Animales: La guerra por las especies invasoras obliga a Madrid a electrocutar a 14.000 peces. Noticias de Ciencia
se negocia actualmente en el congreso

La guerra por las especies invasoras obliga a Madrid a electrocutar a 14.000 peces

En toda España, la modificación de la ley para permitir cazar y pescar estas especies está generando conflictos entre el mundo rural y biólogos o defensores del medio ambiente

Foto: El lago de la Casa de Campo, drenado para su limpieza (Susana Vera / Reuters)
El lago de la Casa de Campo, drenado para su limpieza (Susana Vera / Reuters)

El Ayuntamiento de Madrid está acometiendo obras en el lago de la Casa de Campo que incluyen el vaciado y la eliminación de 14.000 peces mediante descargas eléctricas. Tal sacrificio animal se justifica porque la fauna de este estanque se compone de especies exóticas, como carpas y gambusias, que si acabaran en el río Manzanares, agravarían el problema ecológico que ya suponen los animales invasores en los ecosistemas ibéricos. Sin embargo, la forma de manejar este problema está en entredicho.

Las especies exóticas invasoras son un peligro para la biodiversidad porque amenazan a las autóctonas, pero la gestión del problema es todo un rompecabezas. La última iniciativa política en este ámbito hace que científicos y ecologistas pongan el grito en el cielo. Por el contrario, cazadores, pescadores y el mundo rural parecen satisfechos.

El Congreso de los Diputados aprobó hace poco una proposición de ley para permitir cazar y pescar especies exóticas invasoras que, además, abre la puerta a que queden descatalogadas como tal si hay un interés público, social o económico, que lo justifique. Algunos biólogos temen que si acaba por tramitarse la propuesta como está planteada esta "amnistía" de animales perjudiciales provoque un desastre ecológico.

Consideran que especies introducidas por el ser humano, como la carpa común, la trucha arco iris, el cangrejo rojo americano, el visón americano, el arruí y el lucio son muy dañinas para el medio ambiente y que son necesarios planes de control y erradicación. En contra de lo que pueda parecer, permitir que sean cazadas y capturadas es contraproducente porque generarían un beneficio económico y, por lo tanto, la sociedad tendería a mantenerlas.

El lío empezó en 2013 cuando el Gobierno aprobó un Real Decreto para regular el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras previsto en la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. Según los críticos, tenía muchas lagunas y en la práctica permitía la comercialización de especies peligrosas que se deberían eliminar de los ecosistemas.

Un hombre durante la pesca de cangrejos rojos en Ciudad Real, tras la apertura de la veda (Beldad / EFE)
Un hombre durante la pesca de cangrejos rojos en Ciudad Real, tras la apertura de la veda (Beldad / EFE)

Científicos y ecologistas recurrieron a la Justicia y el Tribunal Supremo les dio la razón en marzo de 2016, obligando a modificar el Real Decreto. Los animales que los ecologistas llamaban "indultados" volvían a considerarse una amenaza que había que erradicar. De esta forma, la caza y la pesca de las especies catalogadas solo sería posible en el marco de campañas de control y erradicación.

Para el mundo rural esto tenía un impacto económico negativo, no solo por la caza y la pesca, sino también por el turismo y el ocio que llevan asociados. Incluso algunas actividades de la industria alimentaria relacionadas con la trucha arco iris o el cangrejo rojo se ponían en entredicho.

La ley modificada permitirá "utilizar todas las modalidades de caza y pesca para su control o erradicación"

Atendiendo a esos intereses, se inicia ahora el trámite para modificar la ley, una manera de esquivar la sentencia del Supremo. Aunque "seguirá considerando que las especies exóticas invasoras para las que exista suficiente información científica deberán ser catalogadas", permitirá "utilizar todas las modalidades de caza y pesca para su control o erradicación" donde ya tuvieran presencia antes de 2007 –se supone que así se desincentiva su introducción en nuevas áreas– según el texto que salió adelante con la única oposición de Unidos Podemos y Compromís.

En declaraciones a Teknautas, Jorge Abad García, responsable de la Comisión de Medio Ambiente del Consejo General de Colegios Oficiales de Biólogos, considera que este cambio da paso a una aberración: "que el político de turno pueda descatalogar especies dañinas por razones económicas y sociales sin atender a criterios científicos".

Las especies exóticas invasoras, una de las amenazas más graves al medio ambiente, han irrumpido en los Parques Nacionales donde se han contabilizado 173, de las que 67 habitan en el Parque de las Islas Atlánticas (Galicia), 59 en Doñana (Andalucía) y 44 en Garajonay (La Gomera).En la foto, un galápago de Florida y una lapa zapatilla común (Laura Capdevila / EFE)
Las especies exóticas invasoras, una de las amenazas más graves al medio ambiente, han irrumpido en los Parques Nacionales donde se han contabilizado 173, de las que 67 habitan en el Parque de las Islas Atlánticas (Galicia), 59 en Doñana (Andalucía) y 44 en Garajonay (La Gomera).En la foto, un galápago de Florida y una lapa zapatilla común (Laura Capdevila / EFE)

Un manifiesto firmado por 600 científicos a título individual, 17 sociedades científicas y 100 ONG criticó duramente la medida. Según Abad, no se oponen al aprovechamiento económico de estas especies por medio de la caza o la pesca, pero es necesario tener en cuenta que "son dañinas y requieren una planificación específica y singular".

El arruí, "exótico pero no invasor"

Además de que traerá beneficios sociales y económicos para el mundo rural, los defensores de la modificación argumentan que existen especies foráneas perfectamente asentadas que no suponen un problema para los ecosistemas.

Luis Fernando Villanueva, director general de la Fundación Artemisan, pone como ejemplo el arruí o carnero de Berbería, un bóvido de zonas rocosas del Sáhara y el Magreb que fue introducido en España y que hoy en día está presente en el sureste de la península y en la isla de La Palma. "Es exótica, pero técnicamente no es invasora, porque hoy se sabe que no desplaza a especies como la cabra montesa, como se pensaba, y que no causa daños vegetales, sino que produce beneficios, porque ya no hay ganadería y limpia el monte pastando, de manera que previene los incendios", afirma.

Mas de 2000 pescadores se manifiestan en protesta por la sentencia del Supremo que incluye como especies invasoras a la carpa común y la trucha arcoíris (Jero Morales / EFE)
Mas de 2000 pescadores se manifiestan en protesta por la sentencia del Supremo que incluye como especies invasoras a la carpa común y la trucha arcoíris (Jero Morales / EFE)

Jorge Cassinello, investigador del CSIC, es experto en el arruí. "A priori, una especie introducida puede ser perjudicial porque no forma parte de la cadena trófica del lugar, pero en ocasiones no causan problemas, porque ocupan lo que llamamos un nicho vacío", comenta. Es el caso de este ungulado introducido en la Sierra Espuña murciana en los años 70. "Al principio pensamos que su presencia era negativa, pero resulta que tiene una dieta distinta a la de la cabra montés y su consumo de herbáceas no es problemático", señala. La excepción es la vegetación de La Palma, un ecosistema en el que no encaja tan bien como en el peninsular.

Aunque la modificación de la ley beneficiaría a esta especie, Cassinello también considera que "es una decisión política tomada por criterios socioeconómicos, no por nuestras razones científicas", puesto que en otros casos, como el de la carpa o el cangrejo rojo, "sí se ha demostrado que alteran el ecosistema, depredan especies nativas y ocupan sus espacios".

Un problema cargado de matices

Sin embargo, nada es blanco o negro en conservación. "El cangrejo rojo se ha convertido en alimento de aves del Parque de Doñana y alrededores. Cuando una especie lleva muchos años en un entorno puede causar problemas, pero también generar beneficios indirectos", apunta el biólogo. Además, ahora se sabe que el cangrejo ibérico tampoco es autóctono, sino que llegó de Italia en el siglo XIV. Por el contrario, la carpa parece ser netamente perjudicial para los ríos, sin matices. Aún así, "cuando erradicamos una especie no sabemos qué reacción en cadena podemos provocar, no es fácil de gestionar", advierte.

Cuando erradicamos una especie no sabemos qué reacción en cadena podemos provocar, no es fácil de gestionar

De acuerdo con su experiencia, el investigador del CSIC considera que "las leyes no deben ser rígidas, sino que deben adaptarse al conocimiento científico que vayamos adquiriendo". Además, hay que tener en cuenta que los ecosistemas "son dinámicos, están vivos" y, por lo tanto, todo cambia. Por eso, más allá de medidas generales considera que deberían aplicarse planes a la carta para cada especie y sobre todo realizar estudios específicos. En algunos casos, llevarían a plantear un control hasta la erradicación –si fuera posible–, pero en otros la realidad podría dar sorpresas, como ocurrió con el arruí.

Las autóctonas también pueden causar daño

Además, habría que desechar una asociación de ideas muy extendida. "En general, todos consideramos que lo autóctono siempre es bueno y que lo exótico siempre es malo, pero hemos alterado tanto el medio natural que a veces sucede lo contrario", destaca Cassinello.

Jabalíes hurgando en contenedores de la basura en Torrelodones
Jabalíes hurgando en contenedores de la basura en Torrelodones

Por ejemplo, "el jabalí es nativo, pero actualmente hay una superpoblación, no tiene depredadores y vive una expansión exagerada que le hace llegar incluso a zonas urbanas".

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