el dinero te saca de pobre, pero no de la oficina

Qué pasa realmente si te toca la lotería: la trampa en la que crees

Tras la expectativa de que algún un día no tengas que dar un palo al agua podría esconderse, en realidad, un embuste que te cuentas a ti mismo

Foto: Ganar el primer premio... ¿para seguir haciendo lo de siempre? (Reuters)
Ganar el primer premio... ¿para seguir haciendo lo de siempre? (Reuters)

"Lo siento mucho, me ha tocado el Gordo y no pienso ir hoy a trabajar". ¿Cuántas veces habremos soñado con proferir la ansiada frase a nuestros jefes? Sin embargo, tal y como sucede con todas las fantasías, ¿la idea está solo en nuestra imaginación o llevaríamos realmente a cabo tal propósito?.

Según una encuesta publicada hace algunos años por Gallup, dos tercios de los ciudadanos de Estados Unidos continuarían trabajando incluso aunque ganaran un primer premio. Algunos defenderán que si ellos fueran los agraciados no se quedarían tampoco de brazos cruzados, aunque, eso sí, desarrollarían ese proyecto personal con el que siempre habían soñado. El estudio pone en duda también esta hipótesis, ya que un casi la mitad de los trabajadores interpelados confesaron que, aun así, con una cuenta corriente llena de millones, seguirían de todos modos en su actual puesto.

Dejar el trabajo no es igual que imaginarlo

Se puede objetar que Estados Unidos es un país con una cultura distinta. Lo cierto es que en todo el mundo las personas creen que el único objetivo de trabajar es ganar dinero. Con todo, existen motivaciones profundas para no abandonar la vida laboral que a veces ni se nos pasan por la cabeza.

Lo saben, de hecho, aquellos que después de ganar millones decidieron dedicar sus días al ocio. Keith, un empresario de Silicon Valley, cuenta a la 'BBC' cómo después de adquirir la seguridad financiera soñada, tras pasar un año viajando y gastar sus cuartos en frivolidades, le resultó muy difícil disfrutar de su nueva vida: "Simplemente me sentía infeliz ante la falta de una vida estructurada y de un propósito. Mis habilidades se estaban deteriorando y me resultaba difícil interactuar intelectualmente con otras personas". Según el empresario, tener un empleo nos otorga un valor que no es ni siquiera comparable a ejercer como voluntarios, viajar o pasar el tiempo con los amigos.

Hay una gran diferencia entre las fantasías de los trabajadores y lo que realmente sienten como significativo, motivador y satisfactorio

Para la psicóloga Jamie Traeger-Muney, fundadora del Wealth Legacy Group, el aumento en el tiempo de ocio, por sí mismo, no da la felicidad. Cuando se da un cambio en la vida tan grande como ganar la lotería hay que imponerse una serie de metas renovadas acordes con la situación. La doctora señala lo fundamental que es tener una opción alternativa, sobre todo, si la fortuna sobreviene cuando somos especialmente jóvenes. El mayor peligro se encuentra en la sensación de pérdida (de nuestra existencia precedente, de nuestros objetivos vitales) que podemos llegar a sentir.

Si lo pensamos fríamente, los casos como la reciente retirada de Nico Rosberg de la Fórmula 1 para desarrollar otras facetas de su vida son una excepción, y de hecho la decisión del piloto es noticia, precisamente, por lo que tiene de insólito. Lo normal es que las personas con una buena situación económica no cejen en su empeño, y si no ahí están para recordárnoslo los ejemplos de Mark Zuckerberg, Bill Gates, Carlos Slim o Jeff Bezos.

Perdemos estatus cuando no tenemos una ocupación que ayude a los demás, y a nosotros mismos, a situarnos dentro de una jerarquía

Según un análisis llevado a cabo por el profesor Timothy Judge, de la escuela de negocios de la Universidad de Florida, a largo plazo nuestra satisfacción laboral no procede de fuentes monetarias, sino de aspectos como disponer de un entorno con relaciones positivas entre compañeros, la posibilidad de emplear nuestro esfuerzo en proyectos que tengan algún significado o poder desarrollar nuestra faceta como líderes.

Traeger-Muney opina que lo curioso es que los trabajadores suelen dar por descontado tales aspectos inmateriales del trabajo. Por eso, cuando los individuos se ven inmersos en una situación financiera de extrema bonanza es cuando verdaderamente llegan a tomar conciencia de ellos: "Hay una gran diferencia entre las fantasías de los trabajadores y lo que realmente sienten como significativo, motivador y satisfactorio".

La relevancia del estatus

Cuando nos presentan a alguien por primera vez es difícil que no le preguntemos a qué se dedica. Se trata de una cuestión muy angustiosa para aquellas personas que se encuentran en situación de desempleo, pues parece que la ocupación fuera algo así como nuestro tercer apellido. De hecho, aunque la gente no tenga, en un cierto momento, un trabajo determinado, suele contestar con circunloquios tipo: "me encuentro buscando nuevas oportunidades en mi sector".

Las prioridades de los nuevos ricos cambian y esto puede crear una ruptura involuntaria con las amistades de siempre

Una persona que tiene dinero, pero no una actividad, se halla en una posición parecida. Responder a dicha cuestión argumentando que uno es simplemente rico no otorga a la persona ningún prestigio particular. El trabajo ofrece una identidad: "Perdemos estatus cuando no tenemos una ocupación que ayude a los demás, y a nosotros mismos, a situarnos dentro de una jerarquía social", señala Brooke Harrington, profesora en la Escuela de Negocios de Copenhage.

La soledad del millonario

"Cuando alguien se hace de repente rico, el impacto es muy profundo en todos los aspectos de su vida". Son palabras del doctor Stephen Goldbart, cofundador del Money, Meaning & Choices Institute: "Puede transformase en una experiencia dolorosa para algunas personas".

(iStock)
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Es fácil que en algunos individuos tocados por la fortuna aparezca así el llamado "Síndrome de la Riqueza Súbita", que entraña una pérdida identidad acompañada de soledad y frustración. Los nuevos adinerados exhiben a veces comportamientos que les desvinculan de intereses anteriores. Las prioridades en la vida también cambian y todo ello puede crear una ruptura involuntaria con las amistades de siempre.

Por ello, si te gusta dejarte llevar por la ensoñación de ganar el Gordo, no te quedes solo en la superficie y profundiza en cómo enfocarías tu nuevo estado. Seguir trabajando nos sigue conectando con la realidad cotidiana y previene que nuestro entorno más inmediato se trastoque de una manera traumática. ¿Seguir gastando ocho horas de nuestra vida en la oficina? Al final no va a ser tan mala idea...

Alma, Corazón, Vida

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