¿Qué civilización puede hallar la Tierra? Aquí acabarán nuestros dos discos de oro
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DENTRO DE 40.000 AÑOS

¿Qué civilización puede hallar la Tierra? Aquí acabarán nuestros dos discos de oro

Canciones, imágenes, sonidos, ondas cerebrales... El experimento lanzado al espacio a finales de la década de los 70 ya tiene su primer destino dentro de 40.000 años

placeholder Foto: Las dos 'cápsulas del tiempo' lanzadas al espacio. (CC/Wikimedia Commons)
Las dos 'cápsulas del tiempo' lanzadas al espacio. (CC/Wikimedia Commons)

Corría el año 1977 cuando la NASA decidió poner en marcha una iniciativa nunca antes llevada a cabo. Desde hacía varias décadas, la agencia espacial tenía claro que uno de sus objetivos, a medio y largo plazo, era seguir trabajando con la idea de tratar de encontrar vida inteligente en algún punto del espacio. Para ello, decidieron lanzar una serie de 'discos' con vestigios de nuestra civilización. Pero ¿quién podría encontrar nuestras cápsulas del tiempo?

A través del lanzamiento de la Voyager 1 y la Voyager 2, la NASA decidió llevar a cabo esta iniciativa: así, en ambas sondas gemelas, decidieron incluir un disco de cobre y oro, recubiertos de aluminio, en el que incluir elementos que representan a la humanidad, con el objetivo de que otra civilización los pueda encontrar y descifrar, para que puedan entender cómo es la vida en nuestro planeta e, incluso, nuestra localización. Llamados 'Los sonidos de la Tierra', el científico Carl Sagan fue uno de sus grandes valedores.

Foto: El paracaídas del Perseverance con el mensaje secreto. (Reuters)

Así, ambos discos cuentan con numerosa información de la vida en nuestro planeta. Incluye saludos para los extraterrestres en 56 idiomas diferentes, en los que se manda un mensaje de bienvenida; sonidos del planeta como los volcanes, los mares, el fuego, los lobos, un tren o un beso, entre muchos otros; 26 canciones, entre las que se incluyen Mozart, Bach, Beethoven o, incluso, Chuck Berry; 116 imágenes de la vida en nuestro planeta, y una grabación de una hora de ondas cerebrales.

Esa información tiene el objeto de viajar desde nuestro planeta hasta la estrella más cercana a nuestro Sistema Solar, en un viaje que tardará 40.000 años. Por esa razón, un experto llamado Nick Oberg, del Instituto Astronómico Kapteyn de los Países Bajos, ha decidido llevar a cabo una serie de cálculos para tratar de saber dónde se encuentran exactamente y, por supuesto, dónde llegarán y qué posibilidades hay de que puedan llegar a las otras estrellas.

"Nuestro objetivo original era determinar, con una precisión muy alta y utilizando el catálogo de estrellas de Gaia [el telescopio de la Agencia Espacial Europea], qué estrellas podrían encontrar las Voyager algún día de cerca", explicó Oberg en 'Space.com'. A partir de ahí, comenzó a llevar a cabo una serie de análisis para tratar de entender dónde podrían acabar las dos 'cápsulas del tiempo' de nuestra civilización, logrando el cálculo más aproximado nunca antes conseguido.

Cómo son los discos de oro de las dos Voyager.

Así, los expertos calculan que en 25.000 años las dos Voyager alcanzarán la nube de Oort, una zona nebulosa plagada de objetos transneptunianos que se encuentra en los límites del Sistema Solar. Una vez atravesada, esperan que otros 15.000 años después lleguen, por fin, a la primera estrella del exterior de nuestra galaxia, que será la enana roja Ross 248. A partir de ahí, Oberg cree que los discos pueden sobrevivir, al menos, otros 5.000 años.

Pero, precisamente ahí, es donde los astrónomos creen que puede llegar el verdadero misterio. En un periodo tan amplio de tiempo, Oberg cree que las dos naves podrían llegar a alguna estrella que, a día de hoy, todavía no existe, algo que incluso los cálculos más pormenorizados no son capaces de poder prever. Los discos están pensados para que sean capaces de sobrevivir un millón de años completamente legibles, pero un elemento inesperado podría afectarlos: el polvo interestelar.

Algunos cálculos sugieren que este elemento es uno de los pocos del espacio que pueden dañar seriamente las naves espaciales y, con ello, hacer que los discos queden dañados y perdidos en la vasta inmensidad. Dos discos que guardan la memoria de nuestra civilización para que, en caso de que otra forma de vida inteligente los encuentre, pueda descubrir nuestro modo de vida en la Tierra. Dos cápsulas del tiempo que no son más que dos botellas en el mar de nuestro universo.

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