Cómo los A400M les han cerrado la boca a los expertos militares y nos han salvado en Kabul
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El avión clave de la evacuación

Cómo los A400M les han cerrado la boca a los expertos militares y nos han salvado en Kabul

Los aviones Airbus A400M han sido ampliamente criticados. Su valor ha quedado demostrado en la evacuación de Kabul: sin ellos, no habría sido posible

Foto: Un A400M, tras aterrizar en Alemania procedente de Kabul. (Reuters)
Un A400M, tras aterrizar en Alemania procedente de Kabul. (Reuters)
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Unas veces con razón y otras no tanta, lo cierto es que las compras de material militar europeo han sido muy criticadas. El caso de la adquisición de los aviones de transporte A400M de Airbus no ha sido la excepción, aunque hay que reconocer que dicho programa, así como sus efectos colaterales, ha tenido varios aspectos difíciles de entender y de dudosa justificación. La realidad, sin embargo, es que el avión es un producto muchísimo más solvente de lo que supuestos expertos militares avanzaban. La mejor prueba ha sido la caótica evacuación vivida estos días en Afganistán: sin ellos, sencillamente, no hubiera sido posible.

No vamos a entrar en los aspectos políticos o geoestratégicos, ni siquiera en la tragedia humanitaria que se vive en Afganistán tras 20 años de intervención occidental, ya se ha escrito mucho sobre ello. Es inevitable mencionar que la retirada de las fuerzas que mantenían esa frágil estabilidad no se ha hecho como se debería. Pero en ese caos televisado, ha habido una importante nota positiva y es la acertada utilización de los nuevos aviones A400M del Ala 31 del Ejército del Aire en una misión en la que han encajado a la perfección y en la que aviones y tripulaciones han demostrado su calidad y nivel de preparación.

Foto: El F-22 es hoy el mejor caza en servicio. (Juanjo Fernández)

Una misión complicada

Evacuar una gran cantidad de personal, civil la inmensa mayoría, en las condiciones que se ha tenido que hacer en Kabul, era una misión muy difícil y peligrosa. Varios factores condicionaban su ejecución. Por un lado, la premura de tiempo, provocada por el imparable y rapidísimo avance talibán en la toma de control del país. Las prisas nunca son buenas en este tipo de misiones (en realidad en ninguna) pero aquí, resultaron vitales. Por otro lado, la complicación de tener que operar en un aeropuerto sometido a la presión talibana y bajo amenaza de acciones terroristas, como trágicamente se confirmó el pasado día 26 de agosto.

placeholder Cabina de un A400M en Kabul. Los pilotos van con casco y chaleco antifragmentos. (EMAD)
Cabina de un A400M en Kabul. Los pilotos van con casco y chaleco antifragmentos. (EMAD)

Pero, quizás, el factor más crítico es el que impone la propia geografía. Pensando en términos españoles, desde Madrid a Kabul hay 6.280 km, una distancia enorme que, además se agranda por el hecho de que en línea recta se sobrevolaría territorio iraní, lo que no es ni posible ni aconsejable. Esa distancia ya marca un cúmulo de requisitos tales que impiden utilizar cualquier material aéreo de corto o medio alcance. Solo los aviones de líneas aéreas o los transportes militares estratégicos, serían capaces de responder a este envite.

A estas premisas habría que sumar los condicionantes operativos. No era posible un vuelo directo a Kabul, no solo por el tema comentado del sobrevuelo de territorio iraní, sino por el hecho de que en este tipo de operaciones se torna imprescindible poder contar con una base de apoyo segura que esté próxima al punto de intervención. Para España (y otros países) esta base se dispuso en la Base Aérea de Al Minhad en Dubái (Emiratos Árabes Unidos) que actuó como ‘hub’ o punto de reunión y base de apoyo para la mayoría de estos vuelos. En resumen, se trataba de volar (en el caso español) de Madrid a Dubai, 5.655 km y de ahí a Kabul, otros 1.711 km. ¿Qué aviones son capaces de hacer esto con unos tiempos de vuelo razonables?

Si a lo anterior le añadimos el hecho ya comentado de que el aeropuerto internacional Hamid Karzai de Kabul no es seguro, todo se restringe a aeronaves militares y aquí ha habido dos protagonistas indiscutibles: los C-17 norteamericanos y los A400M europeos.

placeholder Soldados militares suben abordo de un A400M en el aeropuerto de Kabul. (Reuters)
Soldados militares suben abordo de un A400M en el aeropuerto de Kabul. (Reuters)

El C-17 es una máquina espectacular, con unas capacidades y una dureza propias del material americano que ha sido diseñado desde su origen para un uso militar. Pero el A400M, sobre el que se han vertido ríos de tinta y del que se ha dicho de todo, a menudo en tono negativo, ha demostrado que sus capacidades son necesarias, ha resuelto la papeleta de las naciones implicadas en la operación y ha justificado el esfuerzo que muchos países, el nuestro incluido, han realizado para dotarse con él. Desde el punto de vista español esto se podría resumir de forma muy sencilla: menos mal que tenemos el A400M, porque de lo contrario esta operación en Kabul no se podría haber realizado en el escaso margen de tiempo del que se disponía.

Capacidades excepcionales

La realidad es que si solo dispusiéramos del C-130 Hércules, esta misión o no se hubiera podido realizar, o se habría hecho dependiendo de otros países o hubiera sido imposible realizarla en la dimensión que ha tenido, con un total de 24 saltos de A400M del Ala 31, realizados entre las distintas bases (Zaragoza, Madrid, Dubái y Kabul) y en los que se ha evacuado a 2.206 personas.

Las capacidades del A400M son idóneas para este tipo de misiones al contar con una enorme autonomía y una elevada velocidad, parámetros que casi duplican los que tenía el veterano C-130 Hércules que hasta el año pasado tuvo en operación el Ejército del Aire. Si los comparamos, el A400M es capaz de transportar hasta 37 toneladas de carga por 19 del C-130H, con una cabina que permite cargas más voluminosas, a una velocidad de crucero de 780 km/h (≈ 0,7 Mach) frente a los 540 km/h del Hércules y a una distancia de hasta 8.700 km (en ferry) frente a un alcance máximo en iguales condiciones de 3.800 km.

Para España, el A400M es un avión que aporta capacidades estratégicas, cada vez más necesarias con los actuales despliegues de tropas en el extranjero y representa una buena elección desde el punto de vista militar e industrial. Las ventajas del A400M sobre el Hércules en vuelos de larga distancia son innegables. Si esta misión se hubiera tenido que realizar con el C-130, tan solo en el trayecto Madrid-Dubái se habría tenido que hacer una escala y se habrían empleado cerca de doce horas de vuelo, mientras que el A400M resolvía este trayecto sin escalas y en un vuelo de unas siete horas y media.

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Foto: Juanjo Fernández.

Es cierto que en esta operación han participado aviones Hércules de otros países y también han hecho un buen papel, pero se han utilizado en vuelos entre Kabul y la base de apoyo, en nuestro caso hubiera sido Dubái. Esto hubiera obligado a llevar los aviones implicados y estacionarlos allí para cubrir los traslados Dubái-Kabul, sin posibilidad (o con graves inconvenientes) de traerlos de vuelta a España y, por ejemplo, cambiar de avión.

El criticado A400M

El Airbus A400M, en lo que respecta a España, ha sido duramente criticado por esta legión de ‘expertos’ militares cuyas opiniones se basan en observar tan solo una cara de la moneda. Pero si se quiere conocer la realidad respecto de este avión, hay que separar dos conceptos bien distintos y analizarlos cada uno desde la óptica correspondiente. Por un lado, lo que es el programa de desarrollo y adquisición de cada país y, por otro, lo que es el avión como plataforma. Respecto a lo primero es verdad que hay muchos aspectos que dejan bastante que desear, pero de lo segundo hay que reconocer que se trata de una magnífica plataforma de transporte.

El programa, en general, ha adolecido de los males endémicos de todos (sin excepción) de los programas militares europeos, que se resumen en retrasos, entregas con cuentagotas y sobrecostes. Es algo de lo que ya hemos hablado en otras ocasiones respecto a productos militares de la industria europea y es casi inevitable cuando hay intereses y pugnas varias, desde lo militar a lo industrial, entre los países socios. Pero es el precio a pagar cuando un país, sobre todo los medianos como el nuestro, es incapaz de acometer un proyecto de esta envergadura en solitario.

En el caso del A400M y España se juntan además los problemas económicos y los compromisos con el resto de socios. Esto se tradujo en un espinoso asunto que todavía está sin resolver y que significa que España se comprometía a adquirir 27 ejemplares de los que solo se mantendrían 14 con el Ejército del Aire (todavía 3 pendientes de llegar), mientras que los 13 restantes deberán venderse como aviones de exportación. Una jugada muy arriesgada, sin compradores a la vista y con muchas dudas sobre su resultado final.

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Foto: EFE.

Los ‘efectos colaterales’ que citábamos al principio se manifiestan en que los recursos que precisa el A400M para su operación y mantenimiento (no es un avión barato) obligaron al Ejército del Aire a dar de baja su flota de C-130 Hércules, que aún tenía potencial operativo. El hueco que queda entre un C-295 (el modelo siguiente por abajo) y un A400M es demasiado grande. Esto significa que habrá muchas misiones que el C-295 no podrá hacer, pero donde al A400M le sobraría. Una carga de 15 toneladas, por ejemplo, sería imposible para el C-295, demasiado poco (menos de la mitad) para el A-400M e ideal para el C-130. Con el Hércules la gama hubiera sido excelente, teniendo aviones hasta 2,8 toneladas (C-212 aunque próximo al retiro), hasta 10 toneladas (C-295), hasta 20 (C-130) y hasta 37 (A400M). Esta situación hará que existan misiones demasiado ‘grandes’ para un C-295, pero donde el A400M va a estar infrautilizado, lo que podría suponer un cierto encarecimiento de las operaciones de transporte del Ejército del Aire.

Frente a estos aspectos negativos, el A400M ha resuelto la difícil papeleta de Afganistán y la imagen de estos grandes cuatrimotores, despegando de Kabul con cientos de dramas humanos en su interior, va a ser muy difícil de borrar de nuestra memoria. La misión, dado el tiempo y condiciones de las que se ha dispuesto, se puede considerar un éxito. Ahora todos quieren ‘salir en la foto’ y se oirán palabras altisonantes. Pero no olvidemos que se ha podido hacer y se ha hecho gracias a las inversiones en material de defensa y a tener unos profesionales muy cualificados.

Unas veces con razón y otras no tanta, lo cierto es que las compras de material militar europeo han sido muy criticadas. El caso de la adquisición de los aviones de transporte A400M de Airbus no ha sido la excepción, aunque hay que reconocer que dicho programa, así como sus efectos colaterales, ha tenido varios aspectos difíciles de entender y de dudosa justificación. La realidad, sin embargo, es que el avión es un producto muchísimo más solvente de lo que supuestos expertos militares avanzaban. La mejor prueba ha sido la caótica evacuación vivida estos días en Afganistán: sin ellos, sencillamente, no hubiera sido posible.

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