SIN UN PROTOCOLO DETALLADO

Cazar el covid entre miles de niños con síntomas: el reto que espera en septiembre

Algunos estudios indican que los menores no tienen un papel destacado en la transmisión del coronavirus, pero los rebrotes reabren el debate sobre la vuelta al colegio

Foto: (EFE)
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Adelantado en

Si en pleno verano los brotes de coronavirus se multiplican, hay transmisión comunitaria en algunas zonas del país y muchos ya hablan de que vivimos una segunda ola, padres y profesores –y la sociedad en su conjunto– parecen tener motivos para echarse a temblar ante la perspectiva de la reanudación de las clases en septiembre. Reunir a más grupos de personas en interiores no parece la mejor medida para frenar los contagios.

Sin embargo, los niños son un grupo muy peculiar en esta pandemia: apenas les afecta, tienen muy pocos síntomas y seguimos sin estar seguros de su contribución a la transmisión del SARS-CoV-2. En cambio, sí que transmiten mucho y sufren intensamente otras infecciones respiratorias comunes, especialmente los más pequeños. Entonces, ¿qué pasará cuando llegue la época de gripes y resfriados? ¿Qué vamos a hacer cuando los escolares aparezcan con toses, estornudos y fiebres? ¿Podremos detectar el covid y aislar los casos?

Un estudio publicado en la revista médica ‘Clinical Infectious Diseases’ recoge posibles brotes escolares en Singapur y ofrece esperanzas de que la transmisión entre los niños no sea tan preocupante. En primer lugar, analiza el caso de un niño de 5 años que se contagió en casa por el contacto directo con un familiar que estaba enfermo. En su colegio encontraron hasta 34 niños con síntomas, pero al realizarles la PCR todos dieron negativo.

Lo mismo ocurrió con otro escolar de secundaria que tenía 12 años. Se infectó en su entorno familiar y, aparentemente, parecía haber llevado el coronavirus a clase, porque hasta ocho de sus compañeros desarrollaron síntomas que podrían ser de covid-19. Sin embargo, ninguno de ellos resultó positivo.

Un tercer caso relacionado con la enseñanza se centra en un adulto que contagió a 16 compañeros, empleados en un mismo centro. La infección se trasladó incluso a 11 familiares de estos, pero cuando les hicieron las pruebas a los niños de preescolar con los que había tenido contacto cercano la primera persona, todos fueron negativos. La cifra de niños era bastante elevada: 77, de los que ocho tenían síntomas compatibles con covid-19.

Síntomas muy generales

¿Es posible que haya tantos niños con síntomas y ninguno tenga covid, incluso en contacto con casos confirmados? Lo cierto es que para el coronavirus los síntomas son tan poco específicos –tos seca, cansancio y fiebre son los más comunes– y los niños pequeños suelen tener tantas patologías que a los expertos no les extraña. De hecho, los científicos que firman este estudio de Singapur consideran que, dados los resultados, es posible que la transmisión entre los menores sea bastante baja, sobre todo en los más pequeños. Por eso, creen que los colegios pueden abrir siempre que haya medidas de higiene, seguimiento de los casos y aislamiento cuando sea necesario.

Además, no es la única investigación que apunta en ese sentido. “La acumulación de datos de todo el mundo cada vez sugiere más que los niños tendrían un rol menor en la transmisión, pero no existen pruebas irrefutables que nos digan que no son capaces de contagiar”, explica a Teknautas Quique Bassat, pediatra del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Así, cuando se estudia el origen de los brotes, casi siempre provienen de adultos; y cuando se analizan los contactos de niños infectados, se ve que hay “relativamente pocas infecciones secundarias que deriven de casos pediátricos”, explica el experto.

Imagen de un campamento en Soria. Foto: Efe.
Imagen de un campamento en Soria. Foto: Efe.

El único problema de estos estudios es que se suelen basar en enfermedad clínica, es decir, que la persona que origina el brote siempre es alguien con síntomas. Sin embargo, lo más habitual es que los niños sean asintomáticos o presenten afecciones muy leves. Por eso no se sabe con seguridad si pueden desencadenar un brote. “Quizá el niño trae la infección a casa, pero el primero que se pone enfermo es el padre y se considera que el caso primario es el padre porque, aunque todos den positivo, no se conoce quién se contagió antes”, señala.

Los campamentos de BCN, un ensayo

Resolver este problema es complejo desde el punto de vista epidemiológico, porque habría que elegir un grupo de personas no infectadas y monitorizarlas temporalmente para ver si van surgiendo casos entre ellas y contagian a sus contactos. Un proyecto del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona pretende hacerlo mediante el estudio de los campamentos de verano de la ciudad, con casi 2.000 participantes menores de 15 años.

Realizamos test de forma semanal a todos los niños de estas colonias con la esperanza de obtener alguna respuesta”, comenta Bassat, que es uno de los investigadores. “Estamos teniendo positivos porque algunos campamentos están en Hospitalet o en los barrios de Barcelona con mayor incidencia en la actualidad. A partir de estos casos podemos establecer si transmiten el coronavirus o no”, explica.

Foto: Efe.
Foto: Efe.

Por el momento la respuesta no está clara, aunque sí descartan que haya habido algún caso de niño “supercontagiador” que haya transmitido ampliamente el virus. De hecho, ese papel central de los menores como grandes vectores de contagio, que sí existe en el caso de la gripe, está ya descartado por varias investigaciones, según una revisión de las evidencias científicas sobre esta cuestión publicada en la revista ‘Archives of Disease in Childhood’.

La gran virtud del estudio de los campamentos de Barcelona es que reproduce muy fielmente lo que puede suceder en época escolar, ya que se trata de niños que pasan el día en las colonias y vuelven a sus casas a dormir. “Así nos adelantamos en el tiempo para ver qué puede pasar en septiembre y poder realizar recomendaciones”, comenta.

El papel de los niños en la trasmisión no está clara, pero se descarta que sean 'supercontagiadores'

Cuando plantearon el estudio, en plena desescalada, pensaron que probablemente tendrían que suspenderlo. “Si no hubiéramos tenido ningún positivo en las muestras de la primera semana, habríamos parado la investigación, porque seguir a tantos niños a través de muestras semanales es carísimo y complicadísimo, tenemos a más de 60 personas trabajando en esto. Al principio, pensábamos que no iba a haber transmisión y no valdría la pena gastarse el dinero. Desafortunadamente, los rebrotes son constantes y algunos de ellos, donde estamos siguiendo a niños, así que al menos podremos tener respuestas”, declara Bassat.

La previsible confusión

Al margen de los datos que consigan, nada evitará que el próximo otoño en los colegios españoles se produzcan situaciones como las que describe el estudio de Singapur: niños con síntomas que pueden tener cualquier infección, un simple catarro, y que serán sospechosos de covid. “Lo primero es que los que estén enfermos se queden en casa. Esta recomendación es general, incluso de antes del covid y sobre todo con fiebre, pero se sigue poco y ahora tenemos que ser más estrictos a la hora evaluar qué niños y qué profesores pueden entrar al colegio”, señala el experto.

A partir de ahí, habría que “multiplicar nuestra capacidad de detectar y hacerlo de forma rápida y eficiente”. Lo ideal sería hacer pruebas que detecten varios virus respiratorios diferentes, pero no es fácil ni barato y el sistema no está preparado, así que habrá que realizar tantas pruebas de PCR como sean necesarias para tratar de descartar que haya casos en las aulas.

Por un simple catarro será sospechoso. Hay que aumentar la capacidad de detección

No obstante, aún faltaría diseñar un minucioso protocolo sobre cómo proceder en la realización de las pruebas. “Si tenemos un posible caso y sale negativo, nos vamos a preguntar si es porque realmente no tiene el virus o porque hemos hecho el test demasiado pronto o demasiado tarde; o si hemos recogido bien la muestra”, advierte. En ese sentido, el pediatra explica que las pruebas son mucho más fiables ahora que al inicio de la pandemia por la sencilla razón de que se han establecido mucho mejor los procedimientos.

¿Los adolescentes contagian como adultos?

El Gobierno y las comunidades autónomas establecieron en junio una serie de normas para el curso que viene que pasan por la creación de ‘burbujas’ o grupos de niños reducidos sin contacto con otros para los menores de 10 años (5º de Primaria) o la obligación de estar separados a 1,5 metros o usar mascarilla para los mayores. La pregunta es si estas medidas, que en parte recogen las recomendaciones que en su día estableció la Asociación Española de Pediatría (AEP) de cara a la reanudación de las clases, van a ser suficientes.

La distinción entre los niños más pequeños y los mayores está respaldada por un amplísimo estudio –casi 65.000 participantes– que se llevó a cabo en Corea del Sur, según el cual los niños de menos de 10 años transmiten el coronavirus a otras personas con mucha menos frecuencia que los adultos. Sin embargo, el riesgo no es cero y, además, la investigación señalaba que entre los 10 y los 19 años la transmisión ya es igual de eficaz que en los adultos.

Foto: Efe.
Foto: Efe.

En cualquier caso, el investigador del ISGlobal considera que las medidas previstas en España para septiembre ya son bastante “estrictas y detalladas”. Incluso cuando la situación se relajó con el fin del estado de alarma “mucha gente se quejó de que eran exageradas”, recuerda. Sin embargo, ahora que hay brotes e incluso una transmisión comunitaria relativamente importante en algunas zonas, ¿hay que replanteárselas? En su opinión, “en una situación como la actual siguen siendo válidas, porque si va a peor, casi nos llevaría al confinamiento domiciliario más que únicamente al cierre de escuelas”.

Uno de los hándicaps a la hora de anticiparse a la situación es que los datos de otros países no son muy abundantes. El caso que más impacto ha tenido fue el de Israel, que reabrió los colegios muy pronto y tuvo que recular, puesto que en pocos días aparecieron cientos de contagios entre alumnos y profesores y miles fueron puestos en cuarentena. Sin embargo, al analizar lo que sucedió los expertos creen que no se deben sacar conclusiones precipitadas: “Es probable que los problemas vinieran de no aplicar medidas de prevención adecuadas en el interior de las clases”, apunta Bassat. Además, “muchos casos venían de adultos infectados, no de los niños”. Esa señal de alarma israelí apenas se ha repetido en otros países, lo que podría ser “otra evidencia de que quizá los niños no transmiten tanto la enfermedad”.

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