La vacuna covid no lleva chip, pero te pondrás uno de verdad antes de lo que piensas
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El chip prodigioso

La vacuna covid no lleva chip, pero te pondrás uno de verdad antes de lo que piensas

Hoy en día, hay empresas que te envían a casa implantes subcutáneos para poder abrir puertas o desbloquear el ordenador sin usar contraseña. Pero el futuro trae cosas mucho más interesantes

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Implante. (Neuralink)

Conspiranoicos, negacionistas y asociaciones de cuñados de ámbito internacional llevan meses advirtiendo de que las vacunas del covid-19 vienen con un chip incorporado que tiene como función el control de la población mundial. Da igual que no se hayan encontrado pruebas que lo confirmen, para ellos es una cuestión de fe y contra eso no hay ‘fact check’ que valga. Tienen razón, sin embargo, en que desde hace tiempo se pueden implantar microchips en nuestro cuerpo, pero además ahora hay varias compañías que los comercializan y hasta te los llevan a tu casa.

La gran mayoría de las empresas que venden chips subcutáneos utilizan tecnologías de transmisión de información por ondas de radio NFC y RFID. La primera es la misma que utiliza tu móvil para hacer pagos de manera inalámbrica, mientras que la segunda es la que se utiliza en las tarjetas o llaveros que dan acceso a muchos edificios empresariales. El RFID también te será familiar, porque es la tecnología que se utiliza en los implantes que llevan los perros para identificarlos en caso de pérdida.

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En realidad, todos estos sistemas funcionan de manera muy parecida y requieren estar muy cerca del lector con el que se quiere interactuar. Como sugiere este artículo de Slate, si lo que se busca es el control de la población, hay sistemas mucho más eficientes de rastreo que ya se están empleando de manera masiva en el mundo. Son aparatos conectados a GPS que llevamos voluntariamente a todos los sitios adonde vamos, nuestros teléfonos móviles.

Los implantes que se comercializan por ahora no son excesivamente pequeños. Según los expertos, los de uso humano deben ser de unos 10 milímetros de largo y dos de ancho para que se puedan leer correctamente a través de nuestra piel. Y los fabricantes de chips los aplican con unas jeringuillas de cinco milímetros de diámetro, un tamaño terrorífico comparado con los 0,8 milímetros que miden las que recomiendan las autoridades para el suministro de la vacuna del covid.

placeholder Implantes NFC. (I am a Robot)
Implantes NFC. (I am a Robot)

La empresa americana Dangerous Things vende un kit de tres chips que incluyen las tecnologías principales de NFC y RFID por 270 dólares. Además, viene con el aparataje necesario para que te lo inyectes tú en tu casa si no quieres que lo haga un profesional, aunque esto último sería lo recomendable, según la compañía.

Hay otras, como la alemana I Am Robot o la británica Bioteq, que venden implantes NFC y RFID con unos precios que van desde los 78 euros —la opción más básica— a los 190 que ya incluyen que un médico te lo instale y el chute de anestesia local para que no te duela. Aunque desde la compañía aseguran que el dolor del implante es similar al de ponerse un pendiente y por tanto los posibles riesgos para la salud también. Sus chips se controlan a través del móvil y tienen hasta 10 años de garantía.

placeholder Chip y aguja. (I am a Robot)
Chip y aguja. (I am a Robot)

Los usos prácticos de estos chips son muchos, y van desde abrir puertas sin usar las manos a desbloquear tu ordenador sin tener que acordarte de la contraseña. En Suecia, miles de personas tienen uno y ya pagan en máquinas expendedoras y validan sus billetes de tren con ellos. Pero esta tecnología no parece aportar nada distinto a lo que ya puedes hacer con tu móvil o con una pulsera inteligente. Además, las mismas compañías admiten que sus productos no están certificados oficialmente para el uso en el cuerpo humano, así que si eres aprensivo como yo, no le verás mucho sentido.

Los chips prodigiosos que vienen

Frente a estos chips rudimentarios, que sirven fundamentalmente para intercambiar información muy básica, hay otros implantes, como los Brain-Computer Interface (BCI) —Interfaz Cerebro-Ordenador en español—, que auguran un futuro bastante más excitante al conectar directamente las máquinas a nuestro cerebro.

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Neuralink.

Hay varias empresas invirtiendo millones de dólares en BCI, la más conocida es Neuralink, de Elon Musk, aunque no es la única. Kernel, una 'startup' americana capitaneada por Bryan Johnson, lleva desde 2016 innovando en el sector de la neurotecnología. Un campo que todavía está en pañales y que tiene importantes obstáculos por sortear. Como apunta este artículo, no está claro cómo vamos a poder 'escribir' instrucciones en el cerebro o cómo de efectivas y duraderas serán. Además, también está el melón de cómo vamos a resolver las implicaciones éticas que conlleva una tecnología de este calibre.

Aun así, la BCI promete aplicaciones muy interesantes. En teoría, tendrá la capacidad de ayudar al cerebro a corregir lesiones cerebrales o neurológicas y sus futuras aplicaciones podrían ayudar a ampliar la capacidad cerebral humana y ayudarnos a comunicarnos con las máquinas, no con nuestro lenguaje, que según Musk es mucho más lento e ineficiente, sino en el suyo propio. Esto nos daría la posibilidad de competir con las futuras inteligencias artificiales y abriría otro capítulo más en esta era que viene del Novaceno.

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