DÍA MUNDIAL DEL SIDA

¿Cómo ha afectado el covid-19 a la atención de los pacientes con VIH?

El seguimiento de los enfermos fue diario pero virtual, y se estableció un protocolo para enviar la medicación a los domicilios

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Una mirada a los últimos meses no puede sino traernos a la mente la imagen de una pandemia y de un sistema sanitario sometido a una presión como nunca se pudo llegar a sospechar. Aún inmersos en la segunda ola, y todavía con un sinfín de preguntas sin respuesta en el aire, sí podemos extraer una enseñanza de la situación: el tsunami del coronavirus no solo ha servido para reflexionar sobre la fortaleza del sistema de salud, sino también para poner encima de la mesa la situación de otras patologías crónicas que, en muchos casos, se han visto eclipsadas ante la entrada en tromba del covid-19.

Entre esas patologías, encontramos el VIH, una enfermedad a la que, por sus peculiares características —también infecciosa, también vírica, también pandemia—, hemos vuelto la mirada en más de una ocasión a lo largo de esta crisis. El Día Mundial del Sida, que se celebra este 1 de diciembre, puede ser un buen momento, por tanto, para repasar qué ha supuesto el coronavirus para las personas que conviven con el VIH, para analizar cómo ha sido su atención y seguimiento, y para conocer si el impacto sanitario de la pandemia ha frenado la lucha que desde hace cuatro décadas se viene librando contra esta infección.

¿Más lejos del 90-90-90?

Precisamente con ese objetivo, se celebró recientemente la IX Jornada de Salud Pública Online que, bajo el título ‘Aprendizajes en VIH ante la covid-19’, analizó las particularidades que conlleva proteger a estos pacientes en un momento tan difícil. Entre las conclusiones, probablemente la más clara sea la necesidad de mantener la guardia alta si queremos lograr el ambicioso objetivo de alcanzar el 90-90-90 a finales de 2020 y el 95-95-95 a finales de 2030. Es decir:

  • Que en 2020 el 90% de las personas que viven con el VIH conozca su estado serológico respecto al virus.

  • Que en 2020 el 90% de las personas diagnosticadas con el VIH reciba terapia antirretroviral continuada.

  • Que en 2020 el 90% de las personas que reciben terapia antirretroviral tenga supresión viral.

  • Que estos porcentajes lleguen al 95% a finales de 2030.

Este compromiso, firmado en el año 2016 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, se entendía como el primer paso para evitar la propagación del virus: se trataba de acercar las pruebas del VIH y el tratamiento a la gran mayoría de personas infectadas, así como de reducir la carga viral presente en sus cuerpos hasta niveles indetectables, de forma que pudieran estar sanas. La inquietud que se ha planteado durante estos meses es si la reciente pandemia podía dar al traste con esta estrategia.

Las incógnitas

Para esclarecerlo, vayámonos a las primeras semanas de marzo, a la declaración del estado de alarma. En aquel entonces, ante el desconocimiento que se tenía sobre el comportamiento del nuevo virus, los enfermos de sida temían ser más vulnerables. “Ahora sabemos que los pacientes con VIH no tienen mayor riesgo de resultar infectados por el covid que la población sana, ni tampoco que, en caso de que se infecten, lo sufran con mayor gravedad”, señala el doctor Santiago Moreno, jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Pero eso no se sabía en la primera ola. “Dado que tenían una causa de inmunosupresión, se tuvo un cuidado especial para evitar que se expusieran al SARS-CoV-2”, apunta Moreno.

Así las cosas, y con las consultas de VIH cerradas —como las del resto de las especialidades—, tocaba implementar sobre la marcha un sistema de seguimiento de los pacientes. “Desde que se declara el estado de alarma, se suspenden las consultas presenciales con los pacientes”, explica el doctor Rafael Rubio, médico de la Unidad de VIH del Hospital 12 de Octubre. “Se comenzó a hacer un seguimiento virtual, pero lo verdaderamente crucial era conseguir que estas personas, que temían ser más vulnerables al contagio, consiguieran su medicación sin necesidad de desplazarse al hospital”.

“Ahora sabemos que los pacientes con VIH no tienen mayor riesgo de resultar infectados por el covid que la población sana”

Aquí hay que tener en cuenta las particularidades del tratamiento de VIH. La aparición de la terapia antirretroviral (TAR), a mediados de los años noventa, modificó la historia natural de una enfermedad que pasó de letal a crónica y otorgó al paciente una esperanza de vida comparable a la de una persona sana. Su utilización ha permitido evitar 300.000 muertes en España en 30 años y dotar de calidad de vida a los pacientes, pero para ello es indispensable un alto grado de adherencia al tratamiento; el paciente debe ser riguroso en su cumplimiento, pues, de lo contrario, se pueden originar resistencias, lo que favorece el avance de la infección y dificulta encontrar otro tratamiento eficaz.

Tratamiento a domicilio

Ante el estado de alarma, la prioridad para los especialistas en VIH fue favorecer que todos los pacientes tuvieran acceso a la medicación, una medicación que habitualmente recogen cada dos meses en la farmacia del hospital. “Se cambió el protocolo para evitar que tuvieran que desplazarse, y estas farmacias hicieron el esfuerzo de mandarles a casa la medicación. Era la primera vez que hacíamos un servicio de entrega a domicilio, pero ha funcionado bien”, continúa el doctor Rubio, quien subraya que “era crucial que siguieran con el tratamiento para que no se deterioraran inmunológicamente”. Este ha sido el principal escollo. El resto, asegura el especialista, se ha podido solventar telemáticamente. “Les hemos llamado diariamente para ver cómo iban. Se les ha dado una asistencia correcta, se han sentido acompañados, algo muy importante en estos pacientes”.

"La investigación se paró, los ensayos clínicos se enlentecieron, ya que los pacientes no podían venir al seguimiento… La repercusión ha sido tremenda"

Este esfuerzo ha favorecido que la pandemia no haya tenido “repercusiones negativas en el control del VIH”, señala el doctor Moreno, quien añade que “hemos vuelto a pasar visitas presenciales y no me he tropezado con ningún paciente que haya tenido dificultad en el acceso a su tratamiento”. Por tanto, con respecto al objetivo 90-90-90, no parece que haya tenido un impacto negativo, si bien todavía se desconoce si ha disminuido de forma significativa el número de nuevos diagnósticos.

No obstante, la pandemia sí parece haber tenido un efecto negativo en lo que respecta a la innovación e investigación. “Toda investigación que no estuviera destinada al covid-19 se ha frenado mucho”, advierte el doctor Moreno. "La investigación en laboratorios se paró, los ensayos clínicos se enlentecieron, ya que los pacientes no podían venir al seguimiento y no se podía reclutar a voluntarios… La repercusión ha sido tremenda", añade el jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Además, más allá de la investigación básica y de los ensayos, “los clínicos no teníamos ni tiempo para enfocarnos en nuestros proyectos. Le hemos dedicado el tiempo asistencial al coronavirus y solo ha sido ahora, después de verano, cuando hemos podido retomar nuestros proyectos”, apunta.

A partir de ahora, aseguran los especialistas, es cuestión de ponerse al día y de recuperar el tiempo perdido, de intentar seguir adelante con el 95-95-95 y de seguir avanzando en la eliminación de la penúltima pandemia de nuestra época.

Los datos

Según datos de la Organización de Naciones Unidas

-1,7 millones de personas contrajeron el VIH en 2019.

- 38 millones de personas estaban conviviendo con el virus en año pasado.

- 690.000 personas murieron por enfermedades relacionadas con el sida en 2019.

En España, con datos cerrados de 2018:

- Se diagnosticaron 3.244 nuevos casos. Es una tasa de nuevos diagnósticos similar a las de otros países de la región europea de la OMS, aunque superior a la de la UE.

- En España, viven entre 140.000 y 170.000 personas con infección por el VIH, de los cuales uno de cada cinco (18%) no está diagnosticado.

- El 31,9% de los nuevos diagnósticos está en el grupo de edad de 30 a 39 años.

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