EN PIOZ NUNCA HABÍA SUCEDIDO ALGO PARECIDO

Y Pioz, el pueblo más endeudado de España, conoció el horror

Todos en shock. Vecinos, medios y Guardia Civil se preguntan qué ha sucedido en el chalé 594 de la calle de Los Sauces, donde ha aparecido una familia descuartizada

Foto: La Guardia Civil ha acordonado parte de la calle Los Sauces
La Guardia Civil ha acordonado parte de la calle Los Sauces

Se alquila dúplex de 140 m2 con parcela ajardinada y piscina privada en una urbanización tranquila, con seguridad, rodeada de naturaleza y situada en pleno corazón de La Alcarría. Precio, 400 euros.

¿Le interesa para sus vacaciones? Pues no llame todavía, porque los precios de la zona están al caer; es más, la mayor parte de los vecinos de la urbanización La Arboleda escuchan ofertas. Están angustiados; ayer descubrieron que una familia de la calle Los Sauces, la que ocupa el chalé 594, ha aparecido descuartizada en su salón, repartida en bolsas de plástico negro. Era un matrimonio brasileño, Yanaina y Marcos, entre los treintaymuchos y los cuarentaypocos, y sus dos hijos, María, de cuatro años, y David, un bebé de uno. 

[Cronología del asesinato de Pioz: hipótesis y confesión del presunto autor del crimen]

El domingo por la noche, cuando la Guardia Civil irrumpió en el chalé, llevaban más de un mes muertos. El vecino de la derecha había hecho suya la inquietud de los chalés aledaños, que llevaban días murmurando acerca del mal olor de la calle, y llamó al puesto de la Guardia Civil en Horche. No era la primera vez: el mes pasado una vecina se acercó al ayuntamiento para pedirle al alcalde que pasase la manguera por Los Sauces, ya que el sistema de alcantarillado, en plena sequía, se había tornado pestilente. No tuvo éxito.

Marcos, el padre de la familia brasileña, era uno de los pocos vecinos que no tenía cocheLos malos olores no son raros en la calle Los Sauces, de apenas treinta metros y otras tantas viviendas, pero esta vez el olor no venían de las alcantarillas, sino de la parcela que Pedro había alquilado durante el verano por 400 euros. Pedro, ya jubilado, vivió más de una década en la casa pero, dicen los del pueblo, antes de verano se marchó a Galicia siguiendo a una mujer. Como el resto de vecinos, Pedro entraba con el coche directamente en su parcela y saludaba, también como todos, a través de la ventanilla. En La Arboleda solo hay casas y un colegio público. Los vecinos se conocen paseando al perro o no se conocen. Para cualquier cosa Pioz, de 2.800 habitantes, está al final de la carretera, a poco más de dos kilómetros. El supermercado, una nave industrial mal disimulada, a tres. El cine más cercano está en Alcalá de Hernares, a 16 kilómetros.

Los seguratas solo recuerdan que la familia llegó en un taxi de Madrid a finales de julio. No salían mucho. El que más lo hacía era Marcos, el padre, y sus formas llamaron la atención en la garita de seguridad desde el primer día. Algunos se fijaron en su insistencia en llevar siempre un sombrero de fieltro incluso a 38 grados de temperatura, pero todos coinciden en que su peculiaridad era que no tenía coche. Es uno de los pocos chalés que no les dio ninguna matrícula de confianza. Por las noches tienen la barrera bajada; durante el día, si algún vehículo se les cuela y no conocen la matrícula, lo siguen. El chalé 594 está a escasos treinta metros del control de entrada pero, según la versión de NCS, la empresa que proporciona seguridad a La Arboleda, los asesinos no entraron por ahí.

El interior del chalé 594 (Efe)
El interior del chalé 594 (Efe)

Varias veces en semana, Marcos se armaba de valor y bajaba hasta el supermercado, un Hiper Usera que, como todo en la zona, está en medio de la nada. Desde la puerta de la urbanización hay cincuenta minutos de caminata por el arcén y una cuesta pronunciada que, cargado con la compra y en pleno estío alcarreño, se le puede complicar a más de uno. A los niños y a la mujer solo se les escuchaba a través de los muros del chalé, donde sus voces se confundían con las de una guardería situada a pocos metros. Dentro de la casa, describieron los agentes de la Guardia Civil, no había nada. Ni comida, ni adornos ni casi muebles. Solo seis bolsas de basura con cuerpos humanos desmembrados y en descomposición.

Confusión y soledad

Ayer por la mañana, la televisión sugirió que el trabajo tenía factura profesional, probablemente de sicarios diestros con el hacha, y desató una ola de terror en La Arboleda. Los vecinos se echaron al Paseo, la avenida que vertebra el complejo, para hacer algo tan marcadamente urbano como es comentar lo mal que está el barrio. Muchos, en pleno shock, han decidido largarse. “Se nos vendió esto como La Moraleja de Alcalá de Henares, con bastante lujo a buen precio, y en realidad estamos aislados. En invierno hace un frío terrible en esta zona y pasas meses sin salir, sin ver o escuchar a nadie, solo a los de seguridad. Esto del asesinato es el colmo, estamos desamparados aquí, en mitad de la nada”, dice una señora, cincuenta años, mientras tira de su mascota toy.

Un vecino adolescente, que se ha traído a un amigo “para ver el circo de cámaras”, menea la cabeza mientras mira a sus vecinos: “Yo les conozco un poco, por la cara, pero no sé cómo se llaman o dónde o con quién viven. Aquí solo se viene a dormir, no nos conocemos. Yo he vivido en Moratalaz, en Madrid, y te prometo que prefiero esa vida a esta”, dice rodeado de naturaleza. Algunos, sobre todo los hombres, han hecho un corrillo donde analizan los puntos flacos de la seguridad: “Pueden haber entrado por la otra parte, saltando las vallas del colegio… en realidad solo la entrada principal tiene vigilancia”, le explica un propietario, gesticulando como si hubiese diseñado el complejo.

Puesto de seguridad de La Arboleda
Puesto de seguridad de La Arboleda

Los vecinos sienten cerca el horror, pero no pueden ponerle cara, porque nadie sabe qué ha sucedido en el 594 de la calle Sauce. Además, no se sienten una piña, sino un grupo de desconocidos que conviven por razones meramente geográficas. La Guardia Civil maneja la hipótesis de que la familia llegó a La Arboleda en plena huída, seguramente por un asunto de drogas, y allí les ajustaron las cuentas. Los agentes sostienen que Marcos y Yanaina conocían a sus asesinos y les abrieron la puerta, lo que explicaría que no haya signos de violencia en ninguna cerradura ni se escuchasen forcejeos en el exterior de la parcela. Desde luego, si estaban buscando escondite, La Arboleda es el lugar perfecto: chalés baratos y vigilados, rodeados de una vasta extensión de prado seco y girasoles muertos, con una sola carretera de acceso que se avista desde lejos. Sin embargo, la teoría de la huida tiene un punto negro: Sandra Marín, concejala de Educación y Cultura en Pioz, asegura que la familia acudió al ayuntamiento para empadronarse el 21 de julio, pocos días después de su llegada. Apuntarse en registros públicos es raro en el forajido.

En Pioz, el pueblo, hay más tensión que miedo. Un enjambre de periodistas y guardias civiles ha roto su oasis de paz y, para colmo, por alguien que no es del pueblo, sino de las urbanizaciones, normalmente concebidas como segunda residencia para los alcalaínos y madrileños del sur. El alcalde ha decretado dos días de luto y pocos se dejan ver en la calle, a la espera de que cese un vendaval mediático que solo conocieron, y en mucha menor medida, hace cuatro años, cuando se supo que la localidad necesitará 7.000 años para pagar una depuradora que construyeron sin necesidad. “Antes se conocía a Pioz como el pueblo con más deuda de España y ahora por un descuartizador. ¡Buena la hemos hecho!”, zanja la camarera del único bar abierto.

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