Las torres de telefonía son el último pelotazo tecnológico: por qué las telecos las 'dejan' escapar
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UN NEGOCIO INVISIBLE

Las torres de telefonía son el último pelotazo tecnológico: por qué las telecos las 'dejan' escapar

Las expectativas de tecnologías como el 5G y los planes para llevar internet a todas partes disparan aún más el potencial de este negocio. Entonces, ¿por qué Telefónica lo vende?

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Foto: EFE

Hace unos días Telefónica hizo saltar la banca. Anunció por sorpresa que Telxius, la subsidiaria que creó en su día para gestionar activos como el cable transatlántico que conecta la costa vizcaína con Virginia Beach en EEUU, vendía sus torres de telefonía a American Towers Corporation (ATC) por 7.700 millones de euros, que serían abonados en efectivo. A cambio de ese montante, la sociedad, participada por Pontegadea (el brazo inversor de Amancio Ortega) y el fondo KKR, traspasaría al gigante norteamericano la división que gestiona estas propiedades en Europa, así como la que se ocupa de gestionar las que están ubicadas en suelo latinoamericano. Dos operaciones que aún están pendientes de la bendición por parte de las autoridades competentes en cada lugar.

Foto: El cable submarino de Facebook y Microsoft, en el momento del amarre en Sopelana (Vizcaya)

Este movimiento, que ha rozado cifras de récord, ha puesto a la vista de todos un jugoso negocio que permanecía invisible a ojos del gran público. Las torres de telefonía, esas que asoman en lo alto de los tejados de los grandes núcleos urbanos y que han sido objeto de polémica en múltiples lugares, cotizan alto. ¿Por qué? Más que nada porque son un ingrediente fundamental para el negocio de los operadores de telecomunicaciones.

Son los 'mástiles' donde colocan sus antenas y otros elementos para poder dar cobertura de voz y datos a sus clientes. También son clave para cosas como las retransmisiones de televisión, entre otras actividades. No es ni mucho menos el único movimiento pero sí el más ruidoso que hemos visto en los últimos meses, donde se han producido adquisiciones, fusiones y concentraciones en diferentes puntos del continente.

¿Por qué soltar el caramelo?

Una buena manera de tomar el pulso a lo prometedor de estas infraestructuras es ver cómo los inversores acarician el lomo a Cellnex, la mayor torrera 'indie' en Europa. Sus títulos bursátiles mantienen un buen tono y altura en el Ibex 35 desde que se estrenó en el parquet a mediados de la pasada década. Los mercados dan por descontado el lucro en el corto y en el medio plazo. Lo prometedor de su actividad le permitió superar en capitalización a la propia Telefónica en el ecuador de 2020, a pesar de que factura y gana menos que la 'teleco'. A día de hoy, la empresa dedicada a los 'postes' (y otras actividades relacionados con el IoT) tiene un valor bursátil de 23.580 millones de euros. La compañía de Pallete navega a 20.500 millones.

La pregunta que puede asaltar a muchos, ¿por qué la mayor operadora patria se deshace de 30.000 torres en todo el mundo que parecen ser un auténtico caramelo? ¿Por qué se amputa una parte crítica e imprescindible para el 'core' de su actividad?

Para entender la maniobra hay que entender la actual situación de Telefónica. La compañía inició hace hace ya año y medio una profunda reestructuración que le llevó a salir de Latinoamérica, exceptuando Brasil. ¿El objetivo? Hacer una estructura más fiable, menos mastodóntica, que sea lo suficiente ligera y flexible como para competir en el escenario y el negocio que se le abren ahora con la llegada del 5G, carrera en la que las operadoras parten en cierta desventaja.

Primero porque el tejido europeo está compuesto por cientos de telecos, frente a la concentración que hay en otros países como China o EEUU, donde los competidores se cuentan con los dedos de una mano. Esto les deja menor margen de beneficio, ya que la alta competitividad ha empujado al gremio a vivir en una eterna guerra de precios.

La segunda, porque arrastraba una fuerte deuda que necesitaba aligerar. La grasa localizada que ha decidido eliminar, las infraestructuras. "No hay que olvidar que su valoración cayó hasta un punto en el que incluso estaba expuesta a una oferta pública de adquisición (OPA) hostil. Desde ese punto de vista, es una operación impecable. ¿Que en dos o tres años quizás valían más? Puede ser", comentan fuentes del sector consultadas por Teknautas. "Lo interesante es que han separado las torres del cable submarino, que son dos cosas muy diferentes desde el punto de vista de negocio y la rentabilidad. Quitándose las torres, ahorran muchos costes operativos, de mantenimiento... y lo sustituyen por un régimen de alquiler, algo que los beneficia en el corto y medio plazo". El cable, valorado en 2.000 millones, es ahora el único activo que le queda a Telxius, además de un paquete pequeño de torres en Reino Unido, cuya titularidad comparte al 50% con Vodafone.

"Es importante distinguir. Aunque la gente tienda a llamarlas antenas de telefonía, lo que se ha vendido son las torres. Las antenas, las celdas o los equipos de radio siguen en manos de Telefónica y gestionados por ellos", puntualiza Sergio Ríos Aguilar, profesor de la escuela de Ingenieros Informáticos de la Universidad Politécnica de Madrid.

Un negocio nada oxidado

"Lo que han vendido son los emplazamientos y los mástiles y todo lo que conlleva. Sistemas de climatización, sistemas energéticos, sistemas de monitorización, alarmas...", apunta este docente, que subraya que la compañía "no tiene que buscarse de cero la vida" porque ha negociado mantener las condiciones de alquiler que había fijado con Telxius. "Para hacerse una idea es comparable a lo que ocurre en ciertos centros de datos. Hay gente que contrata los servidores, pero hay otras empresas que llevan los suyos propios por las condiciones de refrigeración o el mantenimiento que ofrecen estos proveedores".

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Foto: EFE.

Aunque se pueda caer en el error de pensar que esas torres de telefonía cada vez son más obsoletas, no es así. Todo lo contrario. La próxima generación de internet móvil incluso requerirá de un mayor número de antenas para poder desplegar todas sus capacidades. "El 5G trabaja con frecuencias más altas, lo que le hace tener un alcance de onda más corto. Eso se podría solucionar ampliando la potencia, pero es algo que está limitado por el tema de la radiación permitida en cada ubicación. Por tanto, la opción que tienes es poner más antenas y en más lugares".

Ahora mismo lo que se está comercializando en España es lo que se conoce como 'non-stand alone', que 'grosso modo' consiste en hacer modificaciones sobre las redes actuales para lograr un 5G desnatado, donde el principal aporte es una mayor velocidad de descarga. Para exprimirlo al máximo hay que llegar al 'stand alone', que implica cambios en el 'core' de la red pero también en la parte radio o periferia, compuestas por estaciones base, celdas y demás elementos que 'conectan' el núcleo con los dispositivos de los usuarios.

Tecnologías como el 5G o coches autónomos requerirán de más antenas y, por tanto, torres

"Hay que tener en cuenta que con el paso a esta nueva generación también se está aplicando el 'edge computing', que consiste en llevar ciertos procesos de computación a esta parte, para ahorrar tiempo de respuesta y ancho de banda. Por lo tanto, sigue teniendo una importancia mayúscula", concluye Ríos Aguilar. Todo esto es gasolina pura para los mercados que han empujado la valoración de las 'torreras'. En Estados Unidos, por ejemplo, tres de estas compañías (American Towers, Crown Castle y SBA) se han convertido en un auténtico fenómeno, por su rápido crecimiento, para los inversores del sector inmobiliario y del 'real estate' gracias a las promesas de esta tecnología y otras como el coche autónomo.

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Foto: Reuters.

El de Telefónica no es un movimiento aislado. Es cierto que es la primera de las grandes operadoras que provienen de un antiguo monopolio estatal y que llega hasta el punto de deshacerse de sus torres, pero otros jugadores han remado en esta dirección. Vodafone, la 'teleco' que más emplazamientos posee en Europa, pretende crear su propia 'Telxius' con Vantage Towers. Una sociedad independiente que pretende, al calor de las 70.000 torres que maneja, salir a bolsa a lo largo de los próximos meses, algo que se planteó Telefónica en su momento. Esta fórmula de crear un nuevo cajón les permite recaudar capital con una oferta pública de venta, pero también sacarles mayor rendimiento al ser gestionadas por una firma independiente de su negocio central. Orange también está inmersa en un proceso similar, como ya hicieron otros operadores europeos en su momento.

Para hacernos una idea del volumen que maneja la firma británica, esa cifra es prácticamente el volumen de antenas que hay en Alemania, el país con mayor número. American Towers cuenta con 180.000 repartidas por todo el mundo. Su presencia era testimonial hasta ahora en Europa, algo que ha cambiado tras fagocitar las 30.000 de Telefónica, algo que les dará recorrido a este lado del Atlántico

Vodafone ha creado su propia 'Telxius' para aglutinar y rentabilizar sus 70.000 torres

El otro gran gigante en la pelea tiene DNI español: Cellnex. Esta empresa, antigua propiedad de Abertis, cuenta con más de 100.000 ubicaciones en el Viejo Continente, una cifra que alcanzó después de comprar las propiedades de CK Hutchinson, una firma de origen asiático, en varios países europeos. Además, esta semana anunciaron una alianza con Deustche Telekom, la mayor operadora de la zona euro, para gestionar sus torres en Holanda. Un compañero de viaje que puede ser la llave para entrar en el siempre apetecible mercado teutón.

"Estas empresas de infraestructuras, conocidas como 'towercos' en inglés, están ganando protagonismo en la cadena de valor a la hora de prestar servicios de telefonía móvil. Y un buen ejemplo es la valoración de Cellnex frente a Telefónica", comenta Pablo Reaño, CEO y cofundador de Weplan Analytics, una empresa especializada en analizar la calidad y mejorar el rendimiento de las redes de los operadores. "Ya no se limitan a ser simples sujetos pasivos, a colocar la antena y listo. Juegan un papel cada vez más importante y pueden darle una nueva dimensión al negocio".

Coubicación y nuevas antenas

¿Por qué las teleoperadoras no pueden exprimir al mismo nivel estos activos al igual que las empresas especializadas? Entre otras cosas, por "la coubicación". "Básicamente se trata de colocar antenas de dos o más operadores en una misma antena", explica Reaño. Según un informe de Ernest&Young, la media de celdas de diferentes compañías en un punto independiente es de 2, frente al 1,3 de media aproximadamente que se atribuye a un poste de una 'teleco' o una sociedad controlada por ella. Y esto es posible por la creciente "independencia" de las torreras.

"Es una simple economía de escala que permite obtener mucha más rentabilidad de un mismo activo. Sus negocios tienen un EBIDTA mucho más alto. No hay implicación directa en el mercado que sostienen las torres, son ajenos". Aunque hay excepciones en puntos concretos, lo habitual, especialmente en zonas urbanas, es que cada una tenga su propia torre. "Que las torres estén en manos de pocos actores genera otra posibilidad de negocio casi inmediata: eliminar las instalaciones redundantes".

Esa autonomía empuja también a American Towers o Cellnex a instalar nuevas torres sin la indicación directa de un cliente en zonas que fueron desechadas porque el volumen de clientes que podían conseguir. "Si aciertan en su despliegue pueden conseguir inquilinos y mejorar zonas que a día de hoy tienen baja cobertura".

El caldo de cultivo para que se estén produciendo estos pelotazos, en palabras de Reaño, es que las 'torreras' cotizadas o aquellas respaldadas por fondos como BlackStone "tienen mucho músculo financiero" y compañías como Telefónica necesitan reducir deuda para estar preparadas de cara a las nuevas subastas del espectro restante, algo que en España se debe producir en el primer trimestre de este año. El Gobierno ha establecido la puja por la banda de los 700Mhz en ocho lotes, por un mínimo de 1.170 millones. Los que quieran llevarse el gato al agua tendrán que cumplir con ciertos requisitos: la primera dotar de cobertura del 100% a todas las ciudades de 20.000 o más habitantes. Pero no es lo único. También deberán 'conectar' autopistas, autovías, carreteras de varios carriles asi como las estaciones del AVE.

Hace unos días Telefónica hizo saltar la banca. Anunció por sorpresa que Telxius, la subsidiaria que creó en su día para gestionar activos como el cable transatlántico que conecta la costa vizcaína con Virginia Beach en EEUU, vendía sus torres de telefonía a American Towers Corporation (ATC) por 7.700 millones de euros, que serían abonados en efectivo. A cambio de ese montante, la sociedad, participada por Pontegadea (el brazo inversor de Amancio Ortega) y el fondo KKR, traspasaría al gigante norteamericano la división que gestiona estas propiedades en Europa, así como la que se ocupa de gestionar las que están ubicadas en suelo latinoamericano. Dos operaciones que aún están pendientes de la bendición por parte de las autoridades competentes en cada lugar.

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