Ya no se oyen las tragaperras en los bares: por qué agoniza este icono castizo
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¿El fin de un símbolo?

Ya no se oyen las tragaperras en los bares: por qué agoniza este icono castizo

El número de máquinas recreativas se ha ido reduciendo año tras año y la llegada del covid ha acelerado su caída. El sector intenta transformarse y ya mira a opciones como internet

Foto: Foto: Fernando Ruso
Foto: Fernando Ruso

En este veterano bar del céntrico barrio madrileño de Argüelles los cafés no paran de correr por la barra, solo ocupada por camareros y una larga cinta que indica que sigue prohibido apoyar el codo. Pese a esos símbolos, y las mascarillas, en esta mañana de septiembre todo parece indicar que la normalidad prepandemia está más cerca que nunca. La gente entra y sale del local, los parroquianos se sientan, conversan en las mesas y las dos tragaperras empiezan a lucir en una de las esquinas. Pero no todo es como antes. Uno de los mencionados símbolos que describen estos castizos lugares se apaga lentamente: las máquinas recreativas pierden a pasos agigantados su espacio, y aún no es posible vaticinar cómo quedará el sector tras el huracán pandémico.

Este mes, el gobierno de la Comunidad de Madrid anunciaba la supresión de los dos impuestos propios con los que aún contaba la región para aligerar la presión sobre los bolsillos de los contribuyentes. Uno estaba dedicado al depósito de residuos, el otro, a la instalación de máquinas "B" en establecimientos de hostelería autorizados que recaudó en 2020 cerca de un millón de euros. Un movimiento que podría suponer un apoyo, pero que no es más que calderilla para una industria que tiene problemas mucho peores. En los últimos años vive una caída lenta, pero continuada, en su mercado principal y ha notado el covid como una bomba.

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Según el segundo informe sobre el juego en la Comunidad de Madrid, realizado por la Universidad Carlos III de Madrid, de 2007 a inicios de 2020 el número de máquinas "B" en la región se redujo en un 42% y el de locales de hostelería autorizados a tenerlas bajó un 33,3%. Y lo peor puede estar por venir. Los cambios de hábito en la hostelería, la caída del número de locales de restauración, el mayor uso de las tarjetas de crédito y menos del dinero en metálico o el crecimiento del juego 'online' son algunas de las razones que dan los miembros de la industria para intentar explicar este bajón que apunta el camino final de un símbolo castizo, y la pandemia solo ha agudizado estos cambios que ahogan el papel de estos dispositivos.

Un fijo de la imagen típica de nuestro país y de los locales de ocio y entretenimiento que no solo es mero complemento. Aún a día de hoy, según muestra el anuario lanzado por la propia Universidad Carlos III en colaboración con CEJUEGO, supone el 25% de todo el juego en España y casi la mitad del privado (el líder indiscutible del sector es el juego público que aglutina con un 35% de todo el pastel). Las tragaperras están muy por encima de juego digital (4%) o los salones de juego (9%) e incluso superan a la ONCE (10,4%).

De ahí que en este céntrico bar madrileño, que entra dentro de los 14.300 locales de hostelería (de los cerca de 30.000 que tiene la región) que mantienen abierta la puerta a estos dispositivos con sus licencias, entiendan la caída, pero no vean nada claro su desaparición. "Las máquinas las tenemos desde hace muchos años y la verdad es que aquí hay chicos que vienen todos los días a jugar", comenta uno de los trabajadores. "Obviamente no es como antes de la pandemia, se ha perdido eso de tomarte el café y echar las monedas que te sobraban, pero siguen funcionando", señalan entre servicio y servicio. Mientras lo explican, dos trabajadores juegan algo de calderilla en una de las tragaperras e intentan hacerse con los premios. ¿Sirve el apoyo de estos clásicos para mantener el sector a flote? Es una pregunta que aún es difícil responder.

El sector vive un momento de crisis e 'impasse'. A nivel regional sus cifras han caído, pero a escala nacional la cosa no va mejor. El número de empleos directos generados por las máquinas para hostelería ha bajado de los 10.263 en 2015 a los 9.556 en 2019. Son bajadas que aún pueden parecer pequeñas, pero son continuadas. Incluso se notan en la cantidad jugada, que pasa de 2.630 millones en 2015 a los 2.516 en 2019. El año 2020 es muy difícil de cuantificar, pero la industria habla de caídas solo en lo jugado de cerca del 52% en la facturación en hostelería. Cifras inasumibles, según describe la propia patronal. ¿Y se puede reflotar? Esa es la siguiente duda.

"A día de hoy no es rentable"

Una de las voces que mejor conoce la situación es Recreativos Franco. Esta compañía, pionera del juego en España, germen de cotizadas como Codere y que lleva desde 1965 en un crecimiento casi continuado, hasta los últimos años, es un símbolo de la industria y uno de los mayores fabricantes de máquinas "B" que hay en España. "Ahora mismo tenemos cerca del 40% de todo el parque que hay en España. Claro, del que había al menos antes de la pandemia, ahora mismo no se sabe cuántas se han dado de baja o no continuarán. Hay bastante incertidumbre con eso aún", explica Santiago Escribano, director general de R. Franco, en conversación con Teknautas.

placeholder Máquinas de R. Franco en una feria. Imagen cedida.
Máquinas de R. Franco en una feria. Imagen cedida.

Escribano recibe a este periódico en el edificio que tiene la empresa a las afueras de Madrid y en el que se ve claramente la evolución de la empresa. De la zona clásica situada en la parte alta, la directiva, a la tecnológica que tienen montada en la parte de abajo. Y es hacia ese último punto al que se dirigen. "Somos una tecnológica en toda regla, que además produce todo su producto. De la mecánica de la máquina al 'software' o el diseño gráfico. Tenemos proveedores de componentes, pero el resto es nuestro. La mayoría de nuestros empleados son ingenieros o tienen puestos altamente cualificados. Tenemos bastantes programadores y matemáticos para crear los algoritmos y el desarrollo", señala Escribano.

Su empresa es un claro ejemplo de lo que sucede en la industria. Una transformación obligada por las circunstancias y que mira claramente a un futuro diferente. Más aún desde la pandemia. "Los hábitos están cambiando, y aunque esperamos que después de la pandemia se recupere el juego en la hostelería, la idea desde hace unos años es buscar nuevos horizontes y lugares en los que crecer. Es verdad que a día de hoy los bares siguen siendo la parte más importante del negocio, pero hay que mirar más caminos porque ha bajado tanto el número de locales de hostelería como la cantidad de estos que quieren tener máquinas".

placeholder Fábrica de R. Franco en Arganda del Rey. Imagen cedida.
Fábrica de R. Franco en Arganda del Rey. Imagen cedida.

Desde 2016 exploran ya el negocio en internet, con R. Franco Digital, tienen su propia plataforma y además venden soluciones a nivel internacional, pero su facturación en este lado sigue sin compensar la bajada en hostelería. Tan duro está siendo el año de la pandemia que han tenido que hacer el primer ERE de su historia, a 110 empleados (una cuarta parte de la plantilla), tras caer un 70% su producción. "Costó hacerlo, pero no había otra opción. Piensa que somos fabricantes, que tenemos más problemas que un distribuidor porque nosotros ganamos cuando se renuevan las máquinas. Ahora hay gente que quita la máquina y el que la mantiene no la renueva. En la universidad me dijeron que la señal de que un país iba bien era que las ventas de coches crecían, eso ya mostraba que iba para arriba, pues en nuestro caso pasa algo parecido", comenta Escribano, que es muy franco. "Ahora mismo esto no es rentable. Pero bueno, esperamos que se recupere".

En cuanto a qué se puede hacer para recuperar el mercado o reflotarlo, Escribano menciona la extrema regulación que tiene el sector "somos una industria que no puede tener fallos, como otras tecnológicas, cada máquina que tiene un error tiene que volver a fábrica, rehacer todo el software, volverlo a homologar... no nos parece mal porque da seguridad y certidumbre". Pero huye de salidas como los impuestos, aunque en estos momentos nada está de más.

"Obviamente es un momento excepcional y los impuestos pueden ayudar a aliviar un poco la situación. Es verdad que, por ejemplo, comparando con el juego público o la ONCE pagamos muchos más impuestos. Pero bueno, yo siempre he creído que si piensas que la salvación de tu negocio es que bajen los impuestos es que algo va mal". Por otro lado sí espera que la reapertura dé alguna oportunidad y para eso trabajan.

placeholder Oficinas de R. Franco. Imagen cedida.
Oficinas de R. Franco. Imagen cedida.

"En España somos una sociedad que suele centrarse en el juego de baja intensidad. De gastar unos euros en la lotería, de echar unas monedas a la máquina... Para nosotros el juego es algo que va de la mano del ocio y el entretenimiento, de estar con amigos y creo que eso la gente va a querer recuperarlo. No somos una sociedad, aunque también hay gente así, claro, que va a jugar durante horas por jugar o gasta grandes cantidades de dinero. Por eso también el juego 'online' es difícil que cuaje aquí".

Las máquinas tienen también reguladas las devoluciones. Por ley han de devolver el 70% de lo recaudado. Es decir, que el beneficio para distribuidor y bar es ese 30% que normalmente se reparten 50/50 local y operador "normalmente para los bares es una ayuda, incluso paga algún sueldo", señalan. En el 'online' la cifra de devolución media es del 95%. "Es un negocio diferente, va a volumen, dependes de que juegue mucha gente para poder ganar algo y por eso muchas empresas son tan agresivas con la publicidad", apunta Escribano.

¿Y el futuro?

Sobre cómo ve la industria en unos años, desde R. Franco apuntan a un futuro aún difícil de vaticinar, pero está claro que internet será uno de los pocos lugares donde se podrá crecer ampliamente, se seguirá con el negocio de salones o casinos y, como no, intentar mantener la hostelería. Pero sí que defienden que se ha hecho mucho mal estos últimos años con las peleas con casas de apuestas y locales. "Te digo que el tema de los menores en los locales es algo muy minoritario, y se puede comprobar. Por lo de las apuestas 'online', pues la verdad es que tenemos que ver cómo evoluciona la legislación que entra ahora, pero a nosotros no nos toca mucho. Somos negocios muy distintos aunque a veces nos metan en el mismo saco", señala.

Los datos muestran una caída que obliga a la adaptación del sector, y ellos ya están en proceso de hacerla intentando abrir nuevas vías, pero tampoco se van a volver locos para competir con las grandes 'bets' internacionales. "Nosotros no podemos pagar a una estrella famosa para que haga un anuncio el mismo dinero que facturamos en todo el año. Es imposible. Ni tampoco queremos jugar ahí, somos otra cosa. Por eso lo de las nuevas normativas no nos va mucho, creo que va a hacer mucho más daño a equipos de fútbol y medios deportivos".

Lo que sí intentan hacer es abrirse más y quitarse la idea de mundo oscuro que ha tenido normalmente el juego y poder mantener la empresa en manos nacionales. "Estamos trabajando para que se vea de verdad lo que hacemos, el trabajo que ofrecemos de alta cualificación y producción propia. No hay mucha gente que pueda decir esto en Europa y esperemos poder seguir haciéndolo, aunque está costando". Y piden que se defienda más estos sectores. "Hubo un momento en que R. Franco era líder internacional, casi mundial. En EEUU se habría mostrado a sus creadores como pioneros y tendrían hasta alguna película. Aquí, pues es diferente", terminan.

En este veterano bar del céntrico barrio madrileño de Argüelles los cafés no paran de correr por la barra, solo ocupada por camareros y una larga cinta que indica que sigue prohibido apoyar el codo. Pese a esos símbolos, y las mascarillas, en esta mañana de septiembre todo parece indicar que la normalidad prepandemia está más cerca que nunca. La gente entra y sale del local, los parroquianos se sientan, conversan en las mesas y las dos tragaperras empiezan a lucir en una de las esquinas. Pero no todo es como antes. Uno de los mencionados símbolos que describen estos castizos lugares se apaga lentamente: las máquinas recreativas pierden a pasos agigantados su espacio, y aún no es posible vaticinar cómo quedará el sector tras el huracán pandémico.

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