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¿Quién salva al socorrista? Contratos precarios, pagos en B y falta de formación

En el año 2015, 53 personas perdieron la vida en piscinas, donde los socorristas son jóvenes cada vez peor pagados, que en algunos casos reciben apenas tres euros a la hora

Foto: Foto: Istockphoto
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Dice la sabiduría popular que el mejor socorrista es el que no se mete en el agua. Sin embargo, el socorrista más feliz de Madrid se zambulle con gusto en la piscina. “Solo lo hago un rato y cuando no hay gente. No está prohibido”, dice con media sonrisa. Decimos que es el socorrista más feliz de Madrid porque, en una profesión precaria en que se hacen más horas de las firmadas gratis o pagadas en negro, en que no hay derecho a descansos y los ojos se resienten por el cloro y el sol, él tiene las condiciones que buscaba. Eso sí, reconoce que su contrato tampoco es ideal. No quiere dar su nombre, como casi ninguno de los socorristas entrevistados para este artículo, jóvenes entre los 19 y los 23 años que tienen miedo a quedarse sin trabajo a estas alturas del verano, cuando muchos necesitan ese dinero para pagarse la universidad. Así que vamos a llamarle Juan para respetar su anonimato. 

Juan es feliz, pero trabaja sin descansos desde junio por 1.400 euros al mes. “Yo lo elegí así, porque no soy de Madrid y necesitaba el dinero para mantenerme aquí”, explica. Él no para porque no quiere, compañeros de su gremio no paran porque no les dejan. “A mi jefe le pregunté un día si podía cogerme algún día libre, le dije que le facilitaba yo un socorrista titulado para que me sustituyese. Me contestó que le tendrían que dar de alta y que era mucho papeleo, así que mejor que no”, relata otro socorrista. Como todos, hace más horas de las que le tocan (firmó 40 pero trabaja 70 a la semana), y le ha tocado hasta vender las entradas de la piscina en más de una ocasión.

“Conozco esas historias. En mi primer trabajo, me tenía que buscar yo a alguien que ocupase mi puesto para poder descansar. No me gustó y me busqué algo mejor”, comenta Juan. Dos jóvenes que trabajan en el sur de Madrid coinciden con él: “Hemos cogido el primer trabajo que nos ha salido y yo quiero que me paguen todas las horas que trabajamos y poder cotizarlas. No cobramos por horas, cobramos lo que les da la gana”.

Ejemplo de ello es Rocío, una socorrista con seis años de experiencia que dio, sin éxito, un golpe encima de la mesa. “Empecé cobrando la mitad del sueldo en B y sin cotizar la mayoría de las horas. Me cansé y pedí que todas mis horas constaran para la Seguridad Social. Entonces me bajaron el sueldo una barbaridad sin avisar”, denuncia.

Salvando al socorrista

Estos casos, y otros tantos similares, son los que quieren visibilizar desde la web Convenio Socorrista, además de asesorar a los socorristas que tengan problemas con las empresas, ofreciendo información y servicios legales. Pero han decidido dar el paso en vista de que los juzgados no son suficientes para reivindicar sus derechos, por eso en unos días se van a conformar como sindicato. “Hacemos más horas de las que deberíamos, sin descansos, no nos pagan según el convenio, parte es en negro y nos exigen actividades que van más allá de lo que dice el contrato”, resume Alberto Morant, portavoz de la plataforma. Llevan 50 casos, con 200.000 euros reclamados en total. 

Según el convenio que regula la actividad en Madrid, se estipula la jornada laboral en 35 horas a 9,12 euros la hora. Sin embargo, según la plataforma de socorristas, esto prácticamente nunca se cumple: “Ganan entre cuatro y seis euros la hora, algunos casos incluso tres euros”, denuncia Morant, que el año pasado visitó cerca de 1.000 piscinas para conocer las condiciones. Además, no es costumbre pagar por las horas extra: “Hay que venir una hora antes todos los días para limpiar la piscina antes de abrirla, sin cobrar”, explica Luis, un socorrista que se esconde tras la cuenta @SocorristasExplota2, donde cuenta cada día las condiciones a las que se enfrenta alguien de su profesión. 

Detrás de los tuits, hay un estudiante que dedica los veranos a sacar dinero para pagarse la universidad el resto del año. Así lleva cinco años, aunque cree que este será el último debido a las condiciones y abusos: “Antes se pagaba muy bien, pero ya no, incluso algunas empresas pagan en negro más de la mitad del sueldo. Además, nos mandan hacer muchísimas más cosas de las que tenemos que hacer por contrato, y sin remuneración, como tareas de mantenimiento, control y limpieza de la piscina, control de entradas e invitaciones, colocar sombrillas y hamacas…También nos hacen hacer horas extra fuera de contrato sin pagarnos, para, por ejemplo, limpiar la piscina”.

Formación deficiente

Según la plataforma de socorristas, otro motivo por el que han bajado las condiciones laborales es que se ha incrementado el número de socorristas en los últimos años, debido a la facilidad de superar el curso necesario para su acreditación: “La formación es muy mala, y no hay ningún control de que efectivamente se realice”, explica Morant, que defiende una formación unificada en todas las comunidades. De hecho, los propios trabajadores lamentan que “ahora mismo, tener el título es pagar y ya está”.  Por cierto, el año pasado se ahogaron en piscinas 53 personas. El último recuento de 2016 se efectuó el 31 de julio, con 17 muertos, según la federación.

Desde el año 2006, cualquier empresa acreditada por la Comunidad de Madrid puede impartir cursos de socorrismo después de presentar una determinada documentación, incluso de manera telemática. Antes de esa fecha, solo la Federación Madrileña de Salvamento y Socorrismo y la Cruz Roja tenían esa competencia. El resultado es que en la actualidad 32 empresas privadas están registradas para realizar esta función y no existe ninguna uniformidad entre sus cursos. Cuestiones como el precio o las horas impartidas varían en más del doble entre unas y otras, así como el número de pruebas para conseguir el título. En Aesnas, por ejemplo, existe la posibilidad de hacer el curso de manera semipresencial para alumnos de fuera de Madrid y estudiar la teoría en casa con un manual antes de presentarse a las pruebas necesarias para obtener el título: “Si hay alumnos que llevan tiempo sin nadar, les decimos que vayan a una piscina por su cuenta a practicar y cronometrarse para prepararse las pruebas”, explican desde la secretaría de esta escuela.

“Nadie comprueba las condiciones con las que se imparten los cursos, y nos encontramos con socorristas que no saben nadar”

El motivo para delegar esta formación en empresas privadas fueron las presiones que ejercieron para abrir el mercado. “Hay más posibilidades para los alumnos, pero ha bajado la calidad de la formación, a las empresas les importa el dinero y además no hay inspecciones para controlar que lo hagan bien”, denuncia Carlos Porro, administrativo de escuelas de la Federación de Socorrismo española y madrileña. Además, son estas mismas empresas las encargadas de acreditar si un alumno es apto para ejercer de socorrista y darle de alta en el registro profesional de la Comunidad.

“Nadie comprueba las condiciones con las que se imparten los cursos, y nos encontramos con socorristas que no saben nadar”, explica Alejandro Reyeros, presidente de la Asociación Madrileña de Salvamento y Socorrismo Profesional (Araspe), que también imparte cursos de socorrismo. Él dejó la federación para dar cursos más profesionales de los que se impartían allí y ahora son una excepción. “Muchos han bajado el número de horas para ajustar los precios con la excusa de la crisis, y cuando lo denunciamos ante la Comunidad, nos dicen que nos tenemos que 'adaptar”, explica. Ellos se niegan a bajar sus estándares, pero les está pasando factura: “Nos estamos arruinando”, explica.

En Galicia y Cataluña hace falta acreditar 360 horas de formación para obtener el título de socorrista, en Baleares o Canarias basta con 20

Desde la Federación Madrileña y la nacional, alertan también sobre la disparidad que existe en la formación según las comunidades autónomas. Mientras en Galicia y Cataluña hace falta acreditar 360 horas de formación para obtener el título, en Baleares o Canarias basta con 20. Por ley, en todas las comunidades debería exigirse el mínimo de 360 desde el año 2015, aunque no hay plazo para implementarlo. Hasta entonces, tampoco los títulos sacados en una comunidad sirven para ejercer en otra. 

Así las cosas, muchos recurren a la Cruz Roja como mejor escuela para aprender a salvar vidas, aunque alguno reconoce que “como mucho, he salvado a niños poniéndoles una tirita por un rasponazo”. Y es que el mejor socorrista es el que no se mete en el agua. Salvo Juan, al que dejamos en el agua en el primer párrafo. A estas alturas, ya está sentado en su silla de plástico blanco mirando atentamente a los bañistas.

 
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