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Turismo en Flandes: cultura, gastronomía y bicicletas con Rubens de fondo

Con su amplia variedad de ofertas, esta región europea no defrauda a los que se animan a viajar hasta allí para sentir la más pura esencia flamenca

Foto: Ayuntamiento de Brujas. (CC)
Ayuntamiento de Brujas. (CC)

Flandes es un paraíso para los amantes de la cultura, de la gastronomía, del arte y —cómo no— de las bicicletas, que recorren sus calles en un incesante ir y venir rodante. La región se postula como una de las opciones más interesantes para los viajeros que buscan satisfacer necesidades variadas a lo largo de su periodo vacacional. El turismo en Flandes, con su amplia variedad de ofertas, no defrauda a los que se animan a viajar hasta allí para sentir la más pura esencia flamenca.

En función de sus gustos y preferencias personales, la ruta por Flandes se desarrolla por unas ciudades u otras. Brujas, Gante, Amberes o Lovaina son algunas de las urbes que forman parte de estos recorridos pensados para usted.

El Flandes de las Cruzadas

En el centro de Brujas —ciudad que debe su nombre a los múltiples puentes que la recorren— descansan unas construcciones con una gran tradición histórica: los beaterios. Estos edificios formaban parte de conjuntos arquitectónicos donde vivían las beguinas, mujeres que veían en los conventos la única forma de vida posible ante un panorama tan desolador como el de las Cruzadas, que las dejaron viudas o huérfanas.

Aunque la religión no estaba entre sus prioridades, estas mujeres combinaban la ayuda al prójimo y la caridad con los rezos y la vida espiritual. A día de hoy, los beaterios de Brujas fechados en el siglo XIII siguen en pie con sus características fachadas blancas encaladas y sus tejados rojizos, elementos que le saludarán en su recorrido hacia Grote Markt —la plaza mayor de la ciudad— o el campanario de 83 metros ubicado en la Grand Place.

Uno de los idílicos paisajes de Brujas. (CC)
Uno de los idílicos paisajes de Brujas. (CC)

Lovaina también puede presumir de disponer del conocido como Gran Beaterio, uno de los monumentos más destacados de la ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad. A diferencia del de Brujas, las paredes de este beaterio son de color ladrillo y el techo es más oscuro; en la actualidad, el centenar de casas que lo componen se utiliza como residencia para los alumnos del campus de la Universidad de Lovaina.

No puede faltar, de camino al ayuntamiento y la iglesia de San Pedro, una degustación de cerveza y chocolate para reponer fuerzas. Estos dos productos se encuentran por doquier en cualquier rincón de Flandes, así que no le será difícil localizarlos en su paseo por Malinas. En esta ciudad, la torre de San Rumoldo —y sus increíbles vistas— y la Real Fábrica de Tapices de Wit —cuya gran mayoría de empleados son mujeres— son dos de las paradas obligatorias.

Flandes... para comérselo

Cerveza de Flandes. (CC)
Cerveza de Flandes. (CC)

La gastronomía es una de las partes más destacadas de los viajes, pues a través de los sabores también se puede descubrir la historia de las ciudades. Una de las exquisiteces con más renombre de Flandes son las ollas de mejillones acompañadas de patatas fritas —en las cartas, los reconocerá bajo las palabras 'mosselen met frieten' 0151. De postre, un gofre satisfará los deseos de los más golosos. Ambos productos se pueden degustar en los múltiples restaurantes salpicados por el centro histórico de Brujas, donde la cerveza adquiere un papel protagonista.

Esta bebida fue declarada Patrimonio Inmaterial de la Unesco por la gran diversidad de variedades —unos 1.500 tipos que se elaboran en más de 200 fábricas— y la gran estima que los habitantes le otorgan a nivel social y cultural. Las cervezas de trigo y de malta son las más tradicionales, pero también se pueden encontrar algunas con aroma a fruta —como la Lambic de cerezas— o a café.

El Museo de la Cerveza de Brujas, que incluye una degustación, le ilustrará sobre el sistema de fabricación de esta bebida dorada tan refrescante. Puede utilizarla para calmar su sed mientras acompaña unos riquísimos quesos de la región —unas 80 variedades, también muy populares por su exquisito sabor— o mientras paladea un 'konijn met pruimen' —un plato de conejo con salsa de cerveza y ciruelas que está para chuparse los dedos—.

Si prefiere el dulce, Flandes será como llegar al cielo. El chocolate es otro de los productos que no pueden faltar en un recorrido por la gastronomía, y ciudades como Brujas o Lovaina —entre otras— lo ofrecen a sus visitantes para endulzarles la estancia. El chocolate de esta región se disputa el título de 'mejor del mundo' con Suiza, así que deberá probarlo para establecer su propio criterio al respecto.

Flandes, hervidero cultural

La ubicación de Flandes en el centro de Europa convierte la región en un hervidero de influencias. La cultura no podía faltar entre ellas, una disciplina que se deja ver en cuanto se comienza a pasear por el centro de Bruselas y se descubre el Museo Horta, lugar de residencia y trabajo del arquitecto Victor Horta, nacido en 1861 en Gante.

Su ciudad de nacimiento está incluida en los recorridos culturales más interesantes de Flandes, pues su callejero está plagado de construcciones de gran valor artístico, como la Catedral de San Bavón. En el interior, los visitantes se quedarán embelesados cuando contemplen el retablo de la 'Adoración del Cordero Místico', pintado en su políptico de 12 tablas decoradas en óleo del siglo XV.

Basílica de la Sagrada Sangre. (CC)
Basílica de la Sagrada Sangre. (CC)

Los templos forman parte de la esencia cultural de Flandes. En Brujas, por ejemplo, la Basílica de la Sagrada Sangre merece una visita, aunque solo sea para admirar su original fachada, nada similar al resto de iglesias católicas. Pruebe a comparar usted mismo: mantenga en la memoria la silueta de la basílica y luego acuda a Amberes a visitar su catedral —conocida como Onze-Lieve-Vrouwekathedraal—. Totalmente diferentes, ¿verdad?

Dentro de la catedral se exponen cuatro pinturas de Rubens, autor destacadísimo cuya morada se puede visitar en Amberes. Algunos de sus cuadros fueron encargados por el alcalde y mecenas Nicolaas Rockox, y sus lienzos aún descansan en el museo que lleva el nombre de este coleccionista de arte. Para continuar la ruta cultural, conviene adentrarse en el ajardinado Museo Plantin Moretus, el único museo del mundo que puede presumir de haber sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Flandes, a 'pinceladas'

La escuela flamenca tiene en Rubens uno de los máximos exponentes de su estilo. El autor, cuyas obras eran requeridas incesantemente por el rey español Felipe IV, desarrolló en algunos de sus cuadros la formación humanista por la que sentía inquietud. Esta característica se palpa a la perfección durante la visita al Rubenshuis, el palacio que Rubens compró y remodeló en 1608 siguiendo la influencia de los 'palazzi' italianos.

Fachada de la Rubenshuis.
Fachada de la Rubenshuis.

Este edificio actuó como taller para el prolífico pintor, habiendo desarrollado en sus luminosas estancias algunas de sus obras maestras más famosas. Además, las habitaciones del Rubenshuis también sirvieron como improvisado despacho para recibir a diplomáticos europeos —Rubens fue diplomático en distintas cortes europeas y dominaba varios idiomas— o incluso como aula para instruir a maestros del pincel tan importantes como Jacob Jordaens o Anthony van Dyck.

Cicloturismo para mover las piernas

Si lo que le gusta es descubrir nuevos lugares dando pedales, Flandes es perfecto para usted. La región cuenta con un buen número de carriles bici que le servirán como 'carreteras' para desplazarse entre ciudad y ciudad. Desde Brujas, ponga rumbo a Ostende en un recorrido de 40 kilómetros donde, por el camino, descubrirá pueblos tan encantadores como De Haan y su esencia de la 'belle époque' decimonónica.

Tras una parada en sus calles, Ostende, la conocida como 'reina de todas las ciudades costeras', le estará esperando para ofrecerle sus playas y una amplia variedad de ocio para niños: entre ella, la granja 'De lange schuur' o el centro de atracciones 'Earth Explorer'. Reserve fuerzas para llegar, al día siguiente, a Oudenburg, una localidad a 30 kilómetros levantada sobre los cimientos de una antigua ciudad romana.

Para descansar y relajar las piernas, nada mejor que la visita a Nieuwpoort y sus famosos balnearios medicinales. La ciudad se encuentra localizada a lo largo del río Yser, cuyas exclusas resultaron de especial significación para detener el avance alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Aproveche que ha recuperado energías para llegar a Brujas y conocer todos los atractivos de la ciudad que se han enumerado a lo largo del artículo.

Y para terminar su circuito en bicicleta por Flandes, pedalee hasta Blankenberge y el mar del Norte durante un recorrido de 31 kilómetros. Los niños lo pasarán en grande junto al mar y aprenderán más cosas sobre la vida marina en el parque Sea Life.

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