Han fallecido 14 de los 25 tripulantes

Un nuevo Kursk: el misterio del submarino incendiado que Rusia no quiere que sepas

¿Cómo es la embarcación accidentada y, sobre todo, por qué cualquier incidente en estos aparatos, por mínimo que sea, puede acabar causando una tragedia?

Foto: Submarino SSN K-322 Cachalot, de la clase Akula (US NAVY)
Submarino SSN K-322 Cachalot, de la clase Akula (US NAVY)

En las profundidades del océano los fallos y los errores se pagan muy caros. Es lo que habrá ocurrido con seguridad en el submarino ruso accidentado esta semana que ha provocado 14 muertos y que, de nuevo, cuestiona la seguridad de estos buques. Este último accidente plantea muchas incógnitas y ofrece muy pocas respuestas. El proverbial secretismo ruso que rodea todas sus actividades militares y que intenta difuminar lo ocurrido en cualquier accidente da pie a todo tipo de especulaciones. Pero hay datos seguros: ¿cómo es la embarcación accidentada y, sobre todo, por qué cualquier incidente en estos aparatos, por mínimo que sea, puede acabar causando una tragedia?

Según todas las informaciones, el submarino ruso, un modelo muy especial del que luego daremos todos los detalles, se encontraba a gran profundidad cuando se produjo un incendio. Puede resultar una obviedad decirlo, pero un accidente en inmersión es algo muy serio y suele tener graves consecuencias, por más que se adopten todo tipo de medidas y las dotaciones se adiestren para este tipo de contingencias.

Trabajar en las profundidades del océano es hacerlo en un ambiente hostil, tanto como lo pueda ser hacerlo en el espacio exterior. En el fondo, por debajo de los 300 metros, las presiones son enormes, la temperatura bajísima y la luz inexistente. Los submarinos, pese a estar diseñados para ello, soportan unos esfuerzos enormes en su casco y unas variaciones de presión de trescientas o cuatrocientas veces la atmosférica en operaciones normales. Todo ello, además, en una máquina de guerra donde lo que prima es el cumplimiento de la misión.

Submarino SSK ruso de la clase Kilo. (Foto: UKMoD)
Submarino SSK ruso de la clase Kilo. (Foto: UKMoD)

Un fallo en la integridad del casco o un incendio son los mayores peligros. Las consecuencias de una fisura en el casco se explican solas. El incendio es dramático para cualquier buque, en especial los de guerra pues están cargados de material explosivo y munición. Recordemos, por ejemplo, el caso del destructor británico Sheffield durante la guerra de las Malvinas. Resultó alcanzado por un misil antibuque Exocet lanzado por un avión argentino. La cabeza de guerra del misil no detonó, pero el fuego provocado por los restos del motor cohete del misil bastaron para que el buque se perdiera.

Si en un buque el fuego es crítico, en un submarino lo es doblemente. Al destrozo provocado por el incendio se le une el consumo de oxígeno en un espacio confinado donde no es posible ventilar. Es lo que según parece ocurrió en este último accidente. La forma de atajar el problema es sencilla y solo caben dos soluciones: extinguir el incendio con medios convencionales o compartimentar, aislar los espacios incendiados y salvar el resto.

El origen de un incendio en un navío puede deberse a múltiples factores. En un buque y más con propulsión nuclear como este, hay muchos elementos susceptibles de fallar, recalentarse o incluso explotar. Cualquier defecto en el material, un fallo en una bomba de refrigeración, en un panel eléctrico o en las baterías, es motivo suficiente. Y el submarino está repleto de todos estos sistemas. Es precisamente en el compartimento de baterías, que en determinadas situaciones pueden generar gases inflamables, donde todo apunta a que se inició el incendio.

Restos reflotados del submarino Kursk. (Foto: Wikimedia Commons)
Restos reflotados del submarino Kursk. (Foto: Wikimedia Commons)

En el submarino ruso casi con seguridad el incendio obligó a compartimentar y es muy posible que los 14 fallecidos quedaran atrapados en las zonas incendiadas. No eran víctimas cualesquiera ya que casi toso los tripulantes eran de alta graduación, incluyendo dos “Héroes de Rusia” (la más alta distinción militar) entre los que se encontraba el propio comandante de la embarcación, el capitán Denis Dolonsky. Sin embargo, el hecho de compartimentar y aislar las zonas afectadas fue lo que permitió hacerlo subir a la superficie, salvándose 11 tripulantes del total de 25 que iban abordo.

Una larga sucesión de desastres

Rusia, tanto en la etapa soviética como en la actualidad, tiene un largo y doloroso historial de desastres de este tipo donde se han producido numerosas víctimas mortales. Hace relativamente poco, en noviembre de 2008, el submarino nuclear K-152 Nerpa (de la clase “Akula”) sufrió un accidente mientras navegaba en inmersión durante unas pruebas. Un marinero activó por error el sistema de extinción de incendios de uno de los compartimentos, llenándose de gas freón y produciendo la muerte por asfixia de 20 personas, de las que 17 eran técnicos civiles.

El accidente del Nerpa no fue algo que ocupara portadas. En el recuerdo todo el mundo tenía la tragedia del Kursk. El Kursk (K-141) era un lanzamisiles de la clase “Oscar”. Un navío enorme con 155 metros de eslora y casi 20.000 toneladas de desplazamiento en inmersión. Su hundimiento y la pésima gestión de su rescate llevado a cabo por las autoridades militares rusas son ya algo conocido. El Kursk perdió parte de su proa debido a la explosión accidental de un torpedo Tipo 65, un enorme artefacto (apodado “la chica gorda”) diseñado para destruir grandes buques. El resultado fue que el buque se hundió a 106 metros de profundidad con la pérdida de toda su tripulación, 118 hombres.

K-186 Omsk. Clase Oscar (Foto: Alex Omen)
K-186 Omsk. Clase Oscar (Foto: Alex Omen)

Muy reciente tenemos el hundimiento del ARA (Armada República Argentina) San Juan, un aparato convencional (SSK) de 66 metros de eslora y 2.300 toneladas de desplazamiento. Desapareció en noviembre de 2017 y se confirmó su hundimiento a 907 metros de profundidad, en el que pereció toda su tripulación, 43 hombres y una mujer.

Un submarino nada convencional

Este nuevo accidente poco tiene que ver con aquellos y menos por el tipo de buque protagonista. Pese a la escasa información oficial al respecto, se sabe que el aparato ruso accidentado no era un modelo “estándar”. Se trata del AS-12 (AC-12 en ruso) o Proyecto 212, cuyo nombre clave para la OTAN es NORSUB-5. Sin embargo se le conoce por “Losharik” (Лошарик). Este nombre viene de la contracción de dos vocablos rusos: "лошадь" ("loshad'), que significa “caballo” y "шарик" ("sharik"), que significa “pequeña esfera”. Este aparente absurdo juego de palabras evoca a un típico juguete ruso que consiste en un caballo articulado formado por múltiples bolas y viene al caso, como veremos luego, por la construcción interna.

Se trata de un submarino nada convencional, pues está diseñado para operar a altas profundidades. En algunos medios internacionales se ha comentado que se trata de un vehículo de investigación y que es de pequeñas proporciones. Ni una cosa ni la otra. Es un buque militar diseñado con fines militares, aunque tampoco se descarta que se pueda utilizar con fines de investigación, pues no hay muchos vehículos capaces de moverse a más de 3.000 o 4.000 metros de profundidad.

Submarino SSN de la clase Akula (Foto: Alex Omen)
Submarino SSN de la clase Akula (Foto: Alex Omen)

El Losharik es en realidad bastante grande. Mide cerca de 70 metros de eslora y su desplazamiento en inmersión supera las 2.000 toneladas. Estas son dimensiones propias de aparatos convencionales y sirva de comparación que las actuales embarcaciones españolas en servicio, la clase “Galerna”, tienen 67 metros de eslora y desplazan en inmersión 1.700 toneladas. Como se ve, el Losharik, de pequeño tiene poco.

Y de “convencional” menos aún. Su propulsión está proporcionada por un pequeño reactor nuclear, lo que le asegura una gran autonomía, propulsado por una única hélice. Internamente el casco está formado por siete esferas construidas en titanio y unidas, formando cada una un compartimento de la nave. Las dos esferas traseras, aisladas de los compartimentos para la tripulación, están dedicadas a las máquinas y planta nuclear y el conjunto de esferas se encuentra envuelto por un casco exterior que le da la forma convencional de submarino. Esta disposición en esferas es la forma más eficiente de aguantar muy altas presiones y es lo que confiere a este submarino unas capacidades de inmersión sin precedentes. Se sabe que ha estado operando a profundidades de entre 2.500 y 3.000 metros (un submarino militar puede bajar a niveles entre los 300 y 600 metros, llegando algunos a los 1.000 metros como máximo) y fuentes rusas afirman que el diseño está pensado para sumergirse hasta los 6.000 metros.

El Losharik está diseñado para operar y moverse sobre el fondo oceánico. Dispone de patines retráctiles para apoyarse en el lecho marino

Por si esto fuera poco, el Losharik está diseñado para operar y moverse sobre el fondo oceánico. Dispone de patines retráctiles para apoyarse en el fondo, pero se especula que podría disponer de ruedas u otro dispositivo que le permitiera deslizarse sobre el lecho marino. Además, podría operar otro minisubmarino no tripulado y dispondría de brazos y elementos externos para manipular objetos.

¿Para qué sirve un submarino de este tipo?

Un buque con capacidad de operar a 6.000 metros de profundidad abre un campo de posibilidades militares enorme. Se dice que una de sus funciones principales sería la de cortar cables de comunicaciones y, en caso de conflicto, dejar fuera de servicio las comunicaciones por cable del enemigo, internet entre ellas. Otra posibilidad sería “pinchar” estos cables e interferir o espiar las comunicaciones.

K-150 Tomsk, submarino clase Oscar similar al Kursk. (Foto: Mil.ru)
K-150 Tomsk, submarino clase Oscar similar al Kursk. (Foto: Mil.ru)

Además de esta función, podría trabajar como embarcación espía monitorizando desde el fondo marino los movimientos de buques enemigos al ser capaz de situarse dentro de áreas controladas por el enemigo sin ser detectado, aprovechando primero la posibilidad de ser transportado por el nueva embarcación gigante rusa Belgorod, el submarino más largo del mundo con 184 metros de eslora y con un desplazamiento en inmersión de 30.000 toneladas. El Belgorod trasladaría al Losharik hasta un punto determinado, donde el “pequeño” submarino se sumergiría hasta el lecho oceánico para, desde allí, con total impunidad y sin ser detectado, se arrastraría hasta su posición de escucha, imposible de detectar con medios acústicos o magnéticos.

De momento, este aparato no lleva armamento, pero sería fácil adaptarle casi cualquier tipo de torpedo. Con este equipamiento y con sus capacidades de infiltrase con absoluto sigilo, se podría convertir en una importante arma a la hora de atacar objetivos estratégicos.

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