Carrera por la vacuna contra el coronavirus: EEUU y China aceleran, España busca hueco
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El problema: encontrar animales para pruebas

Carrera por la vacuna contra el coronavirus: EEUU y China aceleran, España busca hueco

Algunos de los proyectos de inmunización contra el coronavirus anuncian avances, pero existen dudas con el tipo de vacuna, la experimentación con animales y los plazos necesarios

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Carrera por la vacuna contra el coronavirus: EEUU y China aceleran, España busca hueco

Casi todo el mundo compara el Covid-19 y la gripe, por los síntomas o la tasa de mortalidad que dejan estos virus, pero todo hace indicar que dentro de poco tiempo se parecerán en una cosa más: la necesidad de la vacunación, al menos para los grupos de riesgo. Cada día que pasa la posibilidad de que el coronavirus no se pueda contener está más cerca, sobre todo si aparecen casos como el del paciente de Sevilla que se ha contagiado sin aparente contacto con viajeros. Puede ser uno de los primeros avisos de que estamos ante un nivel epidémico que obligue a tratar de proteger a la población por medio de vacunas. A los investigadores no les pilla por sorpresa, trabajan con esa hipótesis desde hace semanas y en los últimos días todo parece haberse acelerado con el anuncio de algunos avances.

“Lo deseable sería que no hiciera falta, pero si somos previsores, lo ideal es tener una vacuna porque vamos a un escenario con muchos puntos de transmisión. Todavía estamos en fase de poder contener la epidemia, pero se están estrechando las posibilidades”, afirma en declaraciones a Teknautas Jaime Jesús Pérez Martín, médico de la Asociación Española de Vacunología.

Foto: Hospitales y empresas se preparan para gestionar un incremento de contagios
Hospitales y empresas se preparan para gestionar un incremento de contagios
José Pichel M. A. Méndez Gráficos: María Zuil

En las anteriores epidemias de coronavirus, la del SARS de 2002 y el MERS de 2012, se desarrollaron vacunas que no llegaron a comercializarse. “El SARS fue un brote que duró un tiempo, pero la transmisión no era tan alta y se controló mediante métodos de contención. En el caso del MERS, sigue habiendo casos de vez en cuando, pero son brotes muy limitados. Así que las vacunas diseñadas nunca se llegaron a utilizar. En este caso, parece que sí van ser necesarias, porque no se está consiguiendo frenar la epidemia de forma contundente”, comenta el especialista.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estimado que el plazo para el desarrollo de una vacuna puede estar entre 12 y 18 meses. “Los plazos normales de desarrollo de una vacuna pueden prolongarse hasta 10 años, pero en un caso tan excepcional las cosas van más deprisa”, señala Pérez Martín.

Operarios en Irán toman la temperatura a ciudadanos. (Reuters)
Operarios en Irán toman la temperatura a ciudadanos. (Reuters)

Según Joaquim Segalés, investigador del Centro de Investigación en Salud Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA-CReSA) de la Generalitat de Cataluña, que tiene experiencia en proyectos relacionados con el MERS, “a muy corto plazo, la investigación está focalizada en los tratamientos, en productos antivirales, porque esto puede tener un efecto sobre las personas infectadas. La vacuna es un producto preventivo, pero a medida que se va diseminando, la idea de que es necesaria está cada vez más clara”.

De hecho, el camino para conseguir un medicamento está muy avanzado y parece tener una sola dirección, dado que incluso la OMS lo ha señalado claramente por medio de su subdirector general, Bruce Aylward. "En este momento, solo hay un fármaco o que creemos que puede tener una eficacia real y ese es remdesivir". Este producto fue desarrollado por la farmacéutica estadounidense Gilead contra el ébola y acaba de obtener tres patentes en China, donde ya se está probando en pacientes.

Por el contrario, el reto de lograr una vacuna que proteja a la población del coronavirus es mucho más competitivo y complejo. Las convocatorias públicas de investigación, que ya han recogido en las últimas semanas la posibilidad de realizar proyectos sobre Covid-19, han estado orientadas hacia la búsqueda de terapias, pero “estoy convencido de que la vacuna va a pasar a ser prioritaria, porque no se esperaba que tuviese una diseminación tan rápida. El antivírico es la manera de poder actuar lo más rápidamente posible sobre un paciente, pero si queremos prevenir la infección, necesitamos vacunas, y si la epidemia se extiende relativamente fácil y rápido, la vacunación es la mejor de las opciones”, afirma.

Los avances de Australia, EEUU y China

En los últimos días la carrera parece haberse acelerado. La Universidad de Queensland (Australia) y la farmacéutica Moderna (Estados Unidos) han anunciado pasos importantes. Los australianos, sin precisar fechas, han asegurado que están listos para realizar una prueba de concepto, que consistiría en un ensayo clínico con un número limitado de personas para probar que no supone un riesgo (lo que se denomina fase I). Por su parte, la empresa estadounidense ha realizado el mismo anuncio marcando en el calendario finales de abril. Los primeros resultados podrían conocerse en julio.

Una mujer con mascarilla, en Shanghái. (Reuters)
Una mujer con mascarilla, en Shanghái. (Reuters)

“La cuestión es que todo vaya bien, que consigan demostrar que, efectivamente, la vacuna produce inmunidad y es segura. Luego habría que pasar a un ensayo clínico con un número de personas elevado. Ahí nos iríamos al segundo semestre de este año. Con la fase de fabricación de la vacuna, te vas a los 18 meses que dice la OMS, es complicado que sea menos”, comenta Pérez Martín.

Otra farmacéutica estadounidense, Inovio Pharmaceuticals, ya había dicho a mitad de este mes que disponía de una vacuna preclínica, pero en su caso, no confiaba en poder realizar ensayos en pacientes hasta el verano, probablemente en China y en Estados Unidos.

Estos tres proyectos pertenecen a la plataforma Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI), una coalición no gubernamental que cuenta con fondos de la Fundación Bill y Melinda Gates, entre otros. Su objetivo es hacer frente a epidemias emergentes y, por el momento, es el consorcio de investigación que más información está facilitando acerca de los avances en la investigación de la vacuna.

No obstante, en todo el mundo se conocen una docena de proyectos de investigación sobre vacunas contra el nuevo coronavirus. Europa tampoco quiere perder el tren, así que algunos de sus científicos, sobre todo británicos y franceses, también forman parte de equipos internacionales. Entre las iniciativas privadas, la farmacéutica francesa Sanofi también trabaja en la consecución de la vacuna.

Un turista se asoma desde el balcón de su habitación en el hotel del sur de Tenerife que permanece aislado tras detectarse cuatro casos de coronavirus de Wuhan. (EFE)
Un turista se asoma desde el balcón de su habitación en el hotel del sur de Tenerife que permanece aislado tras detectarse cuatro casos de coronavirus de Wuhan. (EFE)

Los avances de China son más desconocidos, pero van apareciendo en los medios de comunicación a golpe de declaraciones políticas. Xu Nanping, viceministro de Ciencia y Tecnología, afirmó hace pocos días en la cadena de televisión Channel News Asia que varios equipos de investigación estaban “probando técnicas diferentes para desarrollar una posible vacuna” y que se esperaba que la primera “pueda ser sometida a exámenes clínicos a finales de abril”, según Europa Press. Es decir, exactamente el mismo plazo da ahora la farmacéutica Moderna.

Más allá de este tipo de anuncios, ni siquiera los especialistas conocen lo que se está haciendo, porque “no hay publicaciones científicas como tal”, explica el experto de la Asociación Española de Vacunología. Más bien, “cuando algún laboratorio tiene un proyecto listo para entrar en ensayos clínicos, sale la noticia, pero hasta entonces la gente se dedica a trabajar”, asegura.

El papel de España

Es lo que está haciendo en España el Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB). El equipo liderado por Luis Enjuanes e Isabel Sola ya logró una vacuna contra el SARS en 2015 y ahora es el único grupo español que trabaja directamente en este desafío. De hecho, desde hace más de 10 años colaboran en un proyecto de los National Institutes of Health (NIH, o Institutos Nacionales de la Salud) sobre coronavirus (anteriormente, SARS y MERS), en el que participan universidades estadounidenses. En concreto, trabajan directamente con la Universidad de Iowa y de la Universidad Loyola Chicago. Ahora acaban de solicitar un proyecto junto al Hospital Monte Sinaí de Nueva York que, en caso de resolverse favorablemente, les permitiría obtener financiación de los NIH para investigar en la vacuna frente al nuevo virus.

No obstante, ya están en ello. “Estamos recibiendo los fragmentos con los que construir el genoma del virus”, explica Isabel Sola a Teknautas, detallando unos primeros pasos que, por el momento, no tienen ningún problema de bioseguridad. “Trabajamos con trozos de ADN, ahí no hay virus por ninguna parte, pero esta primera fase de trabajo en el laboratorio nos permite avanzar para que, llegado el momento, podamos investigar con el virus reconstruido, mientras recibimos los permisos adecuados”, apunta.

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (EFE)
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (EFE)

Hablar de plazos nunca es fácil en investigación, pero en este caso la urgencia obliga. “Obtener el candidato vacunal en el laboratorio puede ser una cuestión de uno o dos meses si todo va bien, pero a partir de ahí empiezan los ensayos preclínicos en animales pequeños, en ratones. Yo diría que como mínimo, antes de empezar los ensayos en humanos, puede pasar un año aproximadamente”, comenta la científica del CNB.

La controversia sobre el tipo de vacuna

Sola explica que su estrategia es diferente a la de proyectos como el anunciado por la farmacéutica Moderna, que tienen ventajas e inconvenientes. “Es el tipo de vacunas que llamamos subunidad. Lo que hacen es expresar una sola proteína del virus, la que activa mejor la respuesta inmune. Son las más rápidas y sencillas de obtener, esa es la ventaja”, comenta Isabel Sola. El inconveniente es que no son las más potentes, porque al centrarse solo en una de las proteínas del virus “no producen el conjunto de proteínas que provocan una respuesta inmune más protectora”.

“Es un primer candidato a vacuna que, en un momento de urgencia es lo primero que se puede obtener. Hay que ver los resultados, lo bien que protege y si es segura, pero a priori no son las vacunas ideales en cuanto a la protección que van a producir o la duración de esa protección”, advierte.

“En esta vacuna no administran la proteína, sino el ARNA mensajero. Es como el libro de instrucciones que se introduce en la célula y le dice que produzca una proteína”, comenta la investigadora. “Nosotros hacemos algo comparable, también administraríamos instrucciones para las células, pero en nuestro caso, esa molécula se multiplica muchísimas veces dentro de las células, así que la inmunización sería más eficaz. Además, no se trata de una sola proteína, sino de un conjunto de proteínas del virus que hacen que la respuesta inmune en su conjunto sea más eficaz y más duradera. El único inconveniente es el tiempo de desarrollo que necesitamos”, añade.

El catedrático de Microbiología e investigador del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Universidad de Navarra, Ignacio López Goñi. (EFE)
El catedrático de Microbiología e investigador del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Universidad de Navarra, Ignacio López Goñi. (EFE)

Joaquim Segalés también cree que “no es lo mismo” un tipo de vacunas y otro. Sin embargo, “en el caso de los coronavirus en concreto, una vacuna subunidad puede funcionar muy bien. Nosotros tenemos experiencia con el coronavirus del MERS y hemos probado una vacuna de subunidad frente a la proteína S, una sola proteína, y en el modelo de MERS en animales [en este caso se utilizaron llamas], funcionó fabulosamente bien”, asegura.

Según el especialista de la Asociación Española de Vacunología, Pérez Martín, no todos los avances internacionales que se han anunciado han optado por la vía rápida pero poco eficaz. El proyecto de la Universidad de Queensland ha utilizado una metodología “más tradicional”, un tipo de vacuna “ya conocida, que sabemos cómo va a funcionar”. En cuanto a las otras, “es cierto que no hay tanta experiencia con ellas, pero eso no quiere decir que no vayan a funcionar, lo que pasa es que faltan datos clínicos. Siempre es mejor tener una tecnología probada en el tiempo”, añade.

El problema del modelo animal

Según los expertos, uno de los escollos a los que se enfrenta el desarrollo de la vacuna es la falta de modelos animales en los que probarla. Es decir, antes de llegar a los ensayos clínicos, la metodología habitual obliga a probar la seguridad y la eficacia de las vacunas en un animal que desarrolle la enfermedad de la forma más parecida posible al ser humano.

(Reuters)
(Reuters)

En el IRTA-CReSA de Barcelona “estamos planeando posibles experimentos para desarrollar un modelo animal, pero aún estamos en una fase de diseño”, comenta Joaquim Segalés. De hecho, “aún desconocemos cuál puede haber sido el huésped intermediario, se habló del pangolín, pero no está claro”. En cualquier caso, “lo que se necesitan son especies susceptibles a la infección vírica”.

De esa forma, estos investigadores aspiran a llenar ese hueco de la cadena de investigación que puede conducir a la vacuna, la etapa ineludible de la experimentación en animales. Para ello hace falta “una dosis de suerte”, es decir, “dar con la especie adecuada” en la que se reproduzca la enfermedad; o una apuesta tecnológica: los ratones modificados genéticamente. “En el caso del SARS se desarrollaron roedores transgénicos que expresaban el receptor humano que utilizaba ese virus. Es posible que esta vía pudiera funcionar también en este coronavirus. De hecho, creo que el modelo de ratón se tendrá próximamente, quizá no es el ideal, pero nos puede dar una idea de si funcionan las vacunas”, explica.

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