HAY 50.000 VIVIENDAS PARALIZADAS

“El sector de las cooperativas de viviendas está muerto, asesinado y rematado”

“Estamos en una situación malísima con tendencia a empeorar. [...] Cuatro años de crisis, y lo que nos queda”. El sector de las cooperativas de vivienda

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“El sector de las cooperativas de viviendas está muerto, asesinado y rematado”
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    “Estamos en una situación malísima con tendencia a empeorar. [...] Cuatro años de crisis, y lo que nos queda”. El sector de las cooperativas de vivienda en España atraviesa su peor momento. “Hemos vivido cinco crisis, pero esta, sin duda, está siendo la más dura. Estamos totalmente desamparados”, aseguraba ayer el presidente de la Confederación de Cooperativas de Viviendas en España (Concovi), durante la celebración de unas jornadas sobre el sector.

    El sentir general era de pesimismo. "Hay zonas con mínimas esperanzas de futuro. Pero, en general, el sector está muerto, asesinado y rematado", señalaba Alberto Garrido Gersol, consejero de la federación madrileña.

    El sector lamenta y critica la falta de interés e interlocución con las Administraciones públicas y el Gobierno, a quienes acusan de haber dado prioridad al alquiler y la rehabilitación, dejando la vivienda en propiedad en un segundo plano. “Llevamos más de un año con este Gobierno y, a diferencia de lo que ha sucedido en los últimos 50 años, todavía no nos han dado opción a participar en el nuevo Plan Nacional de Vivienda 2013-2019”.

    “Nos estamos encontrando con dificultades en todos los niveles. Las subvenciones han caído un 70% y otras ayudas han sido suprimidas totalmente”, explicaba Vázquez Fraile, quien apunta que la crisis ha dejado en el aire unas 50.000 viviendas ya comprometidas, en muchos casos con un 60% del importe abonado.

    El sector se enfrenta a un problema de demanda, financiación e inseguridad jurídica. “La demanda solvente prácticamente no existe, es un desastre. El perfil del cliente cooperativista es de clase media clase media-baja. Los primeros, los que andan justitos, están muy asustados por la situación económica y ni se atreven a comprar. Los segundos, los pocos que quieren comprar, prefieren un producto que ya esté terminado”, aseguraba Alberto Garrido.  

    Las cooperativas tampoco son ajenas a la falta de financiación. “El problema son los suelos limpios, los que están manchados por una hipoteca. Para esos no hay financiación”, señalaba Juan Parro Cuesta, del servicio técnico de Concovi. “Además, estás muerto si tienes un suelo al lado de un terreno adjudicado a un banco, porque este construirá por debajo de coste. El problema es que muchos de esos suelos están ubicados donde la gente no tiene intención de irse a vivir”.

    Son pocos los proyectos que consiguen el visto bueno del banco porque, para ello, la cooperativa debe estar prácticamente llena, la gestora y constructora deben ser solventes, y los cooperativistas, además de no destinar más del 30% de sus ingresos al pago de la hipoteca, en muchas ocasiones deben adelantar entre el 20% y el 30% del importe total del inmueble, tal y como sucede a cientos de particulares que a día de hoy quieren comprar una vivienda que no sea de una entidad financiera. ”Hay quienes se piensan que con desembolsar 8.000 o 9.000 euros se creen que ya tienen una cooperativa. Eso sucedía hace años, pero ahora los bancos exigen mucho más”.

    Inseguridad jurídica

    El sector se enfrenta a otra serie de dificultades. “No estamos hablando sólo de un problema de financiación y de demanda. No hay garantías jurídicas. Lo que vale hoy no vale al día siguiente.  Hay una falta de respeto total a los compromisos adquiridos y, así, resulta muy difícil plantear un proyecto inmobiliario cuyo desarrollo lleva varios años”, señalaba Garrido.

    Los cooperativistas también entonan el mea culpa. Y reconocen cómo en estos momentos de crisis se ha impuesto el individualismo, la ley del sálvese quien pueda, y apuestan por impulsar el asociacionismo que les permita ganar peso y voz ante las Administraciones públicas. 

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