuenta las posiciones dispares desde las que se suscriben, la fuente primera será el derecho civil y no el derecho laboral. Cada vez quedará menos espacio para su disciplina.

R. Aquí no estoy tan de acuerdo. Por una parte, el ámbito laboral sigue siendo un componente de intervención normativa por parte del estado muy relevante en España. En segundo lugar, es verdad que como consecuencia de las asimetrías del mercado del trabajo hay tendencia a la individualización, pero no siempre ésta es patológica. En el sector directivo la individualización es un elemento esencial de las relaciones laborales. Además, no sólo está expandiéndose el Derecho civil hacia el laboral, sino que también ha ocurrido a la inversa, con los convenios de propiedad intelectual o con la figura del trabajador autónomo dependiente, donde han sido las normas laborales las que han influido a las civiles.

P. Hablando de los cambios que va a vivir el mundo del trabajo, que parece serán sustanciales, uno de los más comentados es la vinculación de los salarios a la productividad. ¿Va a implantarse masivamente ese modo de retribución?

R. Soy un firme partidario de la retribución variable. Hay que ligar los salarios a la productividad. El problema es qué definimos como productividad, un término casi siempre vinculado a conceptos puramente económicos. La retribución ligada a objetivos, a resultados y al desempeño del trabajador es consustancial, y se encuentra muy desarrollada. Se sabe que estos sistemas de flexibilidad interna musculan la posición del trabajador dentro de la empresa y al mismo tiempo permiten ajustes dentro del ciclo económico. Hasta ahora hemos visto cláusulas de revisión salarial ligadas al IPC, pero ahora ya las hay ligadas a resultados. En todo caso, el modelo de retribución clásico tiene que ir variando.

P. Otra de las ideas centrales es que va a haber menos puestos de trabajo disponibles a causa del desarrollo tecnológico, ya porque a través del software menos personas vayan a hacer muchas más tareas, ya por la simple sustitución de algunas profesiones por robots. El derecho del trabajo no va a dedicarse a regular las relaciones laborales, sino que también deberá regular la escasez del empleo.

R. Uno de los temas que más preocupan últimamente es el del efecto de la era digital sobre el empleo, que es muy debatido. Hay quienes creen que todavía no se ha demostrado con datos empíricos que se haya producido ese efecto. De todos modos, que la incorporación de las nuevas tecnologías lleve a la caída del empleo no sé si sería malo del todo, porque significaría que el modelo productivo español está cambiando de signo y que estamos pensando en desarrollar otras cosas. Me preocupa más que ese paro estructural se produzca como derivado natural del desempleo que se ha generado en la crisis por efecto de la baja cualificación. Tenemos un colectivo de personas que llevan en desempleo muchos años, que no están cualificados y que suponen un problema serio para la sociedad. Tenemos que ver qué solución le damos, porque si vamos por el camino de las rentas de inserción también tendremos que pensar en su valoración económica, que dicen que será de unos 4.000 millones de euros.

P. Otras novedades vienen por las discriminaciones laborales, que poseen nuevas expresiones. Por ejemplo, la de edad. No sólo los jóvenes tienen dificultades para ingresar en el mercado de trabajo, sino que las personas de más de 45 que son despedidas tienen muy difícil volver a entrar. Cuentan con experiencia y conocimiento de su sector, pero no se les quiere contratar porque se dice que son caros y no se adaptan al cambio.

R. Sí, es probable que eso se corresponda con la reflexión general respecto de los mayores de 45, pero también es cierto que eso irá cambiando porque el signo de los tiempos va en otra dirección. Antes esos problemas se resolvían a través de las prejubilaciones, pero esos modelos están en franca retirada. Esa idea de que cuando se llega a determinadas edades se pierde la brillantez y la capacidad de regenerarse y que la edad de la renovación es la de los 50 años está ahí, pero lo cambiará la fuerza de las cosas. Se va a retrasar la edad de jubilación, con lo que tendremos que trabajar más años, lo que hará que no podamos prescindir de la gente de 50.

P. La otra novedad en la discriminación es la que tiene que ver con la apariencia, que se ha hecho más importante y hace que se contrate a determinadas personas y se prescinda de otras en función de su aspecto físico. Ocurre con los dependientes y camareros, pero también con el trabajo especializado e incluso entre profesionales liberales, como consultores y abogados.

Ese es un problema histórico, el del derecho a la propia imagen, que está constitucionalmente reconocido pero que cuando tiene lugar en el seno de una organización empresarial entra en juego el equilibrio entre la libertad de empresa y la de imagen.

P. Nuevos problemas surgen de expresiones novedosas de viejos derechos, como el de la huelga. El paro de los taxistas de la pasada semana fue efectivo para ellos, pero dejó a ciudades sin servicio, perjudicando a sus clientes, no a la administración. Ese es también el dilema de algunas huelgas, que dañan a la persona común y no a aquellos contra quienes deberían ir.

R. Bueno, lo de los taxistas no es constitucionalmente huelga, porque no son trabajadores por cuenta ajena. Los becarios, por ejemplo, tampoco tienen derecho de huelga. Será una manifestación o como se quiera llamar pero jurídicamente no es huelga. De todos modos, lo de la huelga es también un asunto histórico, porque llevamos valorando un cambio de legislación desde tiempo inmemorial que no termina de cuajar, en parte porque sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena: hay huelga de basura y se pone en marcha un proyecto de ley, pero luego se olvidan de él en cuanto termina el conflicto. En el 93 hubo un proyecto que estaba muy avanzado, pero cuando Felipe González salió del gobierno quedó olvidado.

En todo caso, lo que sí podemos decir es que el conflicto está cambiando continuamente, se ha adaptado y ha transformado su formato. Ha pasado con los cierres patronales, que ya apenas existen y ahora los empresarios responden con otras formas. Al mismo tiempo, también han surgido nuevas armas para los obreros, como el ataque a la imagen corporativa de la empresa, que pueden ser muy significativas cuando las realiza un sindicato internacional. Estas nuevas formas son más efectivas en muchas ocasiones que las viejas huelgas en las que los trabajadores se encerraban 40 días en la sede de la empresa.

P. ¿Tienen futuro los actuales sindicatos mayoritarios?

R. Oí a un director de recursos humanos decir que si no existieran los sindicatos habría que inventarlos y yo pienso igual. Representan los intereses colectivos y constitucionalmente son un poder social básico y son muy útiles como interlocutores. Pero dicho esto sí creo firmemente que deben repensar su función social actual. El modelo empresarial y productivo está cambiando y tienen que renovar sus discursos. Hay que tener en cuenta que se ha replanteado el equilibrio de fuerzas y el marco es ahora internacional, y son los grandes sindicatos que tienen esas dimensiones los que poseen capacidad de actuación. Eso también ha provocado que haya conflictos entre trabajadores de una misma empresa: a lo mejor los de Bélgica quieren unas medidas que los de España no aceptan. La unidad de acción, que ha sido clave en la defensa de los trabajadores es difícil de articular en la sociedad actual. Los sindicatos, como todos, tienen que adaptarse al nuevo tiempo que vivimos.

P. Pero también habrá nuevas formas de conflictividad porque hay actores distintos. Hemos hablado antes de los taxistas. Los autónomos y los profesionales también plantearán nuevas reivindicaciones.

R. Eso es cierto, el modelo está cambiando, y el caso de los taxistas es evidente. Hay un cambio general que afecta al trabajo por cuenta propia, que podríamos definir con un concepto que tiene mucha significación en el periodismo, como es el de freelance, y que se está generalizando. Esa nueva figura de trabajador por cuenta propia va a plantear problemas de todo tipo desde el punto de vista de la conflictividad, pero también en otras áreas, como la de la coordinación en el seno de la empresa. Antes eran sujetos aislados, que estaban fuera de la compañía, y ahora pueden formar perfectamente parte del core business de la empresa. Tendremos que ver cómo afecta a la organización productiva. Lo que es evidente es que el mundo se está moviendo. Estamos cambiando de paradigma.

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