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La revolucionaria hipótesis sobre el suicidio: parásitos y microbios alteran nuestros actos
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UNA IDEA QUE HAY QUE EXPLORAR

La revolucionaria hipótesis sobre el suicidio: parásitos y microbios alteran nuestros actos

Virus, bacterias y organismos parasitarios alteran el comportamiento del huésped hasta consecuencias fatales, según muchos estudios animales y algunos indicios en el ser humano

Foto: Manifestación de la plataforma Stop Suicidios. (EFE/Víctor Lerena)
Manifestación de la plataforma Stop Suicidios. (EFE/Víctor Lerena)

La preocupación por la salud mental se ha disparado en los últimos tiempos. La consecuencia más grave son los suicidios, que alcanzaron su récord histórico en 2020 (hasta el momento, el último año con datos oficiales), con 3.941 defunciones en España. Sin duda, las sucesivas crisis que vivimos, con su impacto en la salud, la economía y el bienestar en general, tienen mucho que ver con el malestar que atenaza a la sociedad. No obstante, la mayoría de las enfermedades se explican por una combinación de factores y el caso de la psiquiatría no es diferente. El comportamiento humano está marcado por el entorno de la persona, pero en los últimos tiempos la investigación científica está señalando otras variables que puede ser determinantes, por ejemplo, sus características genéticas. ¿Qué más elementos nos influyen y aún desconocemos?

El mundo animal suele ser un buen referente para encontrar respuestas, incluso para aquellos comportamientos que consideramos exclusivamente humanos y que, en realidad, casi nunca lo son. ¿Existe el suicidio en otras especies? El italiano psiquiatra Antonio Petri, Universidad de Cagliari, revisó hace unos años cuatro décadas de publicaciones científicas sobre esta cuestión y, aunque encontró estudios que indican que numerosas especies se quitan la vida en determinadas circunstancias, considera que es difícil establecer una analogía con las personas: ¿cómo pueden tomar la decisión consciente de morir si no tienen una noción de qué es la muerte? Sin embargo, otras investigaciones dejan claro que existe una situación aún más inquietante: cuando los parásitos dominan la voluntad de un individuo hasta el punto de que llega a eliminarse a sí mismo en beneficio del patógeno que alberga.

Foto: El psiquiatra José Luis Carrasco Perera posa para El Confidencial. (A. B.)

La hipótesis del parásito manipulador acumula cada vez más evidencias científicas, pero un ejemplo clásico es Toxoplasma gondii, el protozoo que causa la toxoplasmosis. Para completar su ciclo de vida, necesita pasar por el aparato digestivo del gato o de otros felinos, pero en su camino hasta allí llega a alterar asombrosamente el comportamiento de otras especies. Un ratón siempre huye cuando huele a gato, pero si el roedor está infectado por Toxoplasma gondii, su sentido del olfato está tan alterado que hace exactamente lo contrario: siente una atracción por el animal que lo va a devorar, de manera que el parásito logra su objetivo: llegar al estómago del felino. Es más, un estudio en ratas indicó que los machos infectados resultaban más atractivos para las hembras que los sanos y, por lo tanto, se reproducían más, facilitando la diseminación del parásito también por esta vía. Al parecer, en este caso, el mecanismo clave estaba en la alteración de las feromonas que secretaban.

¿Todo esto tiene algo que ver con el ser humano? Algunos investigadores creen que sí. Este protozoo nos causa toxoplasmosis, una enfermedad leve salvo para los fetos. Sin embargo, la presencia de este parásito (según algunos cálculos, un tercio de la población mundial podría estar infectada de forma crónica, aunque en Francia supera el 80%) también se relaciona estadísticamente con la esquizofrenia, el intento de suicidio, la depresión y otras enfermedades neuropsiquiátricas, según varios estudios recientes. Un metaanálisis cifra el incremento del riesgo de quitarse la vida en un 43% cuando esta infección está presente. Además, hay un indicio muy peculiar que recuerda a lo que les sucede a los ratones: a las personas con Toxoplasma gondii les resulta agradable la orina de gato.

placeholder Enfermedad mental. (Cedida)
Enfermedad mental. (Cedida)

No obstante, los seres humanos no somos devorados por felinos, así que ¿qué sentido tiene este mecanismo? "No hace tanto que los leones devoraban personas, es probable que muchos mecanismos evolutivos persistan aunque ya no funcionen, se nos olvida que nuestro periodo histórico es muy breve", comenta en declaraciones a Teknautas José Ramón Alonso, neurocientífico y catedrático de Biología Celular en la Universidad de Salamanca. Aunque existen más evidencias en el mundo animal, hay datos sorprendentes en humanos que merecen ser investigados. Por ejemplo, que "la gente implicada en accidentes de tráfico está más infectada por Toxoplasma que la población general".

Este neurocientífico acaba de ganar el Premio Europeo de Divulgación Científica Estudi General, convocado por la Universidad de Valencia y el Ayuntamiento de Alzira, uno de los más prestigiosos del campo de la divulgación de la ciencia, por la obra inédita Son nuestros amos y nosotros sus esclavos, que aborda esta cuestión y que será publicada en unos meses. "Es un tema que me apasiona", reconoce, aunque con la cautela de señalar que solo se trata de hipótesis que deben ser contrastadas o refutadas por la ciencia. En cualquier caso, cree que vale la pena indagar más y ofrecer otras perspectivas para las enfermedades psiquiátricas: "A menudo contamos la ciencia como si ya supiéramos todo y tuviésemos todas las repuestas, pero lo cierto es que a veces surge una nueva idea que cambia las reglas de juego", apunta.

placeholder José Ramón Alonso. (Universidad de Salamanca)
José Ramón Alonso. (Universidad de Salamanca)

Aparte del llamativo caso del Toxoplasma, ¿sabemos si otros microorganismos llegan a cambiar el comportamiento de sus hospedadores? De nuevo, la gran baza que sustenta la idea de que los microorganismos pueden manipular a sus hospedadores está en la abundante evidencia científica que encontramos en diferentes animales. Una de las más recientes es un estudio de investigadores españoles sobre anfibios, liderado por Irene Hernández, de la Universidad de Extremadura. En concreto, la investigación demuestra que hay nematodos que parasitan sapos y alteran su comportamiento, haciendo que se queden más cerca del agua, lo que favorece a estos gusanos.

Aunque tratándose de gusanos, hay un caso muy estudiado que es más dramático: un tipo de saltamontes de tierra (Meconema thalassinum) se tira al agua, con riesgo de ahogarse, cuando está infectado por otro nematodo. Esta acción solo favorece al parásito, que se encuentra así en su medio ideal para completar su ciclo de vida. Las investigaciones indican que ciertas sustancias del gusano consiguen alterar las funciones cerebrales del insecto hasta provocar este extraño comportamiento.

Alonso lleva años recopilando este tipo de estudios y encuentra muchos paralelismos con el ser humano. De hecho, destaca que una infección conocida por la humanidad desde hace milenios nos cambia de forma brutal, aunque lo asumimos "casi sin darnos cuenta de lo que significa", la rabia. "El virus de la rabia es muy sencillo, solo tiene cinco genes y, en teoría, sabemos muy bien lo que hace cada uno. En principio, no hay nada extraño, pero cuando nos infecta se reproduce en el cerebro; y cuando realiza muchas copias, baja a través del nervio facial hasta las glándulas salivales", relata. El efecto en las personas podría recordar a una película de zombis: "Llegamos a morder a la persona que más queremos y la contagiamos". Por otra parte, "si bebes, te tragas el virus y es destruido en el estómago". Como esto no le interesa al patógeno, "las personas con rabia tienen hidrofobia, no consiguen beber, porque les dan arcadas".

placeholder Toxoplasma bajo el microscopio. (Cedida)
Toxoplasma bajo el microscopio. (Cedida)

El investigador recuerda otro curioso efecto de un conocido virus en el comportamiento humano que vivió de cerca mientras trabajaba en Alemania. "Al lado de mi laboratorio había una clínica para enfermos terminales de sida. Corría el cotilleo de que estas personas estaban buscando sexo todo el día. Cuando lo piensas, puedes creer que se trataba de exprimir la última gota de placer que puede darte la vida, pero visto desde el punto de vista del virus, si este microorganismo pudiera decidir, sabría que le interesaba cambiar de huésped a través del contacto sexual", comenta.

¿Tiene un virus capacidad para incitar ese deseo? Unas investigadoras decidieron investigar esta cuestión, pero desde el punto de vista ético no habría sido admisible realizar ciencia experimental en humanos con patógenos peligrosos, así que utilizaron la vacuna de la gripe (compuesta por fracciones de virus que no causan la enfermedad). "Realizaron un experimento en una universidad que tuvo un resultado muy curioso: la gente que recibía la vacuna multiplicaba sus contactos sociales. Para la difusión de un virus de la gripe, lo mejor es que te reúnas con mucha gente en muchos lugares", comenta.

Aunque al expresarnos de esta forma parece que le atribuimos una intención a los microorganismos, en realidad los efectos que producen sobre sus hospedadores son fruto de una adaptación evolutiva. "No hay que adscribirle jamás una inteligencia a un virus o a una bacteria, pero la evolución ha favorecido ciertas relaciones entre especies que redundan en la supervivencia de algunos organismos", explica. Estos mecanismos acaban consolidados genéticamente y, analizados desde fuera con nuestra interpretación humana, sugieren la existencia de una "manipulación" que, al menos, no es literal.

Foto: La estrella de la NBA Magic Johnson fue el primer gran deportista en anunciar, en 1991, que había contraído el VIH. (EFE/Etienne Laurent)

En cualquier caso, explorar las infecciones desde este punto de vista puede cambiar el estudio de las enfermedades mentales. "Sabemos muy poco de cómo surgen", señala el investigador de la Universidad de Salamanca. "Debemos reconocer que cuando alguien se suicida no está clara la causa, porque mucha gente tiene depresión y no llega ese punto". Además, el campo de la psiquiatría sufre escasez de tratamientos. "Tenemos medicamentos poco mejores que un placebo y con efectos secundarios duros, así que conviene explorar otras alternativas. En ningún momento quiero llegar a afirmar que esto es una solución, eso lo dirá la ciencia profundizando en estas investigaciones, pero creo que sí hay que llamar la atención para que nuevos investigadores indaguen en esta idea", señala. La clave puede no estar en las vías habituales, sino "en un microbio al que no le prestamos gran atención".

Una nueva perspectiva apoyada en la creciente evidencia científica puede revolucionar este campo del conocimiento. En general, aún sabemos muy poco sobre los efectos de virus, bacterias y otros organismos, pero en los últimos años la microbiología está aportando nuevas visiones sobre enfermedades y tratamientos. Ejemplos como la relación entre la esclerosis múltiple y el virus de Epstein-Barr, el de la enfermedad del beso, habrían sido impensables hasta hace poco. Sin embargo, no solo hay que pensar en ello desde el punto de vista patológico, sino también del terapéutico. "Hay una bacteria que protege de la caries”, apunta Alonso, “así que quizá dentro de unos años los dentífricos la incluyan, en lugar del flúor", comenta.

Del mismo modo, también está cambiando la imagen que tenemos del cerebro. Este órgano está protegido por la barrera hematoencefálica, que regula el paso de ciertas sustancias. Por eso, "pensamos que las proteínas no pueden atravesarla, pero en mi grupo de investigación hemos demostrado que incluso entran nuevas neuronas, células que son mucho más grandes", comenta el neurocientífico. ¿Significa esto que nuestro cerebro es más vulnerable de lo que pensábamos? "Mi sensación es que desconocemos muchas cosas y que otras no encajan en lo que sabemos", afirma el experto, así que merece la pena seguir explorando.

La preocupación por la salud mental se ha disparado en los últimos tiempos. La consecuencia más grave son los suicidios, que alcanzaron su récord histórico en 2020 (hasta el momento, el último año con datos oficiales), con 3.941 defunciones en España. Sin duda, las sucesivas crisis que vivimos, con su impacto en la salud, la economía y el bienestar en general, tienen mucho que ver con el malestar que atenaza a la sociedad. No obstante, la mayoría de las enfermedades se explican por una combinación de factores y el caso de la psiquiatría no es diferente. El comportamiento humano está marcado por el entorno de la persona, pero en los últimos tiempos la investigación científica está señalando otras variables que puede ser determinantes, por ejemplo, sus características genéticas. ¿Qué más elementos nos influyen y aún desconocemos?

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