"es un páramo, no tenemos nada"

El diario en tiempo real desde el barro de las chabolas madrileñas en los años 70

Una cuenta de Twitter relata en primera persona cómo es vivir en un barrio de chabolas en Madrid en los años setenta, sin ambulatorios, calles asfaltadas, agua o electricidad

Foto: Los vecinos consiguieron transformar las chabolas en barrios dignos.
Los vecinos consiguieron transformar las chabolas en barrios dignos.

“Hoy inicio este diario, diario de esperanza”, así arranca la primera publicación de Conchi Barrios en su cuenta de Twitter. A partir de ésta encadena el resto, contando su duro viaje: "Por fin hemos llegado a Madrid dejando atrás la miseria del pueblo. Hace frío en la casita del primo Mariano, que nos ha acogido bajo su techo". Junto a sus escritos añade fotos de su experiencia y la de sus familiares. Como ella, han llegado a Madrid huyendo de la pobreza rural, cada uno con una historia detrás.

Su relato está contado en primera persona. Conchi es una madre de dos hijos que huye junto con su familia de la miseria rural hacia Madrid, donde los acoge su primo Mariano. “Lo llaman casitas, pero en realidad son chabolas. También lo llaman barrio, pero solo veo un gigantesco arrabal hundido en el lodo”, escribe. Y lo acompaña de una descorazonadora fotografía de estas zonas de miseria en Madrid del 74.

Así eran los hogares de los emigrantes de las zonas rurales a Madrid. Las miles de personas que llegaban desde los pueblos levantaban una chabola junto a la gente que venía de su mismo lugar. Estos barrios apenas tenían equipamientos educativos, sanitarios ni transporte público. Tampoco había calles asfaltadas y carecían de todo tipo de servicios. Así lo explican desde la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), quienes están detrás de la cuenta de Twitter de Conchi Barrios. ¿El motivo? Honrar a las pioneras del movimiento vecinal en el 40 aniversario de la Federación.

La historia de Conchi Barrios es de superación pero también una de las muchas que tuvieron lugar en aquella época. "Es una de las miles de mujeres que emigraron a Madrid en los sesenta y setenta y que conformaron los nuevos barrios de la periferia, como Carabanchel, Usera, Villaverde, Puente de Vallecas o Villa de Vallecas”. Entonces, el de Palomeras de Madrid era el mayor poblado chabolista de Europa.

Pan, libertad y asociaciones

Conchi Barrios no existe pero su nombre no es casual: un juego de palabras con el que representa su relato ficticio basado en un hecho real. La versión digital de ‘Cuéntame’. Todavía por los inicios del relato, lo elaboran a partir de las experiencias narradas en primera mano de los miembros históricos de la Federación y de las asociaciones vecinales. “Queremos acercar, en este caso al usuario de Twitter, una realidad desconocida para mucha gente”, explican. “Los barrios que tenemos hoy son fruto en buena parte de la entrega de personas como Conchi Barrios, que llegaron a Madrid con una mano delante y otra detrás”.

Así, a través de la historia de Conchi y de sus inicios en la capital, vemos partir desde cero la creación de estas asociaciones vecinales en forma de relato costumbrista de la España previa a la democracia. Las alegrías y las frustraciones de Conchi Barrios como vehículo para contar una historia real.

Con esfuerzo y a través de planes como la operación de barrios en remodelación, que nació a finales de los 70, los poblados de infraviviendas se transformaron en los inicios de los barrios que conocemos ahora. “La labor de las asociaciones vecinales para mejorar las condiciones laborales de los barrios fue esencial, pero también fueron un motor de democracia”, aseguran desde la federación. “Surgió a finales de la dictadura y un componente básico que tuvo fue la lucha por las libertades”. La legalización de la FRAVM, que tuvo lugar el 2 de noviembre de 1977, fue precedida de manifestaciones multitudinarias y otros actos en los que, además de “pan y libertad”, los ciudadanos reclamaron el reconocimiento de sus asociaciones vecinales.

La historia va avanzando poco a poco. Publican dos tuits cada día contando las vivencias de Conchi Barrios en las que irá descubriendo la importancia de las asociaciones vecinales. “La ‘aso’ es como la llaman aquí, como si fuera una tía del pueblo muy querida”.

24 años siendo chabolista

Félix López Rey es uno de los fundadores de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid. Con 8 años, en octubre de 1956, llegó a Orcasitas desde Polán, en Toledo, huyendo del hambre. En el que sería su nuevo hogar no había alumbrado, alcantarillado, agua, colegios o ambulatorios. Tampoco calles asfaltadas, solo un inestable suelo de barro . “Si alguien se ponía malo no podría entrar un coche”, cuenta Félix a El Confidencial. “Un lechero murió de un infarto y nunca pudo entrar un coche a llevárselo. Se quedó allí tirado en el barro”.

"No había calles ni ambulatorios. Una mujer dio a luz en las vías del tren, el único sitio en el que no te hundías en el barro”

López Rey recuerda también cómo una mujer, mientras su marido intentaba hacerse con un taxi, dio a luz en las vías del tren, “el único sitio en el que no te hundías en el barro”. Él tuvo a su primer hijo el 19 de marzo de 1971 y la situación era igual de complicada. “Los creyentes rezaban para que no lloviera porque no podría entrar un coche a por la embarazada”, explica. “Si no, la sacábamos a la sillita de la reina hasta la carretera”.

El cinturón de miseria que rodeaba Madrid comprendía zonas como San Blas, Vicálvaro, Palomeras, Orcasitas o Pan Bendito. En aquella época, y hasta que los vecinos pudieron ser realojados en barrios decentes de nueva construcción, eran 32.732 familias las que vivían en chabolas. “Yo he sido chabolista hasta el 20 de marzo de 1980”, asegura Félix, que comparte cada dato sin dejarse el mínimo detalle. “Era un páramo”, recuerda respecto a Oscasitas. “Los primeros que llegaban se presentaban en el Ayuntamiento de Villaverde y decían cómo quería que se llamara su calle”.

Félix durmió con sus padres desde los 8 hasta los 12 años. “Mi padre era peón de albañil y con lo que pudo ahorrar hizo una habitación para mí en el patio, pero la Guardia Civil vino a tirarla”. El fundador de la FRAVM explica que Orcasitas perteneció a Villaverde hasta el 54, pero cuando se anexionó a Madrid perdieron cierta tolerancia. “El urbanismo madrileño estaba dirigido por militares”, cuenta. “En los años 50 venían a nuestras chabolas y nos retrataban en las puertas como si fuéramos refugiados”.

López Rey destaca el papel de las asociaciones en aquel momento. “Había gente que contaba en horas el tiempo que había ido al colegio”. Explica que, gracias a las asociaciones, además de viviendas dignas, consiguieron “elevarse culturalmente”. El detonante fue su propia llamada a un programa de radio: “No hay derecho a que el hombre haya llegado a la Luna y en Orcasitas estemos cagando en una lata”. Así, la asociación de vecinos de Orcasitas la levantaron con sus propias manos. “Literalmente”, explica. “Nos pusimos a picar y tardamos un año en construirlo sin dinero, con agua y luz de forma clandestina”, asegura. Ahora, sigue participando en ella ayudando a mejorar las condiciones de sus vecinos, pero recalca que su medio de vida es una administración de Lotería: “No vivo del oro de Moscú ni del Caso Gürtel”.

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