Un problema de décadas

Gloria es un aviso: cómo el cambio climático está a punto de cargarse el delta del Ebro

El último temporal vivido en la Península ha dejado secuelas en multitud de territorios, pero uno de los más dañados ha sido este frágil ecosistema, que está cerca de desaparecer

Foto: Imagen aérea de la inundación del delta del Ebro.
Imagen aérea de la inundación del delta del Ebro.
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Se ha convertido en una de las imágenes más impactantes de la borrasca Gloria. Este temporal que ha dejado media España en alerta se ha cebado con la zona mediterránea, llevando a la región nieve, viento, agua y mar embravecido. Pero la secuencia vista desde el espacio del mar engullendo el delta del Ebro ha sido el colofón a esta situación extrema. Todo el delicado entorno del delta arrasado por el agua del mar y sin saber el impacto final de lo ocurrido. Pero, aunque parezca una locura, lo acontecido no es algo excepcional, o al menos es muy posible que deje de serlo de aquí en adelante.

El delta del Ebro es, como otros espacios nacionales como el Mar Menor, un entorno muy delicado y frágil, y esta imagen es solo un aviso más de lo que está muy cerca de ocurrir en los próximos años si nada cambia. Al menos así lo llevan avisando los investigadores desde hace décadas. Según apuntan distintos estudios y expertos, esta región está a punto de desaparecer, y la llegada de potentes fenómenos meteorológicos es solo un empujón más hacia su extinción.

Como explica el investigador del ICTA-UAB Jordi García Orellana, el entorno del delta depende de una situación de equilibrio entre tierra y mar total. El sedimento que viene por el río sustituye el que va erosionando el mar, y así este ecosistema único mantiene su situación. ¿El problema? Que ese equilibrio se está perdiendo y el mar cada vez erosiona más. Tal es la situación, que los científicos ya han puesto cifras y fechas. Se asegura que en torno a 2050 casi el 50% del territorio, que ronda los 320 kilómetros cuadrados, podría quedar sumergido. Y situaciones como la vivida estos días solo empeoran las previsiones. "Si estos fenómenos pasan de inusuales a usuales, el equilibrio será aún más difícil y veremos cómo el mar acaba tragándose todo el delta", apunta García Orellana.

Toda el área vive un momento tan dramático que hasta la Plataforma en Defensa de l’Ebre (PDE), una de las entidades que llevan la voz cantante en la defensa de este espacio, empieza a hablar de que los ciudadanos que viven de este entorno (la mayoría del delta está ocupado por arrozales que ocupan hasta el 65% de la tierra) pueden llegar a ser los primeros refugiados climáticos de Europa. Un mensaje que va al límite, aunque muestra el nivel de preocupación que viven allí. Pero ¿qué es lo que está acabando con el delta? Hay varias razones, pero todas tienen algo en común: el cambio climático y el impacto del ser humano en la naturaleza.

Sedimentos, hundimiento y subida del nivel del mar

El delta del Ebro es la desembocadura de este río que durante milenios ha arrastrado grandes cantidades de sedimentos hasta el mar, ganando ese terreno al Mediterráneo y creando este ecosistema especial. Su resultado es una especie de triángulo de humedales que entra como una lengua de tierra en el agua. Lo que ha cambiado en los últimos tiempos es que esa lengua está retrocediendo debido a tres factores clave: la falta de sedimentos, el aumento de las temperaturas y la subida del nivel del mar. Y todo apunta a que este retroceso no parará hasta engullir todo el espacio.

"El mayor problema son los dos embalses que hay más arriba en el Ebro: el de Mequinenza y el de Riba-roja. Esos pantanos, construidos a finales de los sesenta y principios de los setenta, son de los más grandes de España e impactan en el delta porque funcionan como filtros de sedimentos. La mayoría de los sedimentos que antes absorbía el delta ahora se quedan allí arriba, lo que provoca que la situación se desequilibre. El mar sigue erosionando el entorno del delta, que no recupera posteriormente su tierra", explica el experto catalán. "Es algo duro pero muy básico, por eso se habla de que el delta está condenado a desaparecer".

(Foto: EFE)
(Foto: EFE)

Según este experto, el sedimento es esencial para el lugar y su ausencia condena a este ecosistema, pero a esto hay que sumarle el impacto del cambio climático que empuja por otro lado. El aumento de las temperaturas origina más fenómenos marinos, hay más borrascas como Gloria, menos precipitaciones y aumenta el nivel del mar. Todo eso destroza el ya desequilibrado entorno y hace que el problema se multiplique. Fenómenos como Gloria son únicos en la zona, por ahora, pero todo apunta a que solo es el principio de lo que está por venir.

Además, los cambios estacionales también son clave aquí. "Estas borrascas erosionan y castigan la zona, pero además lo hacen en un momento en que debía ocurrir todo lo contrario, pues estas tormentas son típicas de otras estaciones. ¿Qué quiere decir esto? Pues que en la época en la que sí suelen aparecer estos fenómenos volverán y generarán aún más daño".

Está claro que el cambio climático afecta a todo pero no creo que el delta esté condenado a desaparecer

Sin embargo, hay otras voces que apuntan por un desenlace algo más optimista. Nuno Caiola, investigador del IRTA, hace una reflexión diferente y apuesta por el dinamismo del lugar. "Obviamente todavía es pronto para conocer el efecto de todos estos fenómenos como Gloria en el delta pero pueden no ser tan malos para la región. Ya que falta sedimento quizá estos temporales ayuden a traerlos de una u otra forma y por tanto empujen a la recuperación del espacio. Son sistemas dinámicos y debemos confiar en que pueden adaptarse a los cambios", explica el experto.

Caiola está de acuerdo con García Orellana en lo referente a causas y análisis de la situación, pero intenta ser menos "alarmista". "Tenemos que esperar a ver qué pasa cuando baje el nivel del agua pues ahora gran parte del delta está anegado, pero debemos evitar el alarmismo exagerado pues no conocemos cómo puede impactar todo esto en un ecosistema tan especial. Está claro que el cambio climático afecta a todos pero no creo que el delta esté condenado a desaparecer".

El futuro del delta

El análisis de Caiola puede ir un poco a contracorriente tras ver cómo todo el mundo se ha llevado las manos a la cabeza al ver la fuerza de Gloria y el destrozo originado, pero habla con mesura porque este no es un problema nuevo, ni mucho menos. Lo cierto es que los expertos y vecinos de la zona llevan hablando de ello más de 30 años. Más concretamente desde que en los 60 se construyeron las citadas presas.

Durante décadas, han visto cómo el mar iba comiéndose más y más sus tierras y han denunciado la nula actuación de las autoridades. Ahora, según investigadores como García Orellana, hay dos opciones: o actuar ya y cambiar por completo el delta o ver cómo el entorno desparece. Es decir, que muy a su pesar, el delta, tal y como lo conocemos, tiene los años contados. Según los que piensan como Caiola sí hay alternativas aunque, claro, hace falta dinero y ganas para llevarlas a cabo.

"La única solución viable que se baraja es coger todos los sedimentos que se quedan en los embalses y llevarlos hasta el delta. Es una solución para salvar el entorno que ya de por sí sería costosísima, pero además podríamos cargarnos todo el ecosistema. Como decíamos al principio, esto es puro equilibrio y si tiras de un lado pierdes por el otro. Nadie gana". Este investigador es pesimista y ve un futuro cercano sin el delta. "Vamos hacia un cambio climático que, si todo se cumple según lo previsto, acabará con estos entornos. Ya sea dentro de 50 o 100 años, pero es muy, muy difícil pararlo".

Delta del Ebro. (Foto: Hotel El Port)
Delta del Ebro. (Foto: Hotel El Port)

Caiola apunta soluciones planteadas por diversos investigadores y estudios como diques retirando arrozales y levantando muros de arena, trasvases de sedimentos que vuelvan a alzar la tierra o incluso hacer algún 'bypass' con los embalses de la zona para reducir la colmatación de los lodos y poder liberarlos. Aunque él defiende claramente la última opción. "Los diques ya se han intentado y su eficacia es muy baja, no compensa con su impacto económico y ambiental. Creo que una mezcla entre el 'bypass' del río para evitar las presas y una retirada momentánea de la costa para dejar que se recupere puede ser una solución al menos para unos cuantos años".

Para él una buena gestión del agua y de los embalses podría salvar la situación pero, como García Orellana, coincide en que el delta va a cambiar. "Son sistemas dinámicos y siempre cambian. Así debemos ver la situación, actuar y confiar en que el sitio o se recuperará o se adaptará a los cambios. Lo que está claro es que no nos podemos quedar de brazos cruzados".

De momento lo primero es ver qué pasa después de Gloria pero algo que todo el mundo tiene claro es que esto es solo un aviso de lo que está por venir. El cambio climático llama a la puerta y estos espacios son los primeros en abrir. "De una forma u otra, tendremos que acostumbrarnos a ver un delta diferente", culmina García Orellana.

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