Cambiar química por electrónica

La idea de un ingeniero español para acabar con dolencias incurables: polvo inyectable

El ingeniero granadino Gonzalo Murillo está detrás de un proyecto de microdispositivos más pequeños que una célula y que busca curar enfermedades con impulsos eléctricos internos

Foto: Gonzalo Murillo. (Imagen cedida)
Gonzalo Murillo. (Imagen cedida)

Cada vez somos capaces de minimizar más y más el tamaño de los chips sin trastocar su potencial y sus características. De los grandes ordenadores hemos pasado a los microprocesadores que ahora todos llevamos en el bolsillo. Ya contamos en nuestro día a día con chips que miden unos pocos milímetros, pero la cosa no acaba ahí. Investigadores como el español Gonzalo Murillo intentan ir más allá y ya piensan en todo tipo de aplicaciones para 'microdispositivos'. ¿De qué posibilidades hablamos? Pues de convertirlos en una especie de polvo inyectable o ingerible capaz de curar y sustituir a algunos fármacos tradicionales. Suena a magia, pero es más real de lo que imaginas.

Murillo es un ingeniero granadino de 35 años que lleva más de 10 especializándose en materiales piezoeléctricos (capaces de generar energía eléctrica a partir de pequeñas deformaciones mecánicas sin necesidad de batería) y en micro y nanotecnología. Investigador, emprendedor y ganador del premio del MIT a 'investigador más innovador menor de 35 años' en 2016, ahora busca aprovechar todos sus conocimientos para darle una vuelta de tuerca a la industria farmacéutica. Quiere desarrollar unos dispositivos bioelectrónicos de un tamaño menor que una célula, que funcionen de forma autónoma y que sean capaces de curar distintos tipos de enfermedades ahora mismo incurables. Sí, puede sonar a ciencia ficción, pero es más real de lo que imaginas.

"Algunos pueden relacionar todo esto con la película 'Viaje Fantástico'. No llegamos a ese nivel pero puede ser una buena imagen para entender mejor nuestro proyecto", explica, en conversación con Teknautas, Murillo. Obviamente no va a miniaturizar a nadie para que entre en el cuerpo de otra persona para curar sus enfermedades, pero sí que quiere conseguir introducir en los seres humanos pequeñísimos dispositivos electromecánicos inteligentes capaces de interactuar con las células y arreglar ciertos problemas a través de impulsos eléctricos. "Lo del 'polvo inteligente' es para hacernos una idea de lo que puede acabar siendo, pero lo que se busca en el proyecto es desarrollar microdispositivos diminutos capaces de funcionar de forma autónoma en el cuerpo y que puedan usar su electricidad para curar todo tipo de problemas".

Desde el Instituto de Microelectrónica de Barcelona y con ayuda de instituciones como La Caixa, busca crear estos inventos fabricados integrando nanomateriales inteligentes, sistemas electromecánicos micro y nano (MEMS/NEMS) y la microelectrónica. Una vez fabricados en una placa de silicio, se liberan y se diluyen en una solución biocompatible para una administración posterior en un cultivo celular, un tejido o un animal.

Una ilustración del invento de Murillo en la portada de la revista Advanced Materials
Una ilustración del invento de Murillo en la portada de la revista Advanced Materials

El desarrollo profundiza en el cada vez más popular y apetecible campo de la electrocéutica (la unión de las farmacéuticas con la tecnología electrónica). "Ya hay casos de dispositivos muy pequeños que se pueden inyectar en el cuerpo, pero necesitan de baterías y operaciones complejas. Nosotros queremos acabar con todo eso. Buscamos desarrollar un aparato autónomo y que se pueda inyectar e incluso ingerir (esto es aún más complicado) como cualquier otro fármaco".

¿Cómo van a conseguir crear algo así? Pues aquí entra una de las claves de la idea de Murillo: los materiales piezoeléctricos. "Queremos que nuestro pequeño invento se pueda alimentar de la electricidad que generan las propias células con su movimiento. Al recibir presión estas se estimulan, generando una electricidad suficiente para alimentar los nanogeneradores", explica Murillo.

Según el investigador, los grandes avances que puede ofrecer su invento sobre los prototipos ya existentes se centran en tres puntos clave: la autonomía, la precisión y la inteligencia. "Mi proyecto busca crear dispositivos autónomos, más inteligentes que los actuales y que, debido a esta inteligencia y a su tamaño, actúen célula a célula haciendo mucho más preciso el tratamiento".

Imagen de los microdispositivos. (Imagen cedida)
Imagen de los microdispositivos. (Imagen cedida)

Enfermedades a tratar

Vale, la teoría está clara, pero, ¿cómo va a ayudar todo esto a nuestra salud? Pues, según Murillo, las aplicaciones son muchísimas. De desarrollarse, el 'polvo' podría curar desde enfermedades como el Parkinson o la epilepsia a trastornos neuronales y nerviosos a base de impulsos eléctricos. "También podría ayudar a la regeneración ósea e incluso a la muscular ya que los dispositivos pueden interactuar bien con estas células. Vamos, hay expertos que dicen que incluso se puede controlar todo el sistema nervioso con impulsos".

Tan potentes serían que hasta podrían cambiar la forma en la que conocemos los marcapasos. "Puede dejar de ser un aparato como el que conocemos para ser pequeños dispositivos que estimulen el corazón en puntos clave", apunta Murrillo mientras explica que el interés comercial en proyectos como el suyo es tan grande que una farmacéutica gigante como GSK (GlaxoSmithKline) se ha unido con Google para crear Galvani, su propia empresa para desarrollar soluciones bioelectrónicas y que cuenta con un presupuesto de unos 700 millones de dólares. "El poder comercial de estas soluciones es muy importante y por eso, aunque nosotros estamos centrados en la investigación, no debemos perder de vista ese aspecto de lo que hacemos".

Ilustración de la revista científica Small Journal sobre el trabajo de Murillo
Ilustración de la revista científica Small Journal sobre el trabajo de Murillo

En cuanto a si soluciones como la suya pueden llegar a sustituir totalmente a los fármacos comunes, Murillo es bastante prudente. "No creo que haya una sustitución total, sino que será algo complementario. Además de que queda mucho tiempo para que empezamos ver en el mercado este tipo de inventos, están pensados para tratar enfermedades que ahora, con los medicamentos químicos tradicionales, no podemos tratar o no de la forma más correcta. En un futuro aún más lejano está claro que sus aplicaciones crecerán pero no creo que los químicos desaparezcan del todo".

El problema del tiempo

Pese a la gran inversión que se empieza a hacer en estos desarrollos, el ingeniero granadino no tiene prisa y recuerda que aún es muy pronto para que pensemos en ver su 'polvo inteligente' en funcionamiento en seres humanos. Es tan novedoso que deberemos esperar entre 10 y 15 años para comenzar a observar cómo estos inventos se utilizan en los ámbitos sanitarios, y eso que el ya lleva cerca de 4 con el proyecto. "Nosotros de momento estamos en un proceso in vitro, ni siquiera estamos probándolo con animales ni nada similar. Es decir que nos queda mucho tiempo de desarrollo por delante".

Su proyecto se encuentra en un momento muy temprano y aunque la teoría de su funcionamiento y los prototipos son bastante prometedores no se puede ver nada más que como un posible futuro de la industria farmacéutica. "Lo que está claro es que las farmacéuticas están invirtiendo mucho dinero en este campo y eso quiere decir que han visto algo interesante e importante aquí".

Tecnología

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios