Sus descargas se han triplicado

De WhatsApp de los 'indepes' a 'app' viral en las protestas de EEUU: por qué triunfa Signal

El servicio de mensajería va camino de convertirse en el gran rival de WhatsApp y Telegram y lo hace mezclando la privacidad y hasta el 'hacktivismo' con el servicio 'mainstream'

Foto: (Foto: G. C.)
(Foto: G. C.)

Cuando allá por 2018 las cámaras pillaron un chat entre Carles Puigdemont y Toni Comín, pocos sabían fuera del mundo del 'hacktivismo' y la ciberseguridad qué era Signal. En un sector controlado por WhatsApp y en menor medida por Telegram o Facebook Messenger, este servicio de mensajería instantánea era poco más que una aplicación de nicho pensada para los más expertos (Edward Snowden fue uno de los primeros 'famosos' en promocionarla). Pero en apenas dos años ha pasado de ser una gran desconocida a convertirse en la gran rival de los dos gigantes del mercado, siendo la app más viral durante estos días de protestas en EEUU. Y todo sin renunciar a sus raíces.

Según recogen medios como Quartz o Vox.com, el servicio creado por el criptógrafo Moxie Marlinspike, el hombre responsable de la matriz de seguridad que posteriormente replicó la compañía del bocadillo verde, se ha disparado durante estas jornadas de forma exponencial. Las descargas se han triplicado tras llegar a las 120.000 desde el pasado 25 de mayo. Algo con lo que se ha ganado el apoyo de todo tipo de asociaciones defensoras de la privacidad que invitaban a los manifestantes a usarla para proteger aún más sus mensajes. Incluso posibles rivales como el CEO de Twitter, Jack Dorsey, han recomendado su instalación. Pero lo más llamativo es que su éxito actual ya no solo se debe a la comunidad activista que la sujetaban en su día.

Para quien aún hoy desconozca esta 'app' debe saber que se trata de un servicio creado por Moxie Marlinspike, uno de los criptógrafos más famosos del mundo y que buscaba crear una 'app' para chatear que evitase cualquier espionaje y llegase a todo tipo de usuarios. Marlinspike lanzó Signal en 2016 y después creó la fundación sin ánimo de lucro que mantiene la 'app' y que, además, está detrás del esqueleto de cifrado de extremo a extremo de otros servicios como WhatsApp. Al principio era un servicio súper específico y un programa más pensado como apuesta personal que como negocio, pero esto ha cambiado desde 2018 y lo vemos con su reciente éxito. También hay que decir que ha contado con una gran ayuda.

En ese año y tras la compra de WhatsApp por parte de Facebook, Brian Acton, uno de los fundadores del servicio de mensajería más utilizado del planeta, decidió dejar su invento e invertir en Signal. Los de Mark Zuckerberg buscaban cómo dar una vuelta a su creación y Acton, no contentó con el camino elegido, optó por dejarla y apostar por un modelo cuyas raíces eran la privacidad y que encima había mostrado su buen hacer al diseñar el encriptado de extremo a extremo de WhatsApp. Los 50 millones que inyectó en Signal y su posición como presidente ejecutivo de la fundación Signal empiezan a surtir efecto y ahí viene el gran punto de Signal: ya no es solo un programa para activistas que necesiten tapar sus mensajes en un momento concreto, está pensado para el uso masivo.

¿Cómo han conseguido eso? Pues, como cuentan en un artículo de 'Wired' publicado en febrero de este año, se trata de una mezcla de cambio de estrategia, liderazgo de Acton, tirar mucho código. También quemar mucho dinero. Eso sí, todo sin perder de vista su espíritu original, que sigue siendo una seña de identidad la mar de llamativa y explotable. Signal también ha tenido problemas de seguridad: en España, por ejemplo, las fuerzas de seguridad del Estado accedieron a diferentes chats secretos al tener en su mano el dispositivo móvil de uno de los participantes de esas conversaciones. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para mantener su buena imagen en ese sentido y se sigue viendo como el servicio más privado y seguro de todos.

Llevar la privacidad a las masas

En concreto, Acton puso 50 millones de euros en la plataforma. Con ese dinero han conseguido pasar de 3 trabajadores a 20 y han implementado numerosas actualizaciones. "En solo los últimos tres meses, Signal ha agregado soporte para iPad, imágenes efímeras y videos diseñados para desaparecer después de una sola visualización, 'stickers' y 'emojis' descargables personalizables, reacciones...", explican en 'Wired'. Desde el mes de febrero las actualizaciones no han parado, siendo la última la más viral al añadir en plenas protestas en EEUU una herramienta que permite emborronar los rostros antes de mandar cualquier foto por la 'app'.

Esta mezcla de activismo y servicio 'mainstream' les está dando grandes réditos, con lo que están consiguiendo llegar por primera vez al público masivo comparando su 'app' con la de sus grandes adversarios, pero también sigue marcando el camino al resto de 'apps' en todo el tema de seguridad. A diferencia de WhatsApp o Telegram, apenas guarda metadatos ni registros de conexiones o contactos y está ahondando en más mejoras similares. ¿El gran problema? Convertir eso en funcional y asumible para el sistema contando con que no tienen publicidad y la 'app' es totalmente gratuita.

Sus últimos proyectos en este sentido son dos. El primero, ya en funcionamiento, son los códigos PIN de verificación, una herramienta cuyo objetivo es sustituir al teléfono como elemento clave para la verificación personal y que encima puede acabar con la dependencia de estas 'apps' de las listas de contacto de los móviles. El segundo, que se encuentra en fase de desarrollo a día de hoy, es una funcionalidad de videollamadas grupales encriptadas de extremo a extremo que pueda ser gratuita para todos los usuarios. Para llevar a cabo esto último están buscando nuevo personal.

Ahora con el debate de la vigilancia a nivel global más activo que nunca y los problemas de la privacidad y la desinformación en su punto álgido, Signal ha encontrado una posición predominante a pesar de estar aún muy lejos de sus rivales. Falta ver si son capaces de llegar a ellos manteniendo su filosofía y sin cruzarse con otros problemas o grandes debates estratégicos.

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