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El debate sobre la Memoria Histórica también afecta a Sudáfrica
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El debate sobre la Memoria Histórica también afecta a Sudáfrica

¿Se debe desenterrar el pasado? Eso es lo que Sudáfrica debate tras el conocido como caso Mc Bride. El periódico The Citizen publicó en 2003, tras

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El debate sobre la Memoria Histórica también afecta a Sudáfrica

¿Se debe desenterrar el pasado? Eso es lo que Sudáfrica debate tras el conocido como caso Mc Bride. El periódico The Citizen publicó en 2003, tras el nombramiento de Robert Mc Bride como jefe de la Policía de la ciudad de Ekurhuleni, un artículo en el que se le llamaba “asesino y traficante de armas”. Recordaba el rotativo que, el ahora mandamás del orden, colocó una bomba en 1986 en un bar de Durban que mató a tres mujeres e hirió a otras 69 personas. Mc Bride fue un terrorista que luchó contra el régimen del apartheid, según la Justicia, y un activista que luchó por la libertad de los suyos, según la mayor parte de la población negra.

  

El Jefe de la Policía, ante la noticia publicada por The Citizen, interpuso una demanda por difamación, alegando que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) creada para cerrar el convulso capítulo del apartheid y dirigida por el arzobispo y Nobel de la Paz, Desmond Tutu, le había amnistiado. Ahora, el caso, ha llegado al Tribunal Constitucional, que tendrá que decidir si se puede recordar el oscuro pasado de este país o se debe mantener aquel mandato moral del ex presidente Nelson Mandela, que pidió que se mirara para adelante y se olvidara lo ocurrido. El Supremo ya falló a favor de Mc Bride, al recordar que la decisión de la CVR implica que todos los actos cometidos entonces y perdonados son “considerados falsos y motivo de demanda por difamación”.

Sin embargo, la noticia ha desatado una doble polémica, ya que abogados y activistas negros se han personado en la causa Mc Bride. Las numerosas víctimas del apartheid recuerdan que ellos sufrieron durante años asesinatos y torturas que, tras la intervención de la Comisión, fueron silenciados, y exigen ahora que no se les calle la boca (la sentencia del Constitucional sentaría un precedente legal).

De hecho, los hijos de Mxenge Griffiths se han personado en el caso pidiendo también poder llamar asesinos a los agentes que mataron a su padre (también amnistiados). El entonces abogado de Durban y activista por los derechos humanos fue secuestrado por tres agentes y asesinado en 1981. La CVR amnistió a los tres policías. La misma decisión ha tomado la hermana de Mbizana, que fue secuestrado, torturado y asesinado  en 1987 por miembros de la Policía de la provincia de Norte-Transvaal. Ambos exigen poder hablar “con libertad” sobre los “asesinos” de sus seres queridos.

Si el Tribunal Constitucional falla a favor de Mc Bride sentará un precedente que puede afectar a miles de personas en una Sudáfrica que ve como se reabren ciertas heridas. El conflicto racial sigue latente en una sociedad que mira diferentes espejos. “Mister Mandela nos pidió que miráramos adelante y así lo hemos hecho”, es una frase que repite casi toda la población negra, que también remarca “perdonamos, pero no olvidamos”. Algunos blancos, por su parte, se atreven incluso a criticar al mismo Mandela: “Fue un terrorista que no ha pedido perdón por sus crímenes”, dicen. “La misma ONU lo calificó de terrorista en 1960”. El debate de los extremos, como siempre, es contemplado en silencio por la mayoría de una población que intenta pasar página.

¿Se debe desenterrar el pasado? Eso es lo que Sudáfrica debate tras el conocido como caso Mc Bride. El periódico The Citizen publicó en 2003, tras el nombramiento de Robert Mc Bride como jefe de la Policía de la ciudad de Ekurhuleni, un artículo en el que se le llamaba “asesino y traficante de armas”. Recordaba el rotativo que, el ahora mandamás del orden, colocó una bomba en 1986 en un bar de Durban que mató a tres mujeres e hirió a otras 69 personas. Mc Bride fue un terrorista que luchó contra el régimen del apartheid, según la Justicia, y un activista que luchó por la libertad de los suyos, según la mayor parte de la población negra.

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