LA NUEVA NORMALIDAD

¿Es segura para los niños (y para ti) la vuelta al cole? Estos son los riesgos en las aulas

Sin distancias ni mascarillas para menores de 10 años, el asunto provoca inquietud entre los expertos, aunque no son grandes propagadores de la enfermedad ni sufren sus peores consecuencias

Foto: Foto: Efe.
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En algunos aspectos, la nueva normalidad va camino de parecerse a la vieja más de lo que esperábamos. Gobierno y comunidades autónomas han puesto sobre la mesa esta semana sus planes para el próximo curso escolar: las clases serán presenciales y hasta 5º de Primaria no se exigirán distancias interpersonales ni mascarillas y las aulas podrán contar con hasta 20 alumnos. Con la discrepancia de Madrid y País Vasco, el futuro de la educación a partir de septiembre ha empezado a definirse y será un poco más novedoso para los mayores de 10 años, que tendrán que estar separados a 1,5 metros o usar mascarilla. También para los universitarios, ya que se potenciará la enseñanza online. Otras medidas tienen que ver con la higiene, la ventilación o dar prioridad a las actividades al aire libre.

¿Hasta qué punto serán suficientes para evitar contagios? Los expertos creen que es demasiado pronto para valorarlo. “Reina la incertidumbre, aún no sabemos si el coronavirus nos ha concedido una tregua antes de la segunda ola o si definitivamente ha decidido abandonarnos durante un tiempo indeterminado”, afirma en declaraciones a Teknautas Roi Piñeiro, secretario de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP). No obstante, “todas las medidas planteadas ayudan a evitar la transmisión de cualquier enfermedad infectiva o contagiosa, no sólo covid 19. Es decir, efectivas son. Si son suficientes, ya lo veremos”, comenta a título personal.

¿Tienen sentido las medidas?

La Asociación Española de Pediatría (AEP) elaboró ya hace un mes una propuesta de cara a la reanudación de las clases. Algunas de sus medidas han sido recogidas por los políticos y otras no tanto. “Lo que han anunciado para los menores de 10 años es bastante más laxo de lo que nos gustaría ver desde el punto de vista de la salud pública”, señala Quique Bassat, pediatra del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y uno de los autores del documento.

Por ejemplo, está previsto crear “burbujas” o grupos reducidos de niños que no van a variar, en los que se permitiría no usar mascarillas y en los que no sería necesario el distanciamiento social. El hecho de que ninguna de estas dos medidas esté prevista es preocupante, según este experto. “La idea de las burbujas es buena, pero es efectiva cuando el tamaño de estos grupos es reducido, pero se está hablando de que pueden ser de 20 niños y eso ya desvirtúa la medida, porque no es muy diferente a una clase normal”, advierte.

Foto: Efe.
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Si el plan español va a salir bien o mal, lo iremos viendo, pero algunos ejemplos pueden servir de advertencia. La experiencia de Israel está siendo desalentadora: 16.000 estudiantes y profesores están en cuarentena y 100 colegios han vuelto a cerrar tras detectarse 360 positivos. En Francia también se registró un repunte de casos cuando regresó la actividad escolar. En cambio, la incidencia de esta medida en Dinamarca, que fue uno de los primeros países en tomarla, ya a mediados de abril, no parece haber sido muy importante.

“Monitorizar lo que está pasando en otros países nos está sirviendo mucho”, comenta Bassat. “Si se hace bien, es altamente improbable que se produzcan brotes. Hay que tener en cuenta que algunos de los casos de Israel han sido en colegios que no habían adoptado ninguna medida de prevención”, añade. No obstante, “aquí nos relajamos de forma rápida y, ante la falsa percepción de que ya no hay riesgo, mi miedo es que pensemos que las medidas no son tan necesarias ni importantes”.

Mientras que en Israel, la vuelta a las clases ha sido un desastre, Dinamarca no se ha visto muy afectada

En los casos de rebrotes en las escuelas, casi siempre la infección tiene origen en adultos y los niños la llevan al colegio, lo que obliga a volver a cerrar o a confinar a sus contactos. Por eso, la situación epidemiológica de cada país y de cada momento es clave para la apertura de los centros escolares suponga un mayor o menor peligro. Así que realmente “se está valorando lo que vamos a hacer en septiembre sin saber lo que puede ocurrir este mismo verano”, señala Piñeiro.

“Algunas de las recomendaciones que hoy son válidas a lo mejor han perdido su vigencia dentro de dos meses por la situación epidemiológica”, coincide el pediatra de ISGlobal. “Tenemos que hacer recomendaciones como si las clases volvieran a empezar hoy mismo, pero a lo mejor en septiembre el nivel de transmisión se ha reducido tanto que no son necesarias o, por el contrario, puede que haya empeorado tanto que ni siquiera estemos en disposición de abrir los colegios, hay que revisar todo con frecuencia”, añade.

En algunas comunidades, los alumnos más mayores ya han podido volver a las aulas. Foto: Efe.
En algunas comunidades, los alumnos más mayores ya han podido volver a las aulas. Foto: Efe.

¿Qué riesgos corren los niños?

Aunque la población infantil es la menos afectada por el virus, ya que apenas registra síntomas, también se contagia. En ese aspecto, las estadísticas tienen “un sesgo muy importante, porque los que acuden a diagnosticarse son los que tienen síntomas y son sobre todo adultos”, indica Bassat. Sin embargo, el estudio español de seroprevalencia y los rastreos de contactos están demostrando que los menores son más o menos igual de susceptibles a la infección. “Es cierto que cuanto más pequeño es el niño, menos se infecta, pero no hay unas diferencias enormes”, según el experto.

Así que la gran diferencia está en el tipo de enfermedad que sufren. En su inmensa mayoría no presentan ningún tipo de complicación. Según los informes del Instituto de Salud Carlos III, la mortalidad por covid-19 en niños es inferior al 0,1%, un porcentaje que se va multiplicando con la edad hasta llegar a un dramático 20% en mayores de 80 años.

No obstante, hace dos meses algunos casos graves desataron la preocupación. En varios países los pediatras describieron un “síndrome de 'shock' tóxico”, caracterizado por la fiebre y la afectación de varios órganos, y síntomas de enfermedad de Kawasaki atípica, caracterizada por la inflamación de vasos sanguíneos con erupciones en la piel y otras complicaciones. Aunque la incidencia era muy escasa, comenzó a ser más alta de lo habitual y se vinculó a diagnósticos de covid-19.

Foto: Efe.
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Ahora, este problema se ha redefinido como Síndrome Multisistémico Inflamatorio Pediátrico Temporalmente Asociado con el SARS-CoV-2 (PIMS-TS) y se ha confirmado que afecta a un porcentaje extremadamente pequeño de la población infantil. “Es una enfermedad rara y solo se han descrito algunas series aisladas. Los pediatras debemos estar atentos ante este nuevo síndrome, pero en ningún caso debe ser un motivo de preocupación ni alarma para los padres”, apunta Piñeiro. En España, un estudio describe 11 casos que acabaron en UCI pediátricas, sin ningún fallecimiento.

En definitiva, parece que se infectan con la misma frecuencia que los adultos, pero lo más probable es que los cuadros clínicos sean muy leves o ni siquiera presentan síntomas. “Desde el punto de vista de la preocupación por los niños, el riesgo es poco, lo que no sabemos es en qué medida pueden contribuir a la transmisión e infectar a adultos, tanto a los que están en la escuela como en casa, esa es la gran preocupación”, reconoce el pediatra de ISGlobal.

¿Pueden provocar un brote?

Mientras que los padres teletrabajan o se preocupan por mantener la distancia social y las medidas de higiene en sus actividades laborales o de ocio, ¿podrían convertirse sus hijos en la correa de transmisión del virus que ellos se han esforzado por cortar en los últimos meses? Es una posibilidad que no se puede descartar.

En ese sentido, “lo único seguro es que las medidas de distanciamiento social son mucho más difíciles de aplicar en los niños, por motivos evidentes. Los recreos de cualquier colegio son excelentes caldos de cultivo para cualquier microorganismo”, comenta Piñeiro. Así ocurre con otras infecciones. Por ejemplo, “se sabe que los niños son los principales transmisores de la gripe en el hogar” y es probable que esos antecedentes fueran uno de los motivos que precipitaron el cierre de los colegios como una de las primeras medidas ante la pandemia actual. Sin embargo, el virus de la gripe y el SARS-CoV-2 son diferentes, “no se transmiten de la misma manera”. De hecho, “la incidencia anual de la gripe en los niños es más elevada que en los adultos”, al contrario de lo que ocurre con el nuevo coronavirus.

Foto: Efe.
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El cambio de papel de los menores

A medida que los científicos van conociendo más datos, todo indica que los menores no tienen un papel demasiado importante en la transmisión de la pandemia y probablemente por eso muchos países han planteado la vuelta al colegio como una de las primeras medidas de desescalada. Una revisión de las evidencias científicas disponibles sobre esta cuestión publicada en la revista ‘Archives of Disease in Childhood’ por investigadores británicos deja claro que los niños no son “superpropagadores” de la enfermedad, como se había especulado.

Los menores fueron señalados como 'superpropagadores', algo que no está demostrado

“En el virus de la gripe los niños ejercen como grandes transmisores de manera muy eficiente, pero parece que ahora no es el caso. El hecho de que transmitan algo es suficiente para iniciar nuevos brotes, pero hay evidencias de que no transmiten demasiado bien”, destaca Bassat. En cualquier caso, desde el punto de vista epidemiológico, las clases no dejan de ser reuniones grupales y como tal tienen “es un riesgo similar” al de otras actividades de colectivos de cualquier edad.

Reunir personas en un local cerrado no deja de acarrear riesgos en tiempos de coronavirus. No obstante, “toda la sociedad es un foco de riesgo”, aclara Piñeiro. En ese sentido, propone cambiar el enfoque del problema: “Quizá deberíamos empezar a valorar cómo proteger a aquellas personas en las que la enfermedad tiene mayor riesgo de morbilidad y mortalidad”.

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